16/4/14

Maravillosa Gracia







Job 19:25

Yo sé que mi Redentor vive,
Y al fin se levantará sobre el polvo;”


Isaías 25:8

“Destruirá a la muerte para siempre;  y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros;  y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra;  porque Jehová lo ha dicho.”


Juan 10:17-18

Por eso me ama el Padre,  porque yo pongo mi vida,  para volverla a tomar. Nadie me la quita,  sino que yo de mí mismo la pongo.  Tengo poder para ponerla,  y tengo poder para volverla a tomar.  Este mandamiento recibí de mi Padre. ”


Marcos 9:9

“Y descendiendo ellos del monte,  les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto,  sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos.”


Juan 11:25-26

“ Le dijo Jesús:  Yo soy la resurrección y la vida;  el que cree en mí,  aunque esté muerto,  vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí,  no morirá eternamente.  ¿Crees esto? ”




Mateo 20:18-19

“He aquí subimos a Jerusalén,  y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas,  y le condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan,  le azoten,  y le crucifiquen;  mas al tercer día resucitará.”


Isaías 53:5

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones,  molido por nuestros pecados;  el castigo de nuestra paz fue sobre él,  y por su llaga fuimos nosotros curados.”


Lucas 23:26-43

“Y llevándole,  tomaron a cierto Simón de Cirene,  que venía del campo,  y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. Y le seguía gran multitud del pueblo,  y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. Pero Jesús,  vuelto hacia ellas,  les dijo:  Hijas de Jerusalén,  no lloréis por mí,  sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque he aquí vendrán días en que dirán:  Bienaventuradas las estériles,  y los vientres que no concibieron,  y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán a decir a los montes:  Caed sobre nosotros;  y a los collados:  Cubridnos. Porque si en el árbol verde hacen estas cosas,  ¿en el seco,  qué no se hará? Llevaban también con él a otros dos,  que eran malhechores,  para ser muertos. Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera,  le crucificaron allí,  y a los malhechores,  uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía:  Padre,  perdónalos,  porque no saben lo que hacen.  Y repartieron entre sí sus vestidos,  echando suertes. Y el pueblo estaba mirando;  y aun los gobernantes se burlaban de él,  diciendo:  A otros salvó;  sálvese a sí mismo,  si éste es el Cristo,  el escogido de Dios.  Los soldados también le escarnecían,  acercándose y presentándole vinagre, y diciendo:  Si tú eres el Rey de los judíos,  sálvate a ti mismo. Había también sobre él un título escrito con letras griegas,  latinas y hebreas:  ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba,  diciendo:  Si tú eres el Cristo,  sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro,  le reprendió,  diciendo:  ¿Ni aun temes tú a Dios,  estando en la misma condenación? Nosotros,  a la verdad,  justamente padecemos,  porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos;  mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús:  Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo:  De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”


Mateo 27:50-53

“Mas Jesús,  habiendo otra vez clamado a gran voz,  entregó el espíritu. Y he aquí,  el velo del templo se rasgó en dos,  de arriba abajo;  y la tierra tembló,  y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros,  y muchos cuerpos de santos que habían dormido,  se levantaron;  y saliendo de los sepulcros,  después de la resurrección de él,  vinieron a la santa ciudad,  y aparecieron a muchos. ”


1 Corintios 15:3-5

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí:  Que Cristo murió por nuestros pecados,  conforme a las Escrituras; y que fue sepultado,  y que resucitó al tercer día,  conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas,  y después a los doce.”


Marcos 16:1-8

“Cuando pasó el día de reposo,  María Magdalena,  María la madre de Jacobo,  y Salomé,  compraron especias aromáticas para ir a ungirle. Y muy de mañana,  el primer día de la semana,  vinieron al sepulcro,  ya salido el sol. Pero decían entre sí:  ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron,  vieron removida la piedra,  que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro,  vieron a un joven sentado al lado derecho,  cubierto de una larga ropa blanca;  y se espantaron. Mas él les dijo:  No os asustéis;  buscáis a Jesús nazareno,  el que fue crucificado;  ha resucitado,  no está aquí;  mirad el lugar en donde le pusieron. Pero id,  decid a sus discípulos,  y a Pedro,  que él va delante de vosotros a Galilea;  allí le veréis,  como os dijo. Y ellas se fueron huyendo del sepulcro,  porque les había tomado temblor y espanto;  ni decían nada a nadie,  porque tenían miedo. ”


