Salmo 103

21/8/17








Estoy leyendo los Salmos en este tiempo y me encanta la forma en la que Dios habla directamente a mi corazón a través de ellos. Así que he pensado ir compartiendo algunos de estos Salmos y aquello que Dios me muestre en ellos con la esperanza de que también puedan hablar a tu corazón.
-------------------------------

¿Cómo es tu oración? ¿Cómo es tu tiempo con Dios?

Te cuento el mío en líneas generales: un poquito de alabar, un poquito de agradecer y un “muchito” de pedir.

Yo soy de las que anotan diligentemente los motivos de oración propios y ajenos y ora por ellos con detalles y con fechas. Pero cuando llega el momento de dar gracias, suelo hacerlo de forma general, no específica. Muchas veces damos gracias a Dios solamente por las cosas materiales o por peticiones de oración que responde a nuestro favor.

El Salmo 103 nos da razones más que suficientes para tener un corazón agradecido a Dios a pesar de las circunstancias que estemos viviendo.

1 Bendice, alma mía, a Jehová,
Y bendiga todo mi ser su santo nombre.
2 Bendice, alma mía, a Jehová,
Y no olvides ninguno de sus beneficios.

El llamado de David es doble: por una parte exhorta a alabar a Dios, a bendecir a Dios. Y, por otra, a no olvidar ninguno de sus beneficios. Nuestras ocupaciones diarias, el ritmo tan acelerado que llevamos nos hace olvidarnos de muchas cosas y nos hace pasar por alto muchas de las bendiciones de Dios. No es que no queramos darle gracias por ellas. Es que, simplemente, no las vemos, no nos damos cuenta de esos pequeños detalles en los que Él está presente.

David entendía que la verdadera alabanza era algo profundamente interior, del alma. No se trata de una forma de expresarse, sino de algo real, profundo y muy íntimo.” – Spurgeon



3 El es quien perdona todas tus iniquidades,
El que sana todas tus dolencias;

La primera parte del versículo 3 nos da una razón más que suficiente para vivir eternamente agradecidas con Dios: Él es quien perdona todas nuestras iniquidades. La magnitud de nuestro pecado y de la justicia de Dios deben ser una razón para alabar y honrar a Dios.

El perdón de sus pecados era lo primero en la lista de bendiciones que David nos da en este Salmo. Él sabía que lo más importante era que sus pecados habían sido perdonados.

Dios es también quien sana nuestras dolencias. Él es nuestro médico por excelencia. Por supuesto que usa la medicina moderna, los doctores, los fármacos, los aparatos de última generación para sanar nuestro cuerpo. Pero la mano de Dios sobre nuestras vidas siempre está presente. Y Él sana a través de distintos medios no solo nuestras dolencias físicas, sino también las espirituales, las emocionales, las del corazón.

4 El que rescata del hoyo tu vida,
El que te corona de favores y misericordias;

Dios es el que nos hace salir del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso. El que pone nuestros pies sobre la peña y endereza nuestros pasos (Salmo 40:2). Cuando caemos, por profundo que sea el hoyo, Él nos levanta.

Él es también el que nos corona, nos llena de favores, de bendiciones, de misericordias. El que nos da con manos llenas y el que no refrena Sus dones en nuestras vidas.

5 El que sacia de bien tu boca
De modo que te rejuvenezcas como el águila.
Dios es el nos sacia, el que nos provee, el que nos satisface. El que nos da todo lo que necesitamos. Quizás no nos dé todo lo que queremos, pero sí lo que Él sabe que necesitamos.

6 Jehová es el que hace justicia
Y derecho a todos los que padecen violencia.

Dios es el que hace justicia. Quizás en esta tierra no obtengamos justicia con algunas cosas. Tal vez haya personas que nos hagan daño y a las que no las alcance la justicia terrenal. Pero Dios pone a todo y a todos en su sitio. Dios vindica, Dios imparte justicia, Dios restaura a todos aquellos que padecen violencia. Él es justo y Sus juicios son justos. Nadie se escapa a la justicia de Dios.

7 Sus caminos notificó a Moisés,
Y a los hijos de Israel sus obras.
8 Misericordioso y clemente es Jehová;
Lento para la ira, y grande en misericordia.
9 No contenderá para siempre,
Ni para siempre guardará el enojo.
10 No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades,
Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.
11 Porque como la altura de los cielos sobre la tierra,
Engrandeció su misericordia sobre los que le temen.
12 Cuanto está lejos el oriente del occidente,
Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.

Dios es misericordioso y clemente. Merecemos la muerte a causa de nuestro pecado (la paga del pecado es muerte – Romanos 6:23), pero Su amor y misericordia son mayores que el castigo que merecemos. Él no trata con nosotros conforme a nuestro pecado. En lugar de castigarnos y dejarnos morir eternamente, envió a Su Hijo Jesucristo a sufrir, morir y cargar nuestro pecado en nuestro lugar.

De la misma manera que el este y el oeste nunca se encuentran, sino que están para siempre a la misma distancia, nuestros pecados y el castigo que merecen son puestos a una distancia eterna por la misericordia de Dios.

13 Como el padre se compadece de los hijos,
Se compadece Jehová de los que le temen.
14 Porque él conoce nuestra condición;
Se acuerda de que somos polvo.
15 El hombre, como la hierba son sus días;
Florece como la flor del campo,
16 Que pasó el viento por ella, y pereció,
Y su lugar no la conocerá más.

Dios se compadece de nosotros de la misma manera que nosotras lo hacemos por nuestros hijos. Nosotras conocemos sus debilidades y sus fallas. Y aun así decidimos amarlos. Dios sabe que nosotras somos polvo, que nuestro tiempo sobre la tierra es limitado y que nuestra mente es también finita. Y por todo ello es movido a misericordia por todos aquellos que le temen.

