En la salud y en la enfermedad

9/12/16



Salmo 90

Señor, tú nos has sido refugio
De generación en generación.
Antes que naciesen los montes
Y formases la tierra y el mundo,
Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
Vuelves al hombre hasta ser quebrantado,
Y dices: Convertíos, hijos de los hombres.
Porque mil años delante de tus ojos
Son como el día de ayer, que pasó,
Y como una de las vigilias de la noche.
Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño,
Acabamos nuestros años como un pensamiento.
Los días de nuestra edad son setenta años;
Y si en los más robustos son ochenta años,
Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo,
Porque pronto pasan, y volamos.
¿Quién conoce el poder de tu ira,
Y tu indignación según que debes ser temido?
Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.


Cuando nos casamos, todos repetimos, de una manera u otra las mismas frases...

...en la riqueza y en la pobreza
...en la salud y en la enfermedad
...hasta que la muerte nos separe


En estos días en los que he estado en mi casa he visto a mi madre cuidar de mi padre. La he visto bañarlo, cambiarlo, afeitarlo. La he visto darle de comer, preparar sus medicinas y peinarlo.

Mi padre ya no puede hacer nada por sí mismo. Apenas habla y da unos pasos. Su cabeza tampoco funciona muy bien ya. Hay veces que no sabe con quién está hablando y otras en las que se empeña en cosas como ponerse los zapatos veinte o treinta veces.

Y mi madre está ahí. Al pie del cañón. Algunos días mejor, otros días peor. A veces con más ánimo, otras sin ninguno.

...en la salud y en la enfermedad.

Hay un artículo sobre este tema que me gustó mucho y que leí en The Huffington Post. Te traduzco algunas partes hoy por si te sirve de ayuda, de ánimo o desafío.


El tiempo, como un arroyo de corriente incesante, pronto nos arrastra a todos. Volamos, olvidados, como un sueño muere al comenzar el día. Oh Dios, nuestra ayuda en los tiempos pasados, nuestra esperanza para los años por venir. Sé tú nuestro guía mientras dure nuestra vida y sé también nuestro hogar eterno.

Nuestro Dios, nuestra ayuda”, verso 4. Himno por Isaac Watts.


El Sr. G. Nos contó la historia de cómo conoció a su esposa más de 72 años atrás. A los 95 años de edad, hablaba de ese día como si no hubiera pasado el tiempo. Y, aunque la memoria de su esposa se va evaporando poco a poco, ambos sonríen al recordarlo. Qué lindo creer que algún día, a los 95, tu pareja pueda, no solo estar viva, sino hablar con admiración y afecto profundos del primer encuentro, décadas atrás.

El Sr. G. dejó claro que su gozo no está limitado al pasado o a cuando ambos eran jóvenes…

…Amar significa sacrificarte por la otra persona. Esta es la mujer que amo. Uno no abandona a alguien a quien ha amado durante 70 años.


Imagino que todos aspiramos a tener un amor que dure. Uno que permanezca firme cuando estemos enfermos, débiles o perdamos la cabeza, cuando esperemos que la memoria de lo que hemos sido triunfe sobre la realidad de aquello en lo que nos hemos convertido.

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Este es un tipo de amor que perdura a lo largo de los años, que permanece firme y estable a pesar de las muchas tormentas de la vida, que se fortalece ante el desgaste de la rutina y prosigue ante viento y marea en las pleamares de la vida.

Ese es el amor que quiero cultivar en mi matrimonio. No puedo pretender que dentro de 40 años la relación de pareja entre mi marido y yo esté fuerte y saludable si no la he cultivado, si no hemos trabajado y nos hemos esforzado por crecer juntos, por superar obstáculos juntos… por vivir juntos.

Los matrimonios fuertes no son aquellos que no tienen problemas, sino los que toman la decisión de enfrentarlos y superarlos juntos.

Dentro de la dureza de la situación de mi padre, es muy lindo ver el cuidado amoroso de mi madre, su atención, su cariño hacia su esposo de 50 años. No sé lo que nos espera a mi esposo y a mí, pero es mi deseo cultivar una relación que nos permita vivir nuestro amor hasta el final…

…en la salud y en la enfermedad
…hasta que la muerte nos separe.

Contenta en Su servicio,

Edurne




Amnesia espiritual

4/12/16







Llevo una semana en España. Los días pasan rápido entre risas, buenos momentos, recuerdos y conversaciones con personas queridas.

Y hoy me di cuenta de que aún no le había dado gracias a Dios por traernos esta Navidad y regalarnos este tiempo con mi familia.

