18/4/14

Controlando nuestras emociones – Envidia









          Los celos y la envidia son emociones que sentimos de vez en cuando, pero si permitimos que se vuelvan dominantes en nuestra vida, envuelven nuestra perspectiva, nos alejan de alcanzar nuestro potencial personal y nos conducen a un comportamiento destructivo. Basta decir, que vivir dominada por estas emociones  impide nuestro crecimiento hacia la madurez espiritual.

          Aunque solemos intercambiar las palabras “celos” y “envidia” hay una ligera diferencia entre ellos. “Celos” puede utilizarse de forma positiva. Viene del término griego “zelos” e implica el cuidado excesivo por algo, como en el caso de David y el templo:

Juan 2:17

“Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito:  El celo de tu casa me consume.”


          También se aplica a Dios, e implica que El demanda nuestra alabanza y adoración de forma exclusiva (en contraposición de los ídolos):

Éxodo 34:14

“Porque no te has de inclinar a ningún otro dios,  pues Jehová,  cuyo nombre es Celoso,  Dios celoso es.”

          En el mal sentido, los celos reflejan el miedo de ser desplazado por un rival en afecto o favor. Estar celoso es estar ansiosamente sospechoso o vigilante. Corrompe nuestra motivación para hacer las cosas y nuestros pensamientos. Generalmente, el objeto de los celos suele no saber lo que la otra persona siente, por lo que se siente rechazada, pero no sabe por qué ni sabe cómo resolver el conflicto.

Hechos 13:45

“Pero viendo los judíos la muchedumbre,  se llenaron de celos,  y rebatían lo que Pablo decía,  contradiciendo y blasfemando.”

Proverbios 6:34

Porque los celos son el furor del hombre, Y no perdonará en el día de la venganza.”

          La envidia, por otra parte, siempre tiene connotaciones negativas y se refiere como “el sentimiento de descontento y resentimiento provocado por las posesiones o cualidades de otra persona, acompañado por un gran deseo de poseerlas para uno mismo”.

Proverbios 14:30

El corazón apacible es vida de la carne; Mas la envidia es carcoma de los huesos.”

          La Biblia está llena de ejemplos de personas que dieron rienda suelta a sus celos y envidia:

          Caín mató a Abel por envidia (Génesis 4:3-8)

          Sara hizo huir a Agar por envidia y, más tarde, conseguiría echarla junto a Ismael del campamento de Abraham (Génesis 16:4-6)

          Saúl intentó matar a David por envidia (1 Samuel 18:8-11)

          El hermano del hijo pródigo se enojó con su padre por envidia (Lucas 15:25-30)

          Los celos y la envidia son enumerados como parte de las obras de la carne, como parte de nuestra vieja naturaleza pecaminosa (Gálatas 5:20; 1 Corintios 3:3; Romanos 13:13; Tito 3:3). Cuando somos salvas por medio de la fe en Cristo y el Espíritu Santo mora en nosotras, todos esos sentimientos deben desaparecer para que cada día podamos ser moldeadas y que nuestro carácter sea cada vez más parecido al carácter de Cristo.

          En caso de que no seas consciente de que estás albergando celos y envidia contra otra persona, hazte estas preguntas (y sé sincera en tus respuestas). Pídele a Dios que te ayude a discernir si estás siendo dominada por la envidia:

¿Examinas a los demás con un ojo siempre crítico?
¿Tienes sentimientos de inferioridad?
¿Te quejas frecuentemente porque estás siendo tratada de forma injusta?
¿Tienes un deseo insaciable de éxito en cada pequeño aspecto de tu vida?
¿Necesitas reconocimiento constante por tus logros?
¿Se te hace difícil elogiar a otras personas?
¿Llevas un registro de rus logros y de los logros de otras personas?
¿Estás dispuesta a hacer correr rumores negativos sobre una persona exitosa o a la que le van bien las cosas?
¿Te pones una máscara para parecer más impresionante ante los demás?
¿Basas tu autoestima en tu desempeño?

          Si has respondido “sí” a alguna de estas preguntas, quizás estés batallando con la envidia, aunque no hayas sabido reconocerlo antes.

          La envidia tiene varias causas:

          Estar demasiado preocupada por hacer cumplir tus derechos

          A veces damos prioridad a nuestros derechos por encima de nuestras responsabilidades. Exigimos y exigimos que se nos haga “justicia” aun a costa de la justicia de los demás y olvidamos que nuestros derechos terminan donde comienzan los de la persona que tenemos al lado.
          Culpamos a otros (nuestros padres, el gobierno, la falta de recursos, experiencias traumáticas…) de nuestros problemas en lugar de tomar responsabilidad o acciones que nos lleven a salir de ellos y vivimos constantemente agraviadas.
          Este es exactamente el comportamiento contrario a Jesús. Filipenses 2:1-11 nos da un ejemplo perfecto de “cesión de derechos”. Jesús era el Hijo de Dios, pero, aun así, no se aferró a exigir sus derechos ni lo que era justo para Él, sino que “se despojó a sí mismo, tomó forma de hombre y se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte”.


