La belleza del mañana

29/7/16






¿Has leído o visto alguna vez Ana de las Tejas Verdes? Mi hermana mayor me trajo el libro una vez que vino a casa siendo yo jovencita. Ella vivía en Londres por ese entonces y fue uno de los primeros libros en inglés que leí en mi vida.

También había una serie de televisión que vi de principio a fin. Había algo en la protagonista, Anne Shirley, que me gustaba especialmente, y es que siempre metía la pata aunque tuviera las mejores intenciones: desde su “desgracia” por ser pelirroja y tener pecas, al ratón en el pastel, pasando por la vez en la que se quiso teñir el pelo y terminó con el cabello verde. Esta niña imaginativa y voluntariosa sabía lo que es equivocarse a lo grande.

Suya es una de mis frases favoritas:

“¿No es hermoso pensar que mañana es un día totalmente nuevo sin ningún error en él todavía?”

Ah sí. Es hermoso pensar que cada mañana es un día totalmente nuevo en el que aún no hemos cometido ningún error.

Lamentaciones 3:22-23

Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.


Esas nuevas oportunidades que tenemos cada día no son gracias a nosotras, a lo buenas que somos, a lo bien que hacemos las cosas, son gracias a Dios. Son gracias a Su perdón. Gracias a Su misericordia. Gracias a Su amor.

¿Metiste la pata ayer? Hoy es un nuevo día. Hoy tienes una nueva oportunidad de hacerlo bien.

Aprovéchalo y sigue adelante sin mirar atrás. No dejes que tus errores definan quién eres y, sobre todo, no permitas que definan quién puedes ser. Dios perdona todas tus faltas. Jesús se puso en tu lugar en la cruz para que puedas tener ese nuevo comienzo cada mañana. No lo olvides nunca.

Contenta en Su servicio,

Edurne

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Y ahora el anuncio: ¡Vacaciones!

Llevo algunos años tomando el mes de agosto de vacaciones en el blog. Es un tiempo que aprovecho para recargarme y disfrutar de la vida sencilla y sin prisas aprovechando que mis hijos están de vacaciones escolares también.

Para este agosto estoy preparando una serie sobre el libro de Rut que se publicará todos los miércoles. Recuerda que van a ser artículos programados. También voy a programar algunas fotos con versículos para la página de Facebook. Eso significa que tardaré más de lo normal en contestar comentarios o mensajes. Nos vemos de nuevo en septiembre. ¡Bendiciones!




Un hogar que da vida

26/7/16







La semana pasada estuvimos enfermos en casa. Mi esposo estaba de viaje y yo deliraba de fiebre. Literalmente. Tenía escalofríos incontrolables, palpitaciones y rondaba por la casa sin saber muy bien lo que hacía.

Cuando mi esposo no está los niños suelen dormir conmigo. Estaban los tres en mi cama y llegó un momento en el que me senté a los pies de la cama y comencé a orar y a llorar.

Ahí estaba yo, pensando en qué pasaría si me moría en ese momento, con mis hijos tan pequeños. Lo único en lo que podía pensar era en qué recordarían de mí…

…y no conseguía pensar en nada significativo que ellos pudieran recordar.

Ok, recuerda que estaba delirando de fiebre, ¿sí?

Justo estoy leyendo The life giving home (El hogar que da vida) escrito por Sally Clarkson y su hija Sarah. El año pasado tuve el honor de conocer a Sally en persona durante el intensivo de Ama a Dios Grandemente que hicimos en Dallas, Texas. Durante tres días estuvo llenando nuestro corazón con mucha Palabra de Dios y muchos consejos en cuanto a nuestras prioridades y nuestro ministerio dentro del hogar.

Y, después de haberla conocido un poquito, el libro es muy como ella, muy de velas, té, largas conversaciones y dejar un legado en la vida de otros.