Hubo muchas oraciones, muchas peticiones, muchos “por favor” a la hora de pedir por el viaje y por estar aquí en este tiempo… pero he tardado una semana en dar gracias por el cumplimiento de mis peticiones, en parar, tomar un tiempo y, simplemente, decir “Señor, una vez más, lo hiciste. Gracias.”

En mi vida espiritual lucho con lo que Beth Moore llama “amnesia espiritual”. Soy una experta a la hora de pedirle a Dios todo aquello que necesito o quiero, pero más veces de las que quisiera admitir olvido, como en esta ocasión, agradecer a Dios por Sus muchas bendiciones sobre mi vida.

Muchas veces no somos conscientes de lo que Dios hace.


No somos conscientes de lo que significa que Él responde nuestras oraciones.

No somos conscientes de lo que significa que Él tenga siempre nuestro mejor interés en mente.

No somos conscientes de lo que significa que Dios tenga cuidado de nosotras.

No somos conscientes de lo que significa que todo lo que sucede Dios lo va a usar para nuestro bien y Su gloria.


Por eso solemos olvidarnos de dar gracias, de alabar y adorar a Dios por las bendiciones, por todo aquello que Él hace en nuestras vidas.

Damos por sentado que Dios nos ama tanto que va a hacer aquello que le pidamos y, una vez que concede nuestra petición, pasamos al siguiente elemento de la lista.

Mateo 7:9-11

“¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”

A nuestro Padre Espiritual le encanta darnos cosas bellas, bendiciones, regalos de amor. Y Él se deleita al escucharnos pedir esas cosas. Pero no podemos quedarnos ahí y dejar de agradecerle por tanto que Él nos da.

Santiago 1:17

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”

¿Te sucede también esto de la amnesia espiritual? ¿Por qué cosas le das gracias a Dios hoy?

Contenta en Su servicio,

Edurne



Ester capítulos 9 y 10

25/11/16





Y llegó el día crucial. El decreto promovido por Amán animaba a los persas a atacar a los judíos y quedarse con sus bienes. Pero el segundo decreto promovido por la reina Ester, permitía a los judíos defenderse de cualquier ataque.

Había mucha gente en Persia que odiaba a los judíos y pretendían obtener la victoria sobre ellos, pero en “el mismo día en que los enemigos de los judíos esperaban enseñorearse de ellos, sucedió lo contrario; porque los judíos se enseñorearon de los que los aborrecían.” (Ester 9:1)

Los judíos estaban armados y organizados. Habían tenido 9 meses para prepararse y el Señor les había dado un arma muy poderosa:

El temor de ellos había caído sobre todos los pueblos. – Ester 9:2

Dios había obrado en favor de Su pueblo de manera sobrenatural y había colocado en lo más alto del reino a una reina y a un primer ministro judíos. Había puesto en los enemigos de Israel el temor del resultado de odiar a los judíos. La historia de Amán había corrido como la pólvora y estaba muy presente en la memoria de los enemigos del pueblo de Dios.

Era el mismo miedo que habían mostrado a Jacob en su viaje a Betel (Génesis 35:5), el mismo miedo que había ido por delante de Israel antes de que entraran en la tierra prometida (Deuteronomio 2:25). Rahab les había dicho a los espías que el miedo a Israel había paralizado a las naciones en Canaán (Josué 2:8-11).

Uno de los grandes problemas de nuestro mundo hoy en día es que se ha perdido el temor a Dios.

Romanos 3:18

“No hay temor de Dios delante de sus ojos.

No solo entre los no creyentes, sino también entre el pueblo de Dios.

El temor a Dios protege a aquellos que le honran y creen Sus promesas. Los judíos creyeron el decreto de Mardoqueo, recobraron nuevos ánimos y no tenían miedo a sus enemigos. Antes que el rey Josafat saliera a la batalla, el mensaje de Dios para él fue este:

2 Crónicas 20:20

Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.

Los persas tenían, además, miedo a Mardoqueo. Los príncipes, gobernadores y altos oficiales del imperio persa ayudaron a los creyentes a defenderse contra los ataques (Ester 9:3).

Los cristianos debemos vivir nuestra fe de una manera que el poder de Dios sea manifiesto en nuestra vida. Seguimos teniendo un enemigo poderoso que siempre está presto a destruirnos, un león rugiente buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8).

Cuanto mayor sea nuestra cercanía a Dios, cuanto mayor temor de Dios tengamos, cuanto más confiemos en Sus promesas, menos oportunidades tendrá Satanás para atacarnos. En muchos casos, en lugar de actuar como hijos de Dios, como vencedores, vivimos en derrota.

