Tu versículo favorito – Isaías 55:8-9

22/9/17



Hace poco compartí uno de mis versículos favoritos y les propuse que ustedes compartieran los suyos también para escoger algunos de esos versículos al azar y hacer algunos devocionales analizando esos versículos en profundidad. El versículo de hoy es Isaías 55:8-9, el favorito de Rebecca Diaz.

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Isaías 55:8-9
Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Traducido: no te empeñes en comprender algunas cosas que no puedes comprender.

Nuestros pensamientos tienen sentido para nosotras. Piensa en lo difícil que es comprender el razonamiento de otras personas que piensan distinto a ti en cuestiones como gustos, política, ideología… Si las mentes entre las personas son tan distintas imagínate lo diferentes que pueden ser la mente humana y la de Dios.

Los pensamientos de Dios no son como los nuestros. Nuestros pensamientos están controlados por las emociones y las circunstancias que muchas veces no podemos controlar. No así los de Dios.

Lo primero que debemos recordar en todo momento es que Dios es Dios y nosotras no. Satanás quiere que compremos la misma mentira que puso en la mente de Eva al decirle que si comía del árbol del conocimiento del bien y del mal, serían como Dios.

Nosotras buscamos, de la misma manera, racionalizar nuestras circunstancias, esas cosas que nos suceden y que no comprendemos del todo. Intentamos explicar por qué Dios decide no sanarnos, por qué permite que nuestro esposo nos pida el divorcio, que nos despidan del trabajo o que nuestro hijo decida dar la espalda a todo lo que le hemos inculcado.

No lo entendemos, no sabemos las razones y es un error intentar explicarlo. Sus pensamientos no son nuestros pensamientos. Lo que tiene sentido para nosotras no lo tiene para Dios y al contrario. Hay cosas que Él decide hacer o no hacer y que no tiene explicación.

Es por eso que debemos confiar en un Dios que lo sabe todo. Él sabe más que nosotras, Él ve la historia completa y nos guía conforme a ello. Y eso incluye pasar por situaciones que para nosotras no tienen sentido pero para Dios sí. 

Démosle a Dios el control de nuestra vida y confiemos en que Él sí sabe las razones detrás de esas cosas que nos suceden y que nos sorprenden y nos dejan perplejas.

Contenta en Su servicio,

Edurne





Tu versículo favorito - 2 Corintios 12:9

20/9/17



Hace poco compartí uno de mis versículos favoritos y les propuse que ustedes compartieran los suyos también para escoger algunos de esos versículos al azar y hacer algunos devocionales analizando esos versículos en profundidad. El versículo de hoy es 2 Corintios 12:9, el favorito de Elizabeth J. Mejía.

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2 Corintios 12:9

Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

El versículo que tenemos para hoy es la respuesta que Dios le da a Pablo ante su petición de que le quite el “aguijón” que le está afectando. Leamos unos versículos antes del 9 para ponernos en el contexto del relato:

2 Corintios 12:7-8

Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí.”

Pablo no era inmune al pecado del orgullo. Nadie lo es. Él era un apóstol, un fundador de iglesias, alguien que hablaba con denuedo y sin miedo tuviera a quien tuviera delante, que era ciudadano romano y no tenía reclamar las injusticias, que experimentaba el poder de Dios en su vida y lo manifestaba en toda ocasión. A los ojos del mundo era alguien “importante”, era una persona conocida y reconocida, odiada por los enemigos del evangelio y admirada por los creyentes a partes iguales.

Para prevenir que se exaltara desmedidamente a sí mismo, le fue dado un “aguijón en la carne”. Este aguijón en la carne de Pablo es aceptado por él como un don, no como una carga. Dice “me fue dada”, que significa “regalada”.

En la antigua traducción Griega del Antiguo Testamento, conocida como la Septuaginta, la palabra skolops (aguijón) muestra “algo que frustra y causa problemas en la vida de aquellos que son afligidos.”

No estamos seguros de qué era ese aguijón. Algunos dicen que era un problema en los ojos, otros dicen que eran fuertes migrañas. Fuera lo que fuera era una dolencia física fuerte que le afectaba y que era visible para los demás.

¿Qué hacer cuando algo nos afecta de tal manera? Acercarnos al trono de la gracia en oración. Pablo rogó a Dios “por tres veces” que se lo quitara. Él sabía que Dios era poderoso para sanarlo si quería.

Y Dios respondió que no.

Debemos estar preparadas para estas respuestas también. Cuando oramos, esperamos de corazón que Dios bendiga nuestros planes, que comparta nuestros deseos, pero hay veces en que Su respuesta es negativa y nosotras debemos aprender a aceptarlo.

La respuesta a la petición de Pablo de que Dios le quitara aquello que le hacía sufrir fue:
2 Corintios 12:9

Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

Bástate mi gracia.

Mi gracia es suficiente. Esa fue la respuesta de Dios para Pablo. No era lo que él esperaba inicialmente, pero no hubo otra. Dios dijo “no” a quitarle el aguijón. En lugar de quitárselo, Dios le prometió que Su gracia sería suficiente para sobrellevar su carga, que le daría fuerza para soportar.

Dios tuvo que darle algo que él no podía sobrellevar solo para que Pablo tuviera necesidad de Dios. Pero es cuando reconocemos nuestras debilidades que Su fuerza entra en acción.

