30/9/14

El Dios de la creación








Romanos 1:20

Porque las cosas invisibles de él,  su eterno poder y deidad,  se hacen claramente visibles desde la creación del mundo,  siendo entendidas por medio de las cosas hechas,  de modo que no tienen excusa.

          La creación viva revela la gloria y el poder de Dios. Cuando el mundo y nuestra propia vida parecen escaparse de nuestro control, Dios se asegura de darnos evidencia de que Él está ahí, de que Él es el mismo, de que Él se ha hecho siempre visible a través de Su Creación.

Salmo 19:1-4

Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría.
No hay lenguaje,  ni palabras,  Ni es oída su voz.
Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras.


          Abre los ojos y mira a tu alrededor. Ahí está Dios. Al ver Su creación vemos al Dios viviente.

          Están siendo tiempos duros para mí y mi familia, tiempos en los que lo único que te apetece hacer es tirar la toalla y bajar los brazos. Pero mi Biblia dice que si aparto mi mirada de mí misma, de mis circunstancias particulares y temporales tan solo por un momento, y pongo atención a cada detalle de Su creación, el poder de Dios se revelará ante mis ojos.

          Y lo creo ¡Oh sí lo creo! Necesito creerlo, necesito ver Su mano, Su obra de amor, necesito ver Su poder en acción.

          Él está en el amanecer cada mañana y en la luna plateada cada noche.

          El está en la brisa suave y en el viento impetuoso.

          Él está en cada estrella, en cada nube.

          Él está en cada árbol, en cada flor, en cada brizna de hierba.

          Él está en cada canto de ave, en cada hormiga de tu jardín.

          Él está en cada gota de lluvia, en cada arroyo, en cada ola del mar.

          Él está en el arco iris después de la tormenta.

          Él te ha esculpido en la palma de Su mano (Isaías 49:16), conoce tu nombre, conoce tu vida, sabe perfectamente qué te está sucediendo en este momento.

          Cuando vemos a Dios a través de Su creación, Él se revela dándonos paz. Somos inspiradas a alabarle por   la belleza de Su obra, por Su atención al detalle, por la vida que fluye a nuestro alrededor.

          La próxima vez que estés sobrepasada por tus circunstancias, agotada, con un peso demasiado grande sobre tus hombros, insegura sobre si Dios está a tu lado o no, levanta tus ojos y mira la Creación de Dios. Extiende tu mano y desliza tus manos sobre el mensaje de amor que Dios ha hecho para ti. Céntrate en Aquel que creó el universo y siente Su paz.

          No tienes que mirar muy lejos. Ahí está.

          Contenta en Su servicio,

          Edurne

26/9/14

Por la fe…Abraham









          La fe de Abraham era una fe de obediencia, una fe que no ponía en duda lo que Dios decía, sino que cumplía con todo aquello que el Señor le marcaba aunque no tuviera sentido o no tuviera todos los datos en la mano.



Hebreos 11:8

Por la fe Abraham,  siendo llamado,  obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia;  y salió sin saber a dónde iba.



          Vemos a Dios en Génesis 12:1 ordenando a Abraham (Abram todavía) que deje a su familia y abandone su lugar de nacimiento para ir a un lugar indeterminado, a una tierra que Dios le iba a mostrar. La promesa llega en los dos versículos siguientes: “haré de ti una nación grande,  y te bendeciré,  y engrandeceré tu nombre,  y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren,  y a los que te maldijeren maldeciré;  y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

          Oh sí, la promesa era mayúscula. Dios le dijo a Abraham que haría una nación grande de Él, lo que representaba que le daría un hijo, algo que no había sucedido todavía. Pero para que esta promesa se cumpliera, Abraham tenía que obedecer lo que Dios le había mandado: “deja tu tierra y tu parentela y ve”. ¿A dónde? A un lugar que no conocía y que Dios no le había revelado todavía.

          Y Abraham “se fue como Jehová le dijo” (Génesis 12:4)

          Abraham obedeció por fe. Le costó, tuvo sus luchas y demoras (Hechos 7:2-4), dio vueltas innecesarias que lo único que hicieron fue demorar el plan de acción de Dios en Su vida, pero, al final,  Dios no “recordó” su demora en obedecer, sino que reconoció la obediencia y la fe de Abraham.



Hebreos 11:9-10

Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena,  morando en tiendas con Isaac y Jacob,  coherederos de la misma promesa;  porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos,  cuyo arquitecto y constructor es Dios.