          Tomar el éxito de otros en forma de agravio personal

          Supón que alguien que conoces es muy bueno haciendo algo para lo que tú no tienes mucho talento. En esa situación, puedes reconocer el valor de esa persona y alegrarte por ella o vivir resentida porque tú no eres capaz de hacer lo que la otra persona hace de maravilla o porque te cuesta horrores hacer lo que para la otra persona no supone ningún esfuerzo.

Hechos 14:12

“Y a Bernabé llamaban Júpiter,  y a Pablo,  Mercurio,  porque éste era el que llevaba la palabra.”

          ¿Qué crees que hubiera pasado si Bernabé hubiera sentido celos del protagonismo de Pablo? ¿Crees que tantas personas hubieran conocido al Dios vivo si Bernabé se hubiera sentido agraviado por el éxito personal de Pablo o por ser visto como su acompañante?


          Deseos no realistas

          La envidia comienza con el deseo. Todas queremos cosas que quizás no podemos tener: dinero en abundancia, un matrimonio exitoso hijos con buen comportamiento, mejor apariencia, una casa más grande, un trabajo mejor… no hay nada de malo con desear cosas siempre que nos mantengamos en la realidad y que tengamos claro que, no obtenerlos, no resta valor a nuestra vida. Sin embargo, cuando estas cosas se convierten en “esenciales” vemos con envidia a todo aquel que tiene aquello que nosotras deseamos.


          Búsqueda de reconocimiento

          No hay nada malo con querer que reconozcan nuestros méritos o que nos feliciten por un trabajo bien hecho. Pero, en ocasiones, ese deseo puede convertirse en competitividad mal canalizada que tiene la envidia como raíz.


          Incapacidad de alegrarse por los logros de otros

          Es difícil para la persona envidiosa compartir el gozo y los logros de otros, especialmente cuando esos otros están consiguiendo las cosas que el envidioso más anhela.

 

 

¿Cómo mantenemos la envidia y los celos bajo control?

 

          ¿Tienes sentimientos de envidia? Reconócelos. Sé honesta contigo misma, pídele al Espíritu Santo que te revele cualquier aspecto de tu carácter que esté siendo controlado por los celos. Confiesa esos sentimientos como lo que son: pecado y acepta el perdón de Dios.

 

          Escoge librarte de la envidia

 

          Gálatas 5:26 dice que la envidia nos impide vivir una vida controlada por el Espíritu Santo y nos impide, por tanto, crecer espiritualmente. Haz la decisión de vivir sin codiciar nada que otros tengan y pide a Dios que te fortalezca en esta decisión.

          Da gracias por lo que tienes

          Echa un vistazo a tu alrededor y comienza a agradecer a Dios por ti, por quién eres, por cómo eres, por tu familia, por tus amigos, tu trabajo, tu casa, tu carro, tu computadora… ¡la lista de cosas que Dios te ha dado y te da cada día es interminable! Fíjate en los pequeños detalles, en las cosas materiales y en las intangibles, las que no puedes ver o tocar pero que, definitivamente, puedes sentir: la sonrisa de tu hijo, la lluvia en un día caluroso, una noche de descanso… Tan sólo fíjate en todas las bendiciones con las que Dios te rodea y comienza a fijarte en lo que tienes, no en lo que te falta y vive una vida basada en el contentamiento

1Timoteo 6:8

“Así que,  teniendo sustento y abrigo,  estemos contentos con esto.”

          Comienza a dar a otros

Hechos 20:35

En todo os he enseñado que,  trabajando así,  se debe ayudar a los necesitados,  y recordar las palabras del Señor Jesús,  que dijo:  Más bienaventurado es dar que recibir.”

          La envidia está enraizada en el egoísmo y sólo se preocupa de satisfacer los anhelos de la persona que tiene esos sentimientos. Al compartir nuestras posesiones materiales, alabar los éxitos de otros y animar a otras personas a conseguir sus metas, quitamos el foco de nosotras mismas y lo colocamos en los demás. Y es ahí cuando comenzamos a experimentar el gozo de dar: de dar nuestro tiempo, nuestro aliento, nuestras posesiones a otras personas, cambiando nuestros patrones egoístas y renovando nuestra forma de pensar y de ver el mundo a nuestro alrededor.

          Mantén los logros terrenales bajo la perspectiva de lo eterno.