Una gran tribulación saca la gran fortaleza de Dios. Si nunca sientes conflictos internos y un alma que se ahoga, entonces no tienes mucho del poder de Dios que te levanta; pero si te hundes, hacia lo profundo de la angustia del alma, hasta que lo profundo amenaza el cerrar su boca sobre ti, y luego el Señor monta un querubín y vuela, sí, monta sobre las alas del viento y libra tu alma, y te lleva hasta el deleite del tercer cielo, luego percibes la majestad de la divina gracia. Oh, debe de haber la debilidad del hombre, y lamentarse sobre ella, sino, la fuerza del Hijo de Dios jamás será perfeccionada en nosotros.” (Spurgeon)

Cuando la respuesta a tu oración sea no, descansa en la gracia de Dios, en esa gracia que es capaz de soportarte, de llevarte y de ayudarte a sobrellevar tu carga.

Por medio de sus debilidades, Dios hizo que Pablo fuera completamente dependiente de Su gracia y de Su poder, pero todo fue para bien. La continua – aun forzada – dependencia de Pablo hacia Dios le hizo más fuerte de lo que cualquier otra cosa podría haberle hecho.

Pablo acepta la respuesta de Dios y le da la bienvenida, se goza de que el aguijón le obligue a confiar en Dios y a sostenerse en Su gracia.

Que podamos decir, igual que Pablo, “cuando soy débil, soy fuerte” porque entendemos que el poder de Dios se perfecciona en nuestras debilidades.

Contenta en Su servicio,

Edurne


Tu versículo favorito – Josué 24:15

18/9/17





Hace poco compartí uno de mis versículos favoritos y les propuse que ustedes compartieran los suyos también para escoger algunos de esos versículos al azar y hacer algunos devocionales analizando esos versículos en profundidad. El versículo de hoy es Josué 24:15, el favorito de Alma Leticia Villela.

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Josué 24:15

Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

En el capítulo 24 de Josué, este, como líder del pueblo de Israel tras la muerte de Moisés, reúne a los ancianos, los jueces y los oficiales y a todo el pueblo y les recuerda todo lo que Dios ha hecho por Israel desde Abraham hasta sus días.

Después de este recordatorio, Josué hace una exhortación al pueblo y les lanza un desafío:

Josué 24:14

Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.”

Josué había puesto ante sus ojos un resumen completo de las obras maravillosas que Dios había hecho por ellos y les recordó las bendiciones con las que les había colmado. Después de eso, les pide tres cosas:

Temed a Jehová
El principio de la sabiduría es el temor de Jehová. Sabemos que el temor a Jehová no es miedo ni terror, es reverencia. Es honrar y glorificar a Dios con nuestra vida. Es saber que Dios es un Dios Santo y Justo que no permite el pecado en Su presencia y vivir conforme a eso.


Servid a Dios con integridad y verdad
Josué no solo pide que el pueblo sirva a Dios, sino que le sirva bien. Incluso en la iglesia o en el ministerio, incluso cuando estamos acostumbradas a trabajar en la obra del Señor, necesitamos examinar cómo lo hacemos. No podemos servir por compromiso con hombres, por temor a quedar mal, por ganar puntos o por cualquier otra razón equivocada. El servicio a Dios debe ser íntegro y verdadero. Debe ser por las razones correctas. Debe estar basado en el amor de Dios y en el amor a otros.


Quitad de entre vosotros los ídolos de Egipto
Aquí Josué lo dice claro: quieres servir a Dios, quita los ídolos que trajiste del otro lado del río. Saca de tu vida todo lo que no sirve, todo lo que le quita el primer lugar a Dios en tu corazón. Cada una de nosotras tenemos distintos ídolos que nos alejan del Señor. Sigamos el consejo de Josué y quitémoslos de en medio. No le quitemos a Dios el primer lugar con nada.

Tras esta arenga al pueblo de Israel, Josué deja claro lo que él va a hacer. Él va a ser el primero en cumplir las tres cosas que le ha pedido al pueblo y hace un voto de compromiso:

Josué 24:15

Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”

Josué no se anda con tonterías. Les dice claramente “me da igual qué hagan ustedes, yo lo tengo claro. Voy a servir a Dios y voy a ocuparme de que mi familia lo haga también”.

Todas tenemos que tomar la decisión de a quién vamos a servir. Si te das cuenta, no tenemos la opción de no servir a “alguien”, eso no sucede. Si no servimos a Dios, aunque sea de manera inconsciente, estamos siguiendo y sirviendo a intereses económicos, a nosotras mismas, al mundo o incluso a Satanás. Así que, ¿a quién estás sirviendo? Asegúrate de que tu respuesta sea Dios.

Josué escoge servir a Jehová. Y no solo eso, sino que hace el compromiso de que su casa, su familia también le sirva. Nosotras no podemos obligar a nadie a servir a Dios, eso tiene que salir del corazón de cada uno y forjarse a través de la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. Pero sí podemos ser de influencia para las personas a nuestro alrededor y mostrarles a Jesús con nuestra vida.

Una vida comprometida a Dios y a Su servicio es de ejemplo y de ánimo para otros. De manera que tu compromiso importa. ¿Qué vas a escoger hoy para ti? ¿Qué vas a escoger para tu casa? Es tu decisión.

Contenta en Su servicio,

Edurne