          Abraham vivió como un extranjero, como alguien que vive en un sitio pero sin tener residencia permanente en ese lugar. Los extranjeros, generalmente, se diferencian de los locales en la forma de hablar, de vestir, en sus costumbres… De la misma manera, nosotros somos llamados extranjeros y peregrinos y sabemos que nuestra morada está en los cielos. Una fe que obedece como la de Abraham nos ayuda a obedecer a Dios y vivir de manera diferente a la del mundo. Nos hace diferenciarnos de lo que es “normal” y dirige la atención hacia Dios, no hacia nosotras mismas.



Hebreos 11:11-12

Por la fe también la misma Sara,  siendo estéril,  recibió fuerza para concebir;  y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad,  porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también,  de uno,  y ése ya casi muerto,  salieron como las estrellas del cielo en multitud,  y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.

          Sara era una mujer estéril que se rió ante la promesa de que, en su vejez, iba a tener descendencia (Génesis 18:9-15). Su fe tampoco era perfecta, pero fue evolucionando y creciendo con los años, a medida que crecía su relación con el Señor. Sara creyó en Aquel que había hecho la promesa, en la fidelidad de Dios, sin mirar su edad ni su condición. Dios es fiel. Siempre. Dios cumple Sus promesas. Siempre. Fue eso lo que fortaleció a Sara para concebir: Dios le dio la fuerza, pero Sara tuvo que recibirla por fe.



Hebreos 11:13 – 16

Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido,  sino mirándolo de lejos,  y creyéndolo,  y saludándolo,  y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen,  claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron,  ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor,  esto es,  celestial;  por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos;  porque les ha preparado una ciudad.

          Abraham y Sara no vieron el cumplimiento final de la promesa de Dios, los miles de descendientes ni el nacimiento del Mesías, pero creyeron sin ver. Estaban seguros de que lo que Dios había prometido se iba a cumplir. Dios no se avergonzó de llamarse Dios de ellos, como no se avergüenza de llamarse Dios de todos aquellos que, con valentía, proclaman que creen en Él y que tienen un hogar celestial al que llegar cuando este cuerpo terrenal deje de existir.


Hebreos 11:17-19

Por la fe Abraham,  cuando fue probado,  ofreció a Isaac;  y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos,  de donde,  en sentido figurado,  también le volvió a recibir

          La fe de Abraham era lo suficientemente grande como para saber que Dios era más que poderoso de resucitar a los muertos y de mantener Sus promesas pasara lo que pasara.

          ¿Tanto tiempo esperando que se cumpliera la promesa de un heredero para después sacrificarlo? ¿Cómo podía ser eso? ¿Cómo podía cumplirse la promesa de Dios de una descendencia más numerosa que las estrellas, más abundante que los granos de arena en el mar si el hijo a través del cual esa promesa tendría cumplimiento moría? Abraham no sabía cómo Dios iba a salvar a su hijo, pero confiaba en la capacidad de Dios  de levantar a Isaac de entre los muertos. No estaba dispuesto a dejar de confiar en Dios por no saber la manera en la que Dios iba a actuar o cuál era el plan.

          Y muchas veces eso es lo que nos frena a nosotras. Queremos saber el plan de Dios al detalle, queremos tener algún tipo de control sobre las cosas, conocer qué va a venir después, dar el paso de fe con una red de seguridad debajo. Y nos cuesta obedecer aquellas cosas que Dios demanda de nosotras claramente porque no conocemos las razones, los tiempos ni los modos en los que Dios va a actuar y fallamos en creer no sólo la promesa que Él nos da, sino en confiar en Aquél que promete.

          Cuando Abraham se enfrentó a una promesa y a una orden de Dios que parecían ser totalmente contradictorias, hizo lo que todos deberíamos hacer: obedeció la orden y dejó a Dios que se ocupara de cumplir la promesa.


          Abraham daba el valor correcto a las promesas de Dios, no dando lugar a la duda, al cuestionamiento, ni al razonamiento humano. Tenía una fe que obedece. ¿Es así tu fe? ¿Haces aquello que Dios te dice en obediencia o cumples sólo aquellas cosas que puedes “controlar”? ¿Qué te está diciendo Dios que hagas en este momento? Obedece por fe y confía en que Dios es poderoso para cumplir Sus promesas en tu vida.


          Contenta en Su servicio,

   Edurne





19/9/14

Por la fe…Noé







Hebreos 11:7

Por la fe Noé,  cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían,  con temor preparó el arca en que su casa se salvase;  y por esa fe condenó al mundo,  y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.


