27/2/15

Tibieza espiritual - 7 tipos de creyentes






Apocalipsis 3:14-22

Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén,  el testigo fiel y verdadero,  el principio de la creación de Dios, dice esto:

Yo conozco tus obras,  que ni eres frío ni caliente.  ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio,  y no frío ni caliente,  te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico,  y me he enriquecido,  y de ninguna cosa tengo necesidad;  y no sabes que tú eres un desventurado,  miserable,  pobre,  ciego y desnudo.

Por tanto,  yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego,  para que seas rico,  y vestiduras blancas para vestirte,  y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez;  y unge tus ojos con colirio,  para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo;  sé,  pues,  celoso,  y arrepiéntete. He aquí,  yo estoy a la puerta y llamo;  si alguno oye mi voz y abre la puerta,  entraré a él,  y cenaré con él,  y él conmigo.

Al que venciere,  le daré que se siente conmigo en mi trono,  así como yo he vencido,  y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído,  oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.



Laodicea era una ciudad grande e importante, con gran cantidad de población judía. Al igual que otras ciudades de la región, era un centro de adoración del César y de adoración del dios Asclepio. 


Después de que un terremoto destrozara la región en el 60 d.C., Laodicea rehusó la ayuda imperial para reconstruir la ciudad, confiando en sus propios recursos. No necesitaban ayuda, no pidieron ayuda y no querían ayuda. Laodicea era demasiado rica para aceptar ayuda de nadie. Tácito, el historiador romano, nos dice que Laodicea "se levantó de las ruinas por la fuerza de sus propios recursos, sin ayuda de nadie más.”


Era también un notable centro comercial y algunos de sus bienes se exportaban por todo el mundo. Uno de sus problemas era un pobre suministro de agua, lo que le hacía vulnerable a los saqueos y ataques. Los líderes de la ciudad eran conocidos por negociar y no pelear con cualquier enemigo potencial que pudieran tener.



Elogio a la Iglesia


No hay ninguna palabra de elogio a la iglesia de Laodicea




Condena a la Iglesia



Yo conozco tus obras,  que ni eres frío ni caliente.  ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio,  y no frío ni caliente,  te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico,  y me he enriquecido,  y de ninguna cosa tengo necesidad;  y no sabes que tú eres un desventurado,  miserable,  pobre,  ciego y desnudo.


Esta imagen de tibieza inmediatamente llegaría a los creyentes de Laodicea, puesto que así era el agua que tomaban cada día. En un sentido espiritual, la tibieza da la idea de indiferencia y falta de compromiso, de estar en el medio, de no ser ni una cosa ni la otra.  


¿Hay algo peor que la religión vacía? No hay nada peor que un creyente que cree que tiene suficiente de Jesús. La iglesia de Laodicea ejemplifica la religión vacía, el corazón duro de un cristiano que es autosuficiente y que hace las cosas a su manera sin preocuparse por lo que Dios quiere para su vida. A Jesús le gustaría cambiar ese “jugar en el medio” de la iglesia de Laodicea, tratando de agradar tanto al mundo como a Dios.  


Al ser creyentes tibios los cristianos de Laodicea eran también inútiles para la obra. El agua fría refresca, el agua caliente sana, pero el agua tibia no sirve para nada. Si fueran fríos o calientes, podrían ser útiles para el Señor, pero en su condición, tan solo deseaban tener un aspecto religioso.


La iglesia de Laodicea carecía de humildad espiritual. Veían su condición espiritual y se creían ricos, creían que no tenían necesidad de nada. Ponían su confianza en la prosperidad material, en el lujo externo. No eran conscientes de su propia ceguera, ni de su condición real.




Consejo a la Iglesia


Por tanto,  yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego,  para que seas rico,  y vestiduras blancas para vestirte,  y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez;  y unge tus ojos con colirio,  para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo;  sé,  pues,  celoso,  y arrepiéntete. He aquí,  yo estoy a la puerta y llamo;  si alguno oye mi voz y abre la puerta,  entraré a él,  y cenaré con él,  y él conmigo.





Jesús desafía a los creyentes en Laodicea a:

- “comprar de él para que sean ricos” - El cambio de los creyentes de Laodicea tenía que comenzar por comprender su pobreza espiritual. Debían aprender a confiar en Dios en lugar de confiar en ellos mismos. Serían ricos si recibieran las riquezas de Jesús. Se puede “comprar de Jesús” al poner toda nuestra confianza en Él.

- “ungir sus ojos con colirio” – Debían abrir sus ojos espirituales y recibir el remedio para su ceguera de parte de Jesús.