1Timoteo 6:7

“porque nada hemos traído a este mundo,  y sin duda nada podremos sacar.”

          El día que te mueras no podrás llevarte nada material, todo quedará atrás: la cuenta bancaria, la casa grande, las ropas lindas, los 65 pares de zapatos… nada podrá ir contigo a la eternidad. Vive de forma que tu mayor impacto esté en las personas, no en las cosas. Céntrate en objetivos eternos, en hacer lo que Dios demanda de ti, sin importar lo que demanda de los demás.


Aplicación

          ¿Tienes problemas de celos? ¿Hay alguien a quien envidies? ¿Por qué? ¿Qué te hace tener esos sentimientos hacia esa persona? Ora y pídele a Dios que te libre de los celos. Ora para que te muestre tus puntos fuertes y aquellas cosas que haces bien. Comienza a verte a ti misma con otros ojos.

          Si has roto la relación con alguna persona por causa de los celos, confiesa tus sentimientos a Dios y haz lo que sea necesario para restaurar esa relación.


Oración

          Padre ayúdanos a mantenernos lejos de los celos y a dar gracias y contentarnos con aquello que tenemos. Seguimos clamando tus promesas de libertad con respecto a esto. Gracias por el perdón y la fortaleza que tenemos en Cristo. Amén.


En la semana –

          Memoriza: Proverbios 14:30
          Lee la historia de José y sus hermanos en Génesis 37 y analiza el papel y la motivación de cada uno de ellos. ¿Qué provocó la ira de los hermanos de José? ¿Cuál fue el resultado de esa ira? ¿De qué forma se restauró la relación entre José y sus hermanos (Génesis 45:1-8; 50:15-21)? ¿Qué principios sobre la envidia y los celos puedes ver en estos pasajes? ¿Qué enseñanza puedes sacar par ti misma?



          Los celos y la envidia pueden ser altamente destructivos. Pero podemos tenernos bajo control si vivimos con una actitud de gratitud y contentamiento, buscando dar gracias a Dios por lo grande y por los detalles en nuestra vida. Fijémonos en Jesús y en Su ejemplo, en el Hijo de Dios que, teniendo todos los derechos, escogió vivir sin tener dónde recostar la cabeza (Lucas 9:58).


Contenta en Su servicio,

Edurne


          Artículos anteriores:
          Introducción
          Inferioridad
          Miedo
          Ira
                   Culpa 





16/4/14

Maravillosa Gracia







Job 19:25

Yo sé que mi Redentor vive,
Y al fin se levantará sobre el polvo;”


Isaías 25:8

“Destruirá a la muerte para siempre;  y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros;  y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra;  porque Jehová lo ha dicho.”


Juan 10:17-18

Por eso me ama el Padre,  porque yo pongo mi vida,  para volverla a tomar. Nadie me la quita,  sino que yo de mí mismo la pongo.  Tengo poder para ponerla,  y tengo poder para volverla a tomar.  Este mandamiento recibí de mi Padre. ”


Marcos 9:9

“Y descendiendo ellos del monte,  les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto,  sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos.”


Juan 11:25-26

“ Le dijo Jesús:  Yo soy la resurrección y la vida;  el que cree en mí,  aunque esté muerto,  vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí,  no morirá eternamente.  ¿Crees esto? ”




Mateo 20:18-19

“He aquí subimos a Jerusalén,  y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas,  y le condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan,  le azoten,  y le crucifiquen;  mas al tercer día resucitará.”


Isaías 53:5

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones,  molido por nuestros pecados;  el castigo de nuestra paz fue sobre él,  y por su llaga fuimos nosotros curados.”


Lucas 23:26-43

“Y llevándole,  tomaron a cierto Simón de Cirene,  que venía del campo,  y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. Y le seguía gran multitud del pueblo,  y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. Pero Jesús,  vuelto hacia ellas,  les dijo:  Hijas de Jerusalén,  no lloréis por mí,  sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque he aquí vendrán días en que dirán:  Bienaventuradas las estériles,  y los vientres que no concibieron,  y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán a decir a los montes:  Caed sobre nosotros;  y a los collados:  Cubridnos. Porque si en el árbol verde hacen estas cosas,  ¿en el seco,  qué no se hará? Llevaban también con él a otros dos,  que eran malhechores,  para ser muertos. Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera,  le crucificaron allí,  y a los malhechores,  uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía:  Padre,  perdónalos,  porque no saben lo que hacen.  Y repartieron entre sí sus vestidos,  echando suertes. Y el pueblo estaba mirando;  y aun los gobernantes se burlaban de él,  diciendo:  A otros salvó;  sálvese a sí mismo,  si éste es el Cristo,  el escogido de Dios.  Los soldados también le escarnecían,  acercándose y presentándole vinagre, y diciendo:  Si tú eres el Rey de los judíos,  sálvate a ti mismo. Había también sobre él un título escrito con letras griegas,  latinas y hebreas:  ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba,  diciendo:  Si tú eres el Cristo,  sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro,  le reprendió,  diciendo:  ¿Ni aun temes tú a Dios,  estando en la misma condenación? Nosotros,  a la verdad,  justamente padecemos,  porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos;  mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús:  Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo:  De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”


