Vagancia espiritual

15/5/17






Estoy segura de que todas hemos leído muchas veces versículos como este:


Proverbios 13:4

“El alma del perezoso desea, y nada alcanza; Mas el alma de los diligentes será prosperada.”


Y lo hemos aplicado muchas veces, lógicamente, al trabajo físico, contraponiendo la pereza a la diligencia, la vagancia al esfuerzo.

Pero creo que también lo podemos aplicar a nuestra vida espiritual.

¿Te has dado cuenta de lo extremadamente fácil que es convertirnos en vagas espirituales? En el momento en el que nuestras agendas se aprietan, dejamos de leer la Biblia, de orar, de servir en ministerio, de asistir a la iglesia. Dejamos que se enfríe nuestra relación con Dios. Comenzamos a retroceder en nuestro caminar espiritual y a vivir la vida a nuestra manera.

El problema es que nos acostumbramos a esto y, por eso, podemos aplicar a nuestra vida espiritual todos los versículos sobre la pereza que encontramos en la Escritura (te animo a buscarlos y a leerlos en clave espiritual).

Nos volvemos vagas espirituales cuando nos enfocamos más en lo que podemos “sacar” de nuestra relación con Dios más que en lo que podemos “dar” a Dios. Por eso cuando las cosas nos van bien y la vida nos sonríe nos es fácil dejarnos ir y hacernos más vagas espiritualmente hablando.

Cuando queremos tener resultados físicos, perder peso, ponernos en forma o entrenar para una maratón, sabemos que tenemos que esforzarnos y trabajar duro.

Cuando queremos tener resultados intelectuales, sacar una carrera, aprender un idioma, obtener una titulación en un área que desconocemos o adquirir conocimiento, sabemos que tenemos que hincar codos y dedicarnos al estudio.

Sin embargo, cuando queremos tener resultados espirituales, tener una relación vibrante con Dios, conocer Su voluntad, vivir en obediencia a la Palabra de Dios, tener valores, disfrutar de una comunidad de creyentes, servir en un ministerio efectivo… el esfuerzo desaparece y pensamos que solo con las intenciones tenemos suficiente, porque Dios hará el resto.

Y no es así. Dios hará Su parte cuando tú hagas la tuya, no antes.


Filipenses 2:12

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”


De la misma manera que entrenamos nuestros cuerpos y nuestras mentes y nos esforzamos para conseguir las metas y los objetivos que nos fijamos, tenemos que entrenar también y bregar para que nuestra vida espiritual sea plena, vibrante y significativa.


1 Timoteo 4:7-8

Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.”


¿Sientes que estás un poco vaga en tu relación con Dios? ¿Tu vida se está complicando con nuevas responsabilidades, horarios más apretados y distracciones? Esfuérzate, no te dejes ir. Pon el despertador 15 minutos antes cada mañana para tener un tiempo a solas con Dios, anota durante el día cosas por las que puedes dar gracias o por las que necesitas orar y ten un tiempo de oración antes de acostarte. Lee un libro de la Biblia o profundiza en uno que no conoces mucho. Anota un versículo y llévalo contigo durante una semana para que lo memorices.

Y no tengas temor ni vergüenza en pedir ayuda. Únete a un grupo de estudio en tu iglesia o en línea, pide a otras personas que oren por ti para que puedas enfocarte en tu crecimiento espiritual, busca una mentora espiritual o, al contrario, una discípula. De cualquier manera, no te detengas.

Contenta en Su servicio,

Edurne



Adoctrinar Vs. Discipular

10/5/17



Hace un par de años tuve la oportunidad de conocer a Sally Clarkson durante un viaje a Dallas con el equipo de Love God GreatlyAma a Dios Grandemente. Para mí fue impactante conocerla porque había leído algunos de sus libros sobre la maternidad y me encanta la forma en la que ella ve nuestro papel como madres.

He estado escuchando algunos podcast de Sally estos días que me han desafiado en mi visión sobre la maternidad. Mis hijos están creciendo, esta semana Nahaira cumplió 8 años y Yennixon 10 y siento que lo que hasta ahora funcionaba, ya no lo hace tanto y que es hora de plantear nuevas estrategias.

Hoy quiero compartirte algunas de mis notas sobre los mensajes de Sally y algunas ideas e inquietudes a partir de esas notas.

La idea general que he sacado de lo que Sally dice es que Dios creó a los padres para guiar a sus hijos de manera que estos se conviertan en los líderes de su generación.

Qué desafío, ¿no?

Criar a nuestros hijos para que sean los futuros líderes de nuestra sociedad, de nuestras iglesias, de nuestros ministerios, aquellos que lleven la batuta y marquen el estándar de lo que significa vivir una vida piadosa de acuerdo a los principios de Dios.