Lucas 24: 1-12

“El primer día de la semana,  muy de mañana,  vinieron al sepulcro,  trayendo las especias aromáticas que habían preparado,  y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando,  no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto,  he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor,  y bajaron el rostro a tierra,  les dijeron:  ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí,  sino que ha resucitado.  Acordaos de lo que os habló,  cuando aún estaba en Galilea, diciendo:  Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores,  y que sea crucificado,  y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo del sepulcro,  dieron nuevas de todas estas cosas a los once,  y a todos los demás. Eran María Magdalena,  y Juana,  y María madre de Jacobo,  y las demás con ellas,  quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas,  y no las creían. Pero levantándose Pedro,  corrió al sepulcro;  y cuando miró dentro,  vio los lienzos solos,  y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido. ”




Filipenses 3:10-12

“a fin de conocerle,  y el poder de su resurrección,  y la participación de sus padecimientos,  llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. No que lo haya alcanzado ya,  ni que ya sea perfecto;  sino que prosigo,  por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. ”


1 Pedro 1:3

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,  que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva,  por la resurrección de Jesucristo de los muertos”


Romanos 6:4

“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo,  a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre,  así también nosotros andemos en vida nueva”


1 Corintios 6:14

“Y Dios,  que levantó al Señor,  también a nosotros nos levantará con su poder.”


Romanos 8:34

“¿Quién es el que condenará?  Cristo es el que murió;  más aun,  el que también resucitó,  el que además está a la diestra de Dios,  el que también intercede por nosotros.”


Romanos 1:4-5

“que fue declarado Hijo de Dios con poder,  según el Espíritu de santidad,  por la resurrección de entre los muertos, y por quien recibimos la gracia y el apostolado,  para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre; ”


Romanos 6:8-11

“Y si morimos con Cristo,  creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo,  habiendo resucitado de los muertos,  ya no muere;  la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió,  al pecado murió una vez por todas;  mas en cuanto vive,  para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado,  pero vivos para Dios en Cristo Jesús,  Señor nuestro. ”


Romanos 10:9

“que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor,  y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos,  serás salvo. ”


1 Pedro 1:21

“y mediante el cual creéis en Dios,  quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria,  para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.”


1 Corintios 15:17

“y si Cristo no resucitó,  vuestra fe es vana;  aún estáis en vuestros pecados.”


Hechos 13:34-35

“Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción,  lo dijo así:  Os daré las misericordias fieles de David. Por eso dice también en otro salmo:  No permitirás que tu Santo vea corrupción.”


1 Juan 2:25

“Y esta es la promesa que él nos hizo,  la vida eterna.”








14/4/14

Un Rey diferente






Juan 12:12-19

Al siguiente día,  grandes multitudes que habían venido a la fiesta,  al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle,  y clamaban:  ¡Hosanna!¡Bendito el que viene en el nombre del Señor,  el Rey de Israel! Y halló Jesús un asnillo,  y montó sobre él,  como está escrito: No temas,  hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna. Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio;  pero cuando Jesús fue glorificado,  entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él,  y de que se las habían hecho. Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro,  y le resucitó de los muertos. Por lo cual también había venido la gente a recibirle,  porque había oído que él había hecho esta señal. Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada.  Mirad,  el mundo se va tras él.”

          Por miles de años, el pueblo judío había estado esperando al Mesías. Esperaban un gran líder militar que se enfrentara a sus enemigos y restaurara la antigua grandeza y esplendor de Israel.

          Lo que no esperaban es que el Mesías fuera un carpintero, que no tuviera armas, ni ejército ni poder político, que sería crucificado en una cruz del opresor romano.

          Y, sin embargo, durante su vida, Jesús había dado evidencia más que suficiente de que era quien decía ser… pero muchos se negaron a creer que ese era el Mesías.

          El Rey del Universo, el Creador de todas las cosas, caminó en este mundo sin ser reconocido. De vez en cuando, alguien se daba cuenta de que Jesús era más que un maestro, más que un rabí… pero eran los menos.

          Hasta ese domingo que entró en Jerusalén.

          Ese domingo, fue aclamado como lo que era: el Mesías, el Rey de los judíos, el Salvador.

          El domingo antes de la Pascua, con Jerusalén llena de personas que acudían a la celebración, Jesús entró a Jerusalén. Hacía unos días que había resucitado a Lázaro y la gente lo esperaba para verlo y saludarlo. Estaban saludando a un Rey.

