31/10/14

Un niño debería poder ir a la escuela






          El título parece de Perogrullo que diría un maestro de mi infancia ¿verdad? ¡Obviamente que un niño debería tener la posibilidad de ir a la escuela! Desgraciadamente, en este mundo hermoso pero medio loco en el que vivimos, hay muchos niños que no cuentan con esa posibilidad.

          Entre ellos están estos niños en Anse-à-Pitres, Haití.




          Y hoy quiero pedirte que ores para que estos niños puedan ir a la escuela. Más aún, que ores para que veas en tu corazón si Dios quiere usarte a ti para que estos niños puedan ir a la escuela.

          Verás, internet me ha dado la enorme posibilidad de conocer a personas maravillosas. Una de esas personas es Chela, déjame hablarte un poco sobre ella:

          Chela es una mujer portorriqueña con tres hijos y seis nietos,  una mujer que a la edad de 48 años fue llamada por Dios a las misiones. Su hija y su yerno fundaron una ONG llamada “Planeta Feliz”, que tiene como objetivo el de hacer precisamente eso, un planeta que sea feliz. Para ello trabajan con diferentes organizaciones, iglesias, compañías y voluntarios que los han ayudado a llevar a cabo proyectos en diferentes países, entre ellos Haití. Desde el 2012, Chela está en Anse-à-Pitres, Haití,  colaborando con ellos. “Colaborando” se queda un poco corto me temo…

          Estas tierras, su gente, sus playas conquistaron mi corazón. Mi llamado es a evangelizar, enseñar, colaborar con la iglesia establecida y su pastor. Cuando estás en el campo y ves tanta necesidad, haces de todo... hasta de enfermera, madre, consejera, maestra, predicas, sirves en lo que Dios ponga en tus manos...”

          Ese el corazón de Chela.

          Ella tiene entre manos un proyecto que se llama “Adopta a un niño en Anse-à-Pitres”…

“Haiti aun siendo uno de los países más pobres de la región, es de admirar el deseo cada vez mayor de educarse. Anse-a-Pitres, al sudeste de la isla y donde trabajo, no es un pueblo grande pero hay muchas escuelas privadas. También hay escuelas del Gobierno, pero cobran por la enseñanza: unos 1,000 pesos dominicanos al año más el uniforme y los libros. 

Las escuelas privadas se originaron con las organizaciones que han llegado, muchas religiosas, para mejorar la calidad de la enseñanza, enseñando valores, inglés y francés. Ahora, por lo que he ido comprobando, casi todas las iglesias también tienen sus escuelas, incluida en la que trabajo como misionera, la Eglise Evangelique de Dieu con el pastor Marc Salveus. La ecole (escuela) se llama Le Noyau Du Savoir. Para este año escolar cuenta con una matrícula de 93 niños y niñas. El año escolar 2014-2015 cuesta 3,500 pesos dominicanos (unos US$75.00). Con ese dinero se da trabajo a varios maestros, siendo una fuente de empleo para esta zona.

La ONG Planeta Feliz provee del material escolar, pero no nos alcanza para cubrir todos los gastos de la escuela. Con el sistema de becas, las familias pagan solamente 500 pesos y la beca cubre los 3,000 restantes, que equivalen a esos US$75.

Este año le pedí al pastor Marc que me identificara diez de las familias más pobres (¡aunque son muchas más!) para iniciar el Proyecto “Adopte un Niño en Anse-à-Pitres “. La pobreza es extrema, la miseria más, pero escuchar a esos niños decir que quieren aprender pero no tienen con qué, me rompió el corazón. Sobre todo cuando te escriben notas pidiendo ayuda para estudiar, ¿quien se resiste a esto? La intención del proyecto es no solo que puedan cubrir esos US75$ por niño para cubrir su año escolar completo, sino también que haya personas que se puedan involucrar con los niños y sus familias, conocerlos, orar por ellos, intercambiar cartas, fotos…”


          75 dólares hacen la diferencia en la vida de estos niños: la diferencia entre poder escolarizarse o no…y esa es una gran diferencia. La ayuda para estos niños debe llegar antes del 16 de noviembre. Así que te pido que puedas orar y compartir este artículo para que todas las personas posibles conozcan el proyecto en Anse-à-Pitres. No sabemos de qué forma Dios va a obrar, pero confiamos en que use personas para marcar esa diferencia en la vida de estos niños.




          Si el Señor pone en tu corazón ofrendar esos 75 dólares para la beca escolar de un niño, o 20, 10, ¡5 dólares! para colaborar en una beca, por favor, ponte en contacto con Chela a través de su email: mmtorova@gmail.com

          Sé que los tiempos son malos y que muchas de nosotras estamos pasando por grandes dificultades económicas, pero la oración es gratis ¿podrías usar algo de tu tiempo hoy para orar por estos diez niños y sus familias? ¿Por la escuela y la obra en Anse-à-Pitres y en todo Haití? ¿Por Chela, para que el Señor renueve sus fuerzas cada día en su servicio a Él? Quizás no seas consciente, pero tus oraciones, también marcan una enorme diferencia.