Sin embargo, el libro a veces me deprime un poco. Sally y su familia tienen cientos de tradiciones que hacen continuamente y que involucran desde celebraciones de cumpleaños a desayunos especiales, noches de chicas y chicos, cenas fuera, vajilla fina, flores en la mesa, tés en la mecedora del porche…

O sea, muchas cosas que, aunque quisiera, no podría hacer. No puedo ir a restaurantes, ni pedir pizza los viernes. Mi vajilla es de plástico y las velas… para cuando se va la luz de noche exclusivamente, que hasta eso escasea. Si salgo al porche a ver el atardecer, estaré con mil ojos viendo quién pasa y si dejo una mecedora fuera… a la mañana siguiente te aseguro que se la habrán robado.

Pero eso no quita para que pueda esforzarme un poco más de lo que estoy haciendo en dejar un legado de amor a Cristo y de amor a otros en mi familia.

Porque, ¿sabes cuál es mi problema?

La consistencia.

Tengo ideas más o menos geniales todo el tiempo y hago listas y horarios todo el tiempo para motivarme… pero no siempre funciona.

La semana pasada compartía en Dulce Fragancia una rutina para las vacaciones que quiero hacer con mis hijos. Y la estoy cumpliendo a duras penas. ¿Completa? Un par de días, soy completamente sincera contigo. Lo único que ningún día hemos dejado de hacer es leer e intentar memorizar el versículo por las noches. Con esa sí que se han enganchado bien (y yo también).

Hay días en los que tengo demasiado que hacer, días en los que mis hijos no están de humor, en los que van a casa de algún amiguito… o días en los que simplemente se me olvida.

¿Moraleja?

Debo ser consistente.

Convertir los momentos en tradiciones.

Esforzarme en crear un legado que mis hijos puedan recordar.


Creo que, aunque haya temporadas en las que esas rutinas e intentos de tradiciones no funcionen del todo, tener un plan siempre nos ayudará a ir viendo qué cosas funcionan y qué cosas no.


“Hoy es el día de invertir en la vida de aquellos que amamos, quizás no haya otro momento. Consecuentemente, me he comprometido a expresar mi amor, a tomar la iniciativa de dejar saber a mi familia y a mis amigos que significan mucho para mí y que han hecho una gran diferencia en mi vida. Quiero asegurarme de que comprenden sin ninguna sombra de duda, lo valiosos que son para mí. Quiero hacer esto de manera práctica, con mis acciones y con mis palabras.” – Sally Clarkson, The lifegiving home



Hoy es el día de invertir en la vida de aquellos que amamos.

Eso supone tiempo. Eso supone esfuerzo y eso supone prioridades. Supone decir que no a otras cosas para decir que sí a las personas que más importan en nuestra vida. Porque no tenemos los días contados. Porque no sabemos qué día será el último. Porque nunca es tarde para dejar un legado de amor entre nuestra familia y amigos.

Supone también sacar los ojos de la pantalla. Dejar a un lado la “comunidad virtual” en la que tan cómodas nos sentimos porque podemos exponer solo lo lindo de nosotras mismas y dedicar atención y tiempo a personas reales, a los que ven nuestros momentos buenos de foto en Instagram y nuestros momentos malos de “ni se te ocurra publicar esa foto”.

Proverbios 24:3-4

“Con sabiduría se edificará la casa,
Y con prudencia se afirmará;
Y con ciencia se llenarán las cámaras
De todo bien preciado y agradable.”

Sabiduría. Prudencia. Ciencia. Elementos para edificar una casa, un hogar, una familia.

Un legado.

¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? ¿Qué recordarán tus hijos cuando te hayas ido? ¿Te animas a compartir?

Contenta en Su servicio,

Edurne


Si lees inglés, te recomiendo el libro de Sally y Sarah Clarkson, The lifegiving home, está disponible en Amazon. Y también su sitio web, en el que aportan cientos de ideas para crear un hogar que da vida.



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