Mateo 27:50-53

“Mas Jesús,  habiendo otra vez clamado a gran voz,  entregó el espíritu. Y he aquí,  el velo del templo se rasgó en dos,  de arriba abajo;  y la tierra tembló,  y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros,  y muchos cuerpos de santos que habían dormido,  se levantaron;  y saliendo de los sepulcros,  después de la resurrección de él,  vinieron a la santa ciudad,  y aparecieron a muchos. ”


1 Corintios 15:3-5

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí:  Que Cristo murió por nuestros pecados,  conforme a las Escrituras; y que fue sepultado,  y que resucitó al tercer día,  conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas,  y después a los doce.”


Marcos 16:1-8

“Cuando pasó el día de reposo,  María Magdalena,  María la madre de Jacobo,  y Salomé,  compraron especias aromáticas para ir a ungirle. Y muy de mañana,  el primer día de la semana,  vinieron al sepulcro,  ya salido el sol. Pero decían entre sí:  ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron,  vieron removida la piedra,  que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro,  vieron a un joven sentado al lado derecho,  cubierto de una larga ropa blanca;  y se espantaron. Mas él les dijo:  No os asustéis;  buscáis a Jesús nazareno,  el que fue crucificado;  ha resucitado,  no está aquí;  mirad el lugar en donde le pusieron. Pero id,  decid a sus discípulos,  y a Pedro,  que él va delante de vosotros a Galilea;  allí le veréis,  como os dijo. Y ellas se fueron huyendo del sepulcro,  porque les había tomado temblor y espanto;  ni decían nada a nadie,  porque tenían miedo. ”


Lucas 24: 1-12

“El primer día de la semana,  muy de mañana,  vinieron al sepulcro,  trayendo las especias aromáticas que habían preparado,  y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando,  no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto,  he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor,  y bajaron el rostro a tierra,  les dijeron:  ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí,  sino que ha resucitado.  Acordaos de lo que os habló,  cuando aún estaba en Galilea, diciendo:  Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores,  y que sea crucificado,  y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo del sepulcro,  dieron nuevas de todas estas cosas a los once,  y a todos los demás. Eran María Magdalena,  y Juana,  y María madre de Jacobo,  y las demás con ellas,  quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas,  y no las creían. Pero levantándose Pedro,  corrió al sepulcro;  y cuando miró dentro,  vio los lienzos solos,  y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido. ”




Filipenses 3:10-12

“a fin de conocerle,  y el poder de su resurrección,  y la participación de sus padecimientos,  llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. No que lo haya alcanzado ya,  ni que ya sea perfecto;  sino que prosigo,  por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. ”


1 Pedro 1:3

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,  que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva,  por la resurrección de Jesucristo de los muertos”


Romanos 6:4

“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo,  a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre,  así también nosotros andemos en vida nueva”


1 Corintios 6:14

“Y Dios,  que levantó al Señor,  también a nosotros nos levantará con su poder.”


Romanos 8:34

“¿Quién es el que condenará?  Cristo es el que murió;  más aun,  el que también resucitó,  el que además está a la diestra de Dios,  el que también intercede por nosotros.”


Romanos 1:4-5

“que fue declarado Hijo de Dios con poder,  según el Espíritu de santidad,  por la resurrección de entre los muertos, y por quien recibimos la gracia y el apostolado,  para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre; ”


Romanos 6:8-11

“Y si morimos con Cristo,  creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo,  habiendo resucitado de los muertos,  ya no muere;  la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió,  al pecado murió una vez por todas;  mas en cuanto vive,  para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado,  pero vivos para Dios en Cristo Jesús,  Señor nuestro. ”


Romanos 10:9

“que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor,  y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos,  serás salvo. ”


1 Pedro 1:21

“y mediante el cual creéis en Dios,  quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria,  para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.”


1 Corintios 15:17

“y si Cristo no resucitó,  vuestra fe es vana;  aún estáis en vuestros pecados.”


Hechos 13:34-35

“Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción,  lo dijo así:  Os daré las misericordias fieles de David. Por eso dice también en otro salmo:  No permitirás que tu Santo vea corrupción.”


1 Juan 2:25

“Y esta es la promesa que él nos hizo,  la vida eterna.”