Y la única manera en la que podemos hacer eso es haciendo de nuestros hijos nuestros discípulos, modelando a Cristo, al líder siervo, en nuestros hogares. Como madres, somos llamadas a modelar la vida de Jesús, Su manera de hacer las cosas, Su amor, Su misericordia, Su manera de guiar a los discípulos, para poder llegar al corazón de nuestros hijos.

Los padres cometemos muchas veces el error de adoctrinar a nuestros hijos en lugar de discipularlos.

El adoctrinamiento es decirles a los niños “tienes que creer en esto porque yo lo digo”.  No trae convicción, únicamente presenta reglas sin amor, y es, únicamente, algo de palabra, no de hechos.

Lo contrario del adoctrinamiento es el discipulado, es vivir a Cristo en nuestros hogares, es experimentar el amor y la gracia del líder siervo a través de las mejores comidas, las mejores conversaciones, las más altas cualidades de carácter. Si nosotras no caminamos con Dios ni somos transformadas por Él cada día, entonces nuestros hijos no lo serán tampoco, sin importar cuántos versículos les enseñemos o cuantas normas les hagamos seguir.

Sally habla de dos clases de padres:


1. Los padres contrarios – Aquellos que están siempre buscando cómo corregir cada cosa que sus hijos hacen mal y sacar a la luz cada error y cada fallo. Es una relación que depende del miedo y no permite llegar al corazón del niño. Los hijos empiezan a pensar “Si no voy a agradar a mis padres de ninguna manera, ¿para qué intentarlo siquiera?”




2. Los padres partidarios – Aquellos que pasan tiempo con sus hijos, aman, sirven, instruyen y corrigen en amor modelando la persona de Cristo y Su manera de guiar a los discípulos. De esta manera, nuestros hijos se familiarizarán con vivir a Cristo y con vivir la Palabra de Dios, no solo con aprenderla o memorizarla. Cosas que, por sí solas, no producen cambio en lo profundo del corazón. Solo cuando aplicamos lo aprendido, cuando vivimos lo memorizado, el corazón es transformado y nuestra vida cambiada.


Que nuestro ejemplo para criar a nuestros hijos sea Cristo.

Que nuestra guía para criar a nuestros hijos sea la Palabra de Dios.


Proverbios 4:10-13; 18


Oye, hijo mío, y recibe mis razones,
Y se te multiplicarán años de vida.
Por el camino de la sabiduría te he encaminado,
Y por veredas derechas te he hecho andar.
Cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos,
Y si corrieres, no tropezarás.
Retén el consejo, no lo dejes;
Guárdalo, porque eso es tu vida.
Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,
Que va en aumento hasta que el día es perfecto.


Busquemos maneras para criar a nuestros hijos con principios bíblicos, con valores, con amor y con ganas de dejar una huella en medio de su generación y servir como luminares que extiendan el libro de Dios.

Contenta en Su servicio,


Edurne


Nuevas fuerzas

8/5/17






¿Alguna vez has tenido días en los que necesitas desesperadamente llenarte con la Palabra de Dios pero tu mente está tan cansada que no tiene fuerzas para sumergirte en nada nuevo ni profundo?

Yo sí.

En esos días recurro a versículos conocidos, pasajes familiares que conozco prácticamente de memoria y que me dan la fortaleza necesaria para seguir adelante.

Este es uno de estos. Es mi pasaje para hoy.


¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.
El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen;
pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Isaías 40:28-31

Las preguntas retóricas con las que comienza el pasaje me hacen pensar en Dios diciéndome “ok Edurne, ¿es que no te has enterado aún?”.

Y no, parece como que no me termino de enterar de lo que Dios hace por mí.

Él no desfallece.
Él no se fatiga.

Y, más aún…

Él da esfuerzo al cansado.
Él multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Él da nuevas fuerzas al que espera a Jehová.


¡Ah Señor cómo lo necesito hoy! Gracias por renovar mis fuerzas una vez más.


Dios es eterno. Él no se cansa ni se fatiga. Y, lo más importante…

…Él no se cansa de mí.

No se cansa de mis quejas, ni de mis lloros, ni de mis súplicas. No se cansa de escuchar mis oraciones, de atender mi larga lista de peticiones y no se cansa de responder. No se cansa de mis inconsistencias, ni de mi falta de fe.

Nosotras, ciertamente, sí nos cansamos. La rutina diaria, las decepciones, los dolores del corazón, las luchas, las pérdidas, las peleas… nos fatigan.

Pero Dios renueva nuestras fuerzas.

Dios hace que podamos abrir nuestras alas y volar hacia el cielo infinito, sobreponiéndonos a todo lo que nos derrota y nos afana cada día.

Si estás cansada hoy, si estás en medio de la batalla, si estás harta de pelear con las mismas frustraciones una y otra vez te animo a que leas este pasaje hasta que entre en lo más profundo de tu corazón.

Espero que el Señor renueve tus fuerzas hoy.

Contenta en Su servicio,

Edurne