          Tomaron hojas de palma y las pusieron ante El. Las hojas de palma se habían convertido en un símbolo nacional de Israel. Le estaban dando el reconocimiento que no le habían dado antes.

          Gritaban “¡Hosanna! Bendito el que viene en nombre del Señor” (Juan 12.13). Sabían lo que estaban haciendo: estaban citando un pasaje de los Salmos que se utilizó originalmente para referirse a los peregrinos que iban a Jerusalén, pero que, con el tiempo, pasó a referirse al Mesías, a Aquel que salvaría a Israel.

          Estaban saludando y alabando al Rey… pero no se daban cuenta de que era otra clase de Rey. Jesús es diferente a lo que esperaban, a lo que esperamos.

          Jesús entró en Jerusalén sentado en un pollino, cumpliendo la profecía de Zacarías 9:9 –

Alégrate mucho,  hija de Sion;  da voces de júbilo,  hija de Jerusalén;  he aquí tu rey vendrá a ti,  justo y salvador,  humilde,  y cabalgando sobre un asno,  sobre un pollino hijo de asna.”

          Un Rey Justo
          Un Rey Salvador
          Un Rey Humilde

          Nada que ver con lo que el pueblo de Israel estaba esperando de Su rey. Jesús es un Rey Justo, Salvador y Humilde y muestra una y otra vez que el poder de Su Reino se encuentra en lo más humilde: en los lugares más humildes, en las personas más débiles a nuestros ojos, en aquellos ministerios que pasan desapercibidos.

Zacarías 9:10

de Efraín destruiré los carros,  y los caballos de Jerusalén,  y los arcos de guerra serán quebrados;  y hablará paz a las naciones,  y su señorío será de mar a mar,  y desde el río hasta los fines de la tierra.”

          Un Rey de Paz.

          Hablará de paz, no de guerra. De entendimiento, no de lucha. De amor, no de armas.

          El pueblo que lo saludaba con palmas no quería paz. Vivían bajo la injusticia romana, querían ser liberados sin importar cómo. Esperaban confrontación y pelea. A veces también nosotras queremos ver a Dios peleando a nuestra forma. Enfrentamos situaciones que no entendemos o personas que nos hacen daño sin comprender por qué Dios no los fulmina de un solo rayo y los hace desaparecer. Y, sin embargo, no lo hace… El es el Dios de Paz y demanda paz de nosotros y para nosotros.

Juan 12:23-25

Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto,  de cierto os digo,  que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere,  queda solo;  pero si muere,  lleva mucho fruto. El que ama su vida,  la perderá;  y el que aborrece su vida en este mundo,  para vida eterna la guardará.”

          Un Rey preparado para morir.

          Para morir por ti. Para morir por mí. Para morir por todas y cada una de aquellas personas que lo saludaban con sus palmas.

          Jesús es un Rey que vino a conseguir la más extrañas de las victorias: una victoria que tuvo lugar a través de la muerte. Jesús vino a rendir Su vida y morir. Dios no está tan preocupado de nuestra vida como de nuestra muerte. Jesús dijo que seguirle requería morir a nosotros mismos, tomar nuestra cruz cada día, ser crucificados junto a El.


          Es fácil alabar a Jesús como Rey Todopoderoso, como Creador y Señor… es mucho más difícil alabarle como el Rey diferente, como el Rey humilde, el Rey de paz, el Rey que da Su vida en rescate por muchos. Reconocer que Jesús es ese Rey diferente hace que también nosotras, como Sus seguidoras, debamos ser diferentes.

          Que debamos ser mujeres de justicia, de humildad, de paz, que están dispuestas a renunciar a sí mismas por el Reino de Dios.

          ¿Lo estás? ¿Estás dispuesta a aceptar a este Rey diferente y a ser esa seguidora diferente?

          Dejemos nuestro orgullo, nuestros derechos, nuestros reclamos, nuestra comodidad y escojamos seguir a este Rey diferente, a este Rey al que encontramos en los lugares y en las personas que menos pensamos.

          Dejemos nuestra ira, nuestra justicia, nuestro deseo de lucha y escojamos seguir a este Rey de paz, escojamos vivir en paz y poner la otra mejilla.

          Dejemos nuestra vana manera de vivir y escojamos seguir a este Rey que nos invita a morir con El, a sacrificarnos, a renunciar, a encontrar nuestra vida eterna por medio de la pérdida terrenal.

          Contenta en Su servicio,

   Edurne