17 Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen,
Y su justicia sobre los hijos de los hijos;
18 Sobre los que guardan su pacto,
Y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra.

Dios es misericordioso, sí. Dios nos ama, sí. Dios da justicia, sí. Pero también nosotras debemos responder a eso. Es nuestra responsabilidad como hijas de Dios vivir en temor a Él, en reverencia a quién es y a lo que hace por nosotras. Y es nuestra responsabilidad también poner por obra Sus mandamientos. La Palabra de Dios nos explica de forma clara y concisa todo lo que Dios quiere que sepamos, cómo Él quiere que vivamos y nos comportemos. Saberla de memoria y no practicarla no nos sirve de nada. El recordatorio de David en este Salmo es que debemos recordar los mandamientos de Dios y ponerlos en práctica.

19 Jehová estableció en los cielos su trono,
Y su reino domina sobre todos.
20 Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles,
Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra,
Obedeciendo a la voz de su precepto.
21 Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos,
Ministros suyos, que hacéis su voluntad.
22 Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras,
En todos los lugares de su señorío.
Bendice, alma mía, a Jehová.

El Salmo termina de la misma manera de la que empezó: con el llamado a bendecir a Dios, a agradecer a Dios, a alabarle y bendecir Su nombre.



Todo lo que leemos en este Salmo es real en nuestras vidas. Más allá de lo que Dios nos dé o nos deje de dar, tenemos razones más que suficientes para alabarle y darle gracias por todo. Es a la luz de este Salmo que ponemos poner en práctica también este versículo:

Efesios 5:20

Dando gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo

Cuando recordamos lo que Dios ya ha hecho por nosotras, cuando ponemos atención a los detalles pequeños de la vida diaria en los que Dios se manifiesta en nuestras vidas, somos capaces de dar gracias a Dios por todo. Por lo que nos da y por lo que no nos da, por lo que hace y por lo que no hace, por lo que permite y por lo que no…

¡Dios nos ama y nos bendice de manera mucho mayor de la que somos capaces de ver!

Contenta en Su servicio,

Edurne


A la batalla

18/8/17





Mi corazón se rompía esta semana al recibir la noticia de la muerte de un muchacho de nuestra iglesia.

Este muchacho de apenas veinte años había tomado malas decisiones en los últimos años y se había juntado con malas compañías. Como resultado de esto, terminó preso en el retén de Puerto Ayacucho.

La versión oficial de lo que pasó el miércoles dice que hubo un motín y fuerzas especiales entraron al retén a contenerlo. La verdad es que los mismos que armaron a los presos, les quitaron los custodios y los usaron durante años para cometer delitos “bajo el radar”, decidieron aniquilarlos cuando se les escaparon de las manos. Casi 90 presos para los que no habrá justicia en una Venezuela en la que esa palabra ha dejado de existir, fueron masacrados.

Este muchacho fue uno de ellos.

Pero yo lo recuerdo de otra forma. No he parado de pensar en estos días, mientras acompañábamos a su familia en el dolor, en una de las primeras veces en las que lo vi. Cuando yo llegué a Venezuela él era apenas un niño de ocho años y lo recuerdo cantando en el escenario con sus hermanos y su padre. Era uno de los nuestros, uno de tantos muchachos que se quedaron por el camino en nuestra iglesia.

Tampoco puedo dejar de pensar en mis hijos, que ahora tienen 10, 8 y 6 años y que suelen estar en el escenario cantando igual que hacía este chico.

Se están criando en medio de una sociedad en la que los valores se han perdido, en la que el respeto se ha perdido, en la que todo atajo sirve. Cada día vivimos en un mundo más atroz, en un mundo más cruel, en un mundo más egoísta.

Por eso hoy llamo a todas las madres a la batalla.

Esta guerra en la que estamos envueltas solo podemos ganarla de rodillas.

Ya es hora de que las madres demos la pelea en oración por nuestros hijos. Son sus vidas, su futuro, su alma los que están en juego. No pensemos que tenemos tiempo, o que hay cosas más importantes que hacer. No. Sin darnos cuenta, nuestros hijos van creciendo, van conociendo personas que los van influenciando negativamente y que los van alejando más y más de Dios.

Este es el momento, tengan tus hijos la edad que tengan, de ponerte a orar por ellos con fervor, con pasión, con denuedo, sin descanso y sin desmayo.

Orar por salvación.
Orar porque vuelvan a los caminos del Señor.
Orar para que vivan conforme a la Palabra.
Orar para que tengan vidas útiles y productivas en medio de la sociedad en la que viven.
Orar para que sean una luz en medio de su generación.

Madres, estamos en una guerra dura y cruel que va a durar toda la vida. No desmayemos. Oremos las unas por las otras, las unas por los hijos de las otras.

La mayoría de los que murieron en la prisión el miércoles eran apenas muchachos que estaban comenzando su vida. Qué desperdicio, qué vidas tiradas por la borda. Oremos por la juventud de nuestros países. Por esa juventud que se está perdiendo, por esos muchachos que se están alejando no ya de nuestras iglesias, sino de nuestro Dios. Nuestros jóvenes son nuestro futuro, así que, pensemos ¿Qué futuro queremos tener?

No dejes de clamar hoy. Debemos salir a la batalla.

Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas.”

Nehemías 4:14

Contenta en Su servicio,

Edurne

-------------------------------------

Si no sabes cómo comenzar a orar por tus hijos, aquí te dejo algunos recursos que he ido compartiendo en el blog en estos años –