Debemos ser conscientes de que vivimos en una batalla espiritual continua, pero también de que tenemos las armas dadas por Dios para vencer, para vivir la vida que Él ha planeado para nosotras: la armadura de Dios (Efesios 6:10 y ss.) y la oración y la Palabra de Dios (Hechos 6:4).

Ahora, la pregunta es, ¿estamos viviendo como vencedoras o estamos dejando que el diablo llegue a lo más profundo de nuestro ser, de nuestra mente y de nuestro corazón, llevándonos a vivir en derrota?

Romanos 8:31-34, 38

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.


Si Dios nos dio a Su Hijo, si Dios es el que justifica, si Jesús es quien intercede por nosotras, si la Biblia dice que somos más que vencedoras, ¿por qué no vivimos así? ¿Por qué vivimos agobiadas, estresadas, derrotadas? ¿Por qué decidimos luchar a nuestra manera en lugar de confiar en Dios? ¿En lugar de apoyarnos en Dios?

Santiago 4:7

Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros

El ataque a los judíos fie feroz en Susa, en la capital del reino (Ester 9:6). Quizás esto se deba a que aún había muchos hombres leales a Amán. Incluso sus diez hijos tomaron las armas (Ester 9:10 (y murieron en la horca (Ester 9:13). Que 75.000 persas murieran ese día da cuenta de la gran cantidad de personas que odiaba a los judíos y que quería destruirlos (Ester 9:16).  

Ese día por fin terminó, Dios había llevado al pueblo a la victoria y ahora tocaba celebrar:

Ester 9:18-21

Pero los judíos que estaban en Susa se juntaron el día trece y el catorce del mismo mes, y el quince del mismo reposaron y lo hicieron día de banquete y de regocijo. Por tanto, los judíos aldeanos que habitan en las villas sin muro hacen a los catorce del mes de Adar el día de alegría y de banquete, un día de regocijo, y para enviar porciones cada uno a su vecino.
Y escribió Mardoqueo estas cosas, y envió cartas a todos los judíos que estaban en todas las provincias del rey Asuero, cercanos y distantes,
ordenándoles que celebrasen el día decimocuarto del mes de Adar, y el decimoquinto del mismo, cada año

Como celebración y, sobre todo, como recordatorio de lo que Dios había hecho, Mardoqueo estableció la fiesta de Purim (Ester 9:27-28).

Cuando Dios hace algo en nuestra vida, debemos celebrarlo, recordarlo y contarlo. La fiesta de Purim se estableció para recordar a las futuras generaciones que Dios había salvado a Israel de la destrucción.

Hoy en día, los judíos comienzan la celebración de Purim el día 13 del mes para conmemorar la fecha en la que se firmó el decreto de Amán. Van a la sinagoga y escuchar la lectura del libro de Ester. Cada vez que se pronuncia el nombre de Amán gritan “Que su nombre perezca”. Los niños llevan una carraca especial con la que hacen ruido cada vez que escuchan el nombre de Amán.

En la mañana del día 14, la historia de Ester se lee de nuevo en la sinagoga y la congregación se une para orar. En ese día se celebra en los hogares un banquete especial que continúa hasta el día siguiente. También se envían comida y ofrendas a los pobres y necesitados para que todo el mundo pueda celebrar.

Aquellos que no conocen la historia están condenados a repetirla. Recordar, tanto lo bueno como lo malo, nuestras victorias y nuestros errores nos hace bien, nos ayuda a mejorar, a crecer.

Recordemos lo que Dios ha hecho en nuestra vida hoy ¡seguro tenemos tanto que celebrar! Piensa en todas las cosas que Dios te ha dado, en aquellas de las que te ha librado. Piensa en las situaciones adversas en las que ha estado contigo, en el dolor que te ha ayudado a superar, en esa relación que te ha ayudado a arreglar. Piensa en cómo te ha confortado, en cómo te ha cuidado, en cómo te ha guiado… ¡y celebra!

Filipenses 4:4

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!

Parte de la victoria del creyente de la que hablábamos antes está en la capacidad de poner “al mal tiempo buena cara”, de vivir gozosos y contentos a pesar de las situaciones adversas que puedan venir a nuestra vida, sabiendo que Dios tiene un plan y un propósito determinados para cada uno de nosotros.

Contemos nuestras bendiciones en lugar de nuestros problemas, regocijémonos en el Señor en todo momento y hablemos a otros de lo que Dios ha hecho en nuestra vida.

¿Qué has aprendido tras el estudio del libro de Ester en estas semanas? ¡Cuéntanos!

Contenta en Su servicio,


Edurne