Noé es la imagen de alguien que ha dado testimonio del Señor durante tiempos difíciles; alguien que ha vivido a través de esos tiempos fielmente, resistiendo hasta el final. 

Dice Génesis 6:5 que “la maldad de los hombres era mucha en la tierra y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. Y Dios se cansó de ver la maldad de los hombres, de ver cómo el pecado los consumía y dijo: “raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado” (Génesis 6:7).

Pero…

…pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová (Génesis 6:8)

De entre todos los hombres que habitaban la tierra en ese momento, tan solo había uno que se destacaba y que no participaba del pecado generalizado de su generación. Génesis 6:9 describe a Noé como un varón justo, perfecto en sus generaciones y dice que Dios caminó con Noé.


Noé creyó en Dios en su vida ordinaria. Es fantástico tener fe cuando nos enfrentamos a las pruebas, pero es esencial tener fe para nuestra vida diaria. ¿Tienes fe en Dios en tu vida diaria? ¿Tienes fe en lo que Dios va a hacer contigo y con tu familia, con tu vida? ¿Tienes fe en la providencia, en el cuidado, en la provisión de Dios? ¿Tienes fe en el Dios que cumple Sus promesas, en el que contesta tus oraciones? La fe debe ser un continuo en nuestras vidas, no algo ocasional.


En este capítulo 6 de Génesis Dios comienza un diálogo con Noé en el que le dice, básicamente, que ya no soporta seguir viendo la corrupción de la tierra, que ha decido destruirlo todo yo comenzar de nuevo y que quiere que Noé haga un arca de madera para que se salven él, su familia y una pareja de cada animal. Dios da órdenes precisas a Noé sobre cómo debe ser construido ese arca.

Leyendo de nuevo la historia de Noé pienso qué pasaría por mi cabeza si Dios llega mañana y me dice: “voy a destruirlo todo, vas a hacer un arca así y así”. No sé tú, pero ¡yo creo que me desmayaría ahí mismo!

Y algo que me llama la atención es que Noé hizo todo, tal y como Dios le había dicho que lo hiciera (Génesis 6:22; 7:5; 7:9; 7:4). Sin preguntar, sin cuestionar, sin pedir explicaciones, obedeció a Dios al pie de la letra y con prontitud.

Dios habló con Noé de algo que no había pasado nunca. Su fe se mostró no solo en aceptar que el diluvio vendría y que la tierra iba a ser destruida, sino en hacer todo lo que Dios le dijo le había dicho que hiciera. Y Noé lo hizo movido por su temor de Dios y por su confianza en Él.


Noé creyó lo que parecía improbable, si no completamente imposible. No hay mar en el lugar en el que vivía Noé. Él tenía que construir un arca que flotaría en el mar o en una gran masa de agua, algo que no había en ningún lugar cercano a donde vivía. ¿Cómo lo llevaría al agua? ¿Cómo haría que flotara? ¿Imaginas las burlas de la gente al ver que estaba construyendo un arca que, aparentemente, no servía para nada?


Pero Noé sabía que eso había sido lo que Dios le había encomendado y que Dios no se equivoca. ¿Alguna vez  has sentido que Dios te ha llamado a hacer algo pero lo has desechado porque “no es tu estilo” o porque “no sirves para eso” o porque “no va con tu estilo de vida”? Noé tuvo fe en lo que Dios dijo, creyó en algo que parecía imposible. 

“La fe que cree lo probable, es la fe de todo el mundo. La fe que cree lo probable confía parcialmente en el Señor y parcialmente en sí misma. Pero la fe que no se preocupa por lo posible ni lo probable y que descansa únicamente en la Palabra de Dios, es la fe que actúa cuando Dios habla.” – Spurgeon


La fe de Noé es una fe práctica, una fe que se pone manos a la obra, una fe que nos empuja a la acción. La fe verdadera siempre va a buscar hacer algo, tal y como vemos continuamente el libro de Santiago:


Santiago 2:17

“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”

No somos salvas por las obras, sino por la fe. Pero esa fe debe motivarnos a hacer. Podemos decir que una fe viva se acompaña por obras. No podemos ver la fe de alguien, pero sí podemos ver el resultado de esa fe a través de sus obras.


¿Tus obras están mostrando tu fe en Cristo? ¿Qué puedes hacer? ¿Cómo puedes vivir tu fe, en qué cosas puedes involucrarte para servir a Dios? Poner nuestra fe en práctica no siempre es fácil, pero sin duda, como creyentes, tenemos que mostrar nuestra fe a través de nuestras obras de la misma manera que hizo Noé.



Contenta en Su servicio,

Edurne