- “arrepiéntete” – El arrepentimiento debe ser una decisión personal de dar un giro de 180º y transformarse completamente.


El amor de Jesús por la iglesia se expresa a través de su reprensión - 


Hebreos 12:3-7

Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo,  para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre,  combatiendo contra el pecado; y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige,  diciendo: Hijo mío,  no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama,  disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.  Si soportáis la disciplina,  Dios os trata como a hijos;  porque  ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?


Y ese amor también se hace manifiesto al extenderles la Gran Invitación: Él llama a la puerta y llama, queriendo entrar a cenar con el creyente, en el sentido de compartir, de dar calor a ese corazón tibio. Esta idea de Jesús a la puerta se aplica tanto a inconversos como a creyentes, e indica Su deseo de tener una relación íntima y cercana con cada una de nosotras.



Desafío a la Iglesia


Al que venciere,  le daré que se siente conmigo en mi trono,  así como yo he vencido,  y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído,  oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Al que venza, le daré el privilegio de sentarse con Jesús en el trono. Incluso los creyentes en Laodicea podrían tener la oportunidad de vencer si se arrepentían de su vanidad y de su autosuficiencia. Aquellos que batallen contra la indiferencia y la falta de compromiso recibirán la recompensa especial de compartir el trono de Dios.



La Iglesia de Laodicea y el Creyente Actual


La iglesia de Laodicea representa a los creyentes que están demasiado llenos del mundo para encontrar felicidad en el Jesús y que, al mismo tiempo, están demasiado llenos de Cristo como para ser plenamente felices en el mundo.

Mientras sigamos siendo creyentes que sólo nos preocupemos por calentar la banca de los domingos en la iglesia, que finjamos amar a Cristo, que lo llamemos Señor sin obedecer Sus mandamientos y que tengamos un corazón tibio ante Él, no solo viviremos estancados y ciegos espiritualmente, sino que haremos un enorme daño a nuestras iglesias y a nuestros hermanos en la fe.

¿Eres del tipo de creyente que desempolva la Biblia los domingos y tiene que buscarla por toda la casa antes de poder salir? ¿Eres del tipo de creyente que está a medio camino entre Jesús y el mundo? ¿Que no quiere parecer radical ante las personas que nos creyentes ni carnal ante sus hermanos en la fe?

No seas una creyente tibia. Que todo el mundo pueda ver la luz de  Cristo brillando a través de ti.



Contenta en Su servicio,

Edurne

A partir de esta semana podrás descargar la serie completa en el grupo “Archivos y Descargas de El Viaje deuna Mujer”.


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25/2/15

Cosas que no puedo controlar



Pues sí, hay cosas que no puedo controlar. Muchas. ¡Y cómo me frustra!

Cada mañana sucede exactamente lo mismo: levanto a Yennixon para ir a la escuela, se viste, se va con su papá. Levanto a Markel y a Nahiara, los visto, los llevo al kínder... y en cuanto cruzamos por la puerta Markel comienza a llorar, a patalear "no me quiero quedar, me quiero ir contigo!!!!"

Esto no me había pasado con mis dos hijos mayores y, la verdad, me agarró totalmente desprevenida. Los primeros dos o tres días de escuela allá por septiembre fueron espectaculares. Pero después, creo que cuando empezó a ver que lo de ir a clase era algo de todos los días, comenzó la lucha.

Una vez que está allí, está contento, participa, juega, es obediente, aprende...pero la llegada ¡ah es una lucha diaria! 

Y todos los días me siento frustrada y todos los días me siento avergonzada y todos los días me siento fracasada. 

Lo he intentado todo: ser blanda, ser dura, suplicar, sobornar, amenazar, prometer, recompensar, disciplinar...nada ha funcionado. Se suponía que una vez que se acostumbrara a la escuela todo iba a ir mejor, pero no, ahora una vez que llega al patio del kínder sale corriendo hacia el portón.

Y esta es una de las tantas cosas que no puedo controlar. No puedo controlar que me quede una sola bolsa de leche y no haya más en ninguna tienda (¡ah no dejes de orar por la situación que estamos atravesando en Venezuela!); no puedo controlar que mi familia no haya tomado decisión por Cristo; no puedo controlar que otras personas hablen mal de mí; no puedo controlar que se vaya la luz casi todos los días; no puedo controlar la enfermedad; no puedo controlar el tiempo... hay cosas que, por mucho que me empeñe, no puedo controlar.

Pero, ante todas estas cosas que no puedo controlar, tengo dos opciones: puedo seguir frustrada, angustiada, preocupada y todos los demás "-adas"... o puedo descansar en Aquél que sí puede controlarlo todo.