Contacta con Chela -

Información ONG Planeta Feliz -


          Contenta en Su servicio,

          Edurne.


29/10/14

Así nos ha amado Dios





          El fondo de pantalla de mi computadora es este versículo:




          Ayer estaba en la computadora y mi hijo Yennixon estaba conmigo. Tiene 7 años y está en 2º grado, así que está en esa etapa en la que lee absolutamente todo lo que tiene delante, desde carteles, hasta etiquetas, cualquier cosa que tenga letras. Comenzó a leer el versículo en voz alta y lo leyó varias veces. Se quedó pensando y me preguntó “Si Dios nos ha amado así… ¿así cómo mami?”.

          ¡Oh música para mis oídos! Tener la oportunidad de hablar con mi hijo sobre el amor de Dios siendo él mismo el que se interesa es algo que hay que aprovechar, así que rápidamente dejé lo que estaba haciendo, agarré mi Biblia y nos pusimos a hablar. Después de esa charla me quedé pensando en el versículo. ¡No es la primera vez que una conversación con Yennixon me deja pensando en algo! Y, en la noche, con todos acostados, regresé a ese pasaje para estudiarlo un poco más. Hoy tan solo quiero compartirte algunas notas que tomé pensando en el “¿así  cómo?” de mi hijo.

          Amados, si Dios nos ha amado así…

          La respuesta la encontramos en los versículos anteriores:

1 Juan 4:9-10

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros,  en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo,  para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios,  sino en que él nos amó a nosotros,  y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.


          El amor de Dios es así, tan inmenso, tan poderoso, tan fuera de este mundo, que envió Su Hijo unigénito para que vivamos por Él; que envió a Su Hijo Jesucristo en propiciación por nuestros pecados.

          Así es el amor de Dios. Yo como madre, preferiría arrancarme la piel poco a poco con mis propios dientes antes de permitir que algo malo les sucediera a mis hijos. Y sin embargo Dios me amó así, con tal intensidad como para que Jesús sufriera y fuera crucificado en una cruz cargando los pecados del mundo sobre Sus hombros.

          Así es el amor de Dios.

          El amor de Dios no se define únicamente por el sacrificio de Cristo, sino por la entrega del Padre, por el sacrificio de Dios Padre al dar a Su Hijo como sacrificio vicario por nuestros pecados. La “propiciación” tiene la idea de un sacrificio que apacigua la ira de Dios, ira de la que nuestro pecado nos hacía merecedoras.

          Así es el amor de Dios.



          Si Dios hubiera enviado a Jesús solamente a enseñarnos sobre Sí mismo, eso hubiera sido más de lo que merecíamos. Si Dios hubiera enviado a Jesús solamente para que lo tuviéramos como ejemplo de vida, eso hubiera tenido un valor inestimable. Pero, la maravilla de Dios es que Él envió a Su hijo para morir y salvarnos de nuestro pecado” – Boice.



          Así es el amor de Dios.

          Dios dio a Su Hijo Unigénito, a la Segunda Persona de la Trinidad para morir y para morir por pecadores. Podemos pensar en alguien que pague un alto precio por salvar a alguien noble, a alguien que lo merezca, a alguien bueno… Pero Dios lo hizo por los pecadores, por los rebeldes, por los que le volvieron la espalda.

          Así es el amor de Dios.

          Y si el amor de Dios es así, si realmente comprendemos la profundidad, la intensidad, el tamaño del amor de Dios por nosotras… entonces ¿por qué nos cuesta tanto cumplir con la segunda parte del versículo de 1 Juan 4:11?

          Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también amarnos unos a otros.

          Debemos también amarnos unos a otros.  ¿Cómo no hacerlo si tenemos ese amor del Padre y ese amor del Hijo que nos libró de la muerte eterna, ese amor que se entregó todo, completamente, ese amor que sufrió lo indecible por quienes no lo merecíamos? Es simple y sencillo. Si Dios nos amó así, debemos, es nuestra obligación, amarnos los unos a los otros. No porque los demás lo merezcan más o menos, no porque los demás sean mejores o peores, no porque los demás tengan buenas intenciones o no…sino como respuesta al amor de Dios por nosotras.

          La manera apropiada de responder al amor de Dios es amarnos los unos a los otros, es poner en práctica el amor con el que tenemos al lado, con el que no nos cae bien, con el que no conocemos, con todos.

          Si no nos amamos unos a otros, ¿cómo podemos decir que hemos recibido el amor de Dios y que hemos nacido de nuevo a través de Jesucristo? Dios pone Su amor en nuestras vidas para que podamos sobreabundar y dar y dar y dar y dar amor sin cansarnos.