Así que, llego de la escuela, agarro mi Biblia, me seco las lágrimas (sí, soy de esas que lloran cuando están frustradas) y comienzo a orar por mi pequeño hijo que aún no comprende que tiene que ir a la escuela todos los días. 

¿Cómo lidiar entonces con la frustración?


Ora. Habla con Dios sobre eso que te preocupa, sobre esas cosas grandes o pequeñas que no puedes controlar. Ora para que Él consuele tu corazón, para que te ayude a lidiar con la situación que te frustra y te agobia.

Filipenses 4:6  

Por nada estéis afanosos,  sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego,  con acción de gracias.



Descansa en el Señor. Desansa en que Él sabe, en que Él tiene un propósito, en que Él controla todo lo que se escapa de nuestras manos, en que Él puede llevar nuestras cargas.


 Mateo 11:28  

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados,  y yo os haré descansar.


Comparte tu carga. A veces creemos que somos las únicas que tenemos problemas, las únicas que pasamos por situaciones que no podemos controlar, que nadie más nos comprende. No es cierto. No eres la única. Habla con alguien sobre tus frustraciones. Incluso si no puede darte un consejo concreto, podrá ayudarte a orar por la situación. 



 Gálatas 6:2  

"Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo."



¿Qué te preocupa hoy que no puedes controlar? ¿Qué cosas te frustran? Deja un comentario, habla, ¡no te quedes con ellas! Siempre hay alguien más que te va a poder ayudar. 



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23/2/15

Es tarea de todos





Mateo 28:18-20

“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”



Generalmente, cuando hablo sobre misiones en el blog el número de lecturas baja drásticamente. Así que hoy te pido que puedas leer el artículo hasta el final.  


Déjame decirte algo que puede que hayas escuchado antes o no, pero que la mayoría de los cristianos olvidan: la obra misionera es un trabajo de equipo. Te lo digo de nuevo y voy a ponerlo en negrita para que no puedas evitar leerlo: la obra misionera es un trabajo de equipo. No todas las mujeres somos llamadas al campo, a trabajar directamente en la obra. Pero sí todas y cada una de nosotras somos llamadas a las misiones.


Dios nos ha llamado a algunos a ir y ha llamado a otros a velar desde casa por los que van. Un misionero no puede cumplir efectivamente con su vocación si no tiene personas que oren por él y personas que lo apoyen económicamente y suplan sus necesidades. Sin personas que oren y nos sostengan financieramente, los misioneros estamos atados de pies y manos.


Romanos 10:13-15 

“Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!”


¿Cómo predicar si no somos enviados? A veces no somos conscientes de que, si bien un misionero sale a la obra por fe, sabiendo que Dios lo va a sostener, es a través de las ofrendas de otros que el sustento llega. Dios nos provee de todo lo que necesitamos. Quizás no de todo lo que queremos, pero sí de todo lo que nos hace falta. ¡Pero no hace crecer una planta de dinero en el jardín de la casa! Es por medio de Sus hijos, que el Señor provee. Es por medio de creyentes fieles que la obra de Dios crece y avanza.



Filipenses 4:15-17 

Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta.



Resalto esta última parte del versículo en Filipenses porque este es un aspecto que muchos pasan por alto a la hora de involucrarse en misiones:

Cuando salimos al campo misionero, estamos invirtiendo en lo eterno. 

Cuando oramos por un ministerio, por una familia de misioneros, estamos invirtiendo en lo eterno. 

Cuando aportamos de lo que Dios nos da para ayudar al sostenimiento de una obra misionera, estamos invirtiendo en lo eterno. 


La invitación de Jesús al servicio, la Gran comisión, es, en realidad una invitación a recibir, no a dar. Dios te está dando la oportunidad de tener una cuenta abundante en frutos, de ganar algo eterno, de hacer tesoros en el cielo.


Creo que si el creyente pudiera ver la obra misionera desde esta perspectiva, sería mayor el número de hombres y mujeres en la obra y sería mayor también el alcance del evangelio. Por otro lado, los que ya estamos involucrados en misiones de alguna forma, podríamos tener una mayor efectividad en nuestra labor. Hacen falta más personas que “sostengan la canasta” con mano firme (Hechos 9:25).


¿Qué papel vas a cumplir tú dentro de la Gran Comisión? 
¡Hablemos! ¿Cómo puedes involucrarte en misiones? ¿A qué te está llamando Dios? ¿A orar por misioneros? ¿A sostener económicamente a misioneros? ¿A ir al campo misionero?


Te dejo el video que grabé para Ama a Dios Grandemente en el que hablo sobre este tema.
 
 
(Pincha aquí si no puedes ver el video)


Contenta en Su servicio,


Edurne



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