          Porque así es el amor de Dios.



          Contenta en Su servicio,

   Edurne


27/10/14

Invencible, una historia sobre el perdón







          Soy una enamorada de la historia (oh, vamos, a estas alturas sabes de sobra que soy un poco “nerd”!!) y me apasiona en forma especial el período de la Segunda Guerra Mundial. Este fin de semana estaba leyendo la historia de Louis Zamperini y me gustaría compartirla contigo.



          Louis Zamperini nació en Olean, Nueva York, el 17 de enero de 1917. Siendo apenas un bebé, su familia se trasladó a Torrance, California. Ni él ni su familia (sus padres eran italianos) hablaban inglés, por lo que tuvo una infancia dura en el colegio. Para evitar problemas en la escuela, Zamperini se metió en el equipo de atletismo, deporte que continuó practicando en el instituto. Con 19 años, consiguió clasificarse para los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. En 1941 se enroló en el Ejército y fue enviado al escenario del Pacífico, donde serviría como teniente en un bombardero de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.  Su avión fu derribado y pasó 47 días en el mar junto a otro de los tripulantes del avión hasta que fueron detenidos por un buque japonés, enviándolos a un campo de prisioneros.

          Zamperini cayó en las manos de Matsuhiro Watanabe, un guardia que tenía fama de sádico y que estaba en la lista de los criminales de guerra más buscados por Estados Unidos. Watanabe sometió a Zamperini a fuertes torturas. Finalmente, regresó a los Estados Unidos como un héroe en 1946. Contrajo matrimonio, pero sufría de un fuerte estrés post traumático y tenía problemas con el alcohol.

  

        En 1949, Louis Zamperini conoció a Jesucristo en una campaña evangelística de Billy Graham. Desde ese momento, entregó su vida al Señor y dejó que fuera Él quien sanara sus heridas. Zamperini colaboró estrechamente con Billy Graham e incluso regresó a Japón como misionero. Estando allí en 1950 pudo conocer a algunos de sus guardias durante su cautiverio. Cuando los vio, reaccionó abrazándolos como signo de perdón, y algunos de ellos llegaron a los pies de Cristo gracias a su testimonio. En 1998, Zamperini fue relevista de la antorcha olímpica con motivo de los Juegos Olímpicos de Invierno en Nagano, Japón. Zamperini murió este mismo año, en julio, a los 97 años de edad. Dedicó gran parte de su vida a proclamar el perdón, a dar charlas, seminarios, a predicar el Evangelio, a contar a todo aquel que quería escucharle que es posible perdonar a través de Cristo.

          Su historia fue escrita por una de mis autoras favoritas, Laura Hillenbrand, que publicó en 2011 su libro sobre Zamperini, Unbroken, traducido al español como Invencible. Este diciembre incluso van a estrenar una película basada en el libro y dirigida por Angelina Jolie.

          He querido traerte esta historia hoy porque creo que uno de los más grandes frenos que tenemos como creyentes es la falta de perdón.

          Y prácticamente todas nosotras luchamos o hemos luchado en algún momento de nuestras vidas con la falta de perdón ante agravios graves o leves que hemos sufrido por parte de otras personas.

          En el fondo, no nos damos cuenta de que la falta de perdón nos afecta a nosotras mismas más que a aquellos a los que no perdonamos. Hay estudios que dicen que la falta de perdón incluso nos afecta de forma física, haciéndonos más propensas a sufrir enfermedades. Y, sobre todo, bloqueando nuestra vida espiritual. Cuando Dios te perdonó, perdonó todos y cada uno de tus pecados, todas y cada una de tus ofensas. No se guardó ninguna, no te guardó rencor por nada de lo que tú hicieras, no dijo te perdono esta, pero esta otra me la guardo. Si el Dios del Universo no lo hizo así con nosotras, ¿Quiénes somos nosotras para no perdonar a otra persona de carne y hueso igual a nosotras? ¿Nos creemos más que Dios? ¿Nos creemos con más derechos que Dios? ¿O simplemente no nos damos cuenta de que buena parte de “negarnos a nosotras mismas, tomar nuestra cruz cada día y seguir a Jesús” (Lucas 9:23) pasa por perdonar a aquellos que nos han hecho daño, a los que nos han ofendido, a los que nos han humillado y maltratado?


Colosenses 3:12-13

Vestíos,  pues,  como escogidos de Dios,  santos y amados,  de entrañable misericordia,  de benignidad,  de humildad,  de mansedumbre,  de paciencia; soportándoos unos a otros,  y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro.  De la manera que Cristo os perdonó,  así también hacedlo vosotros.


          La historia de Louis Zamperini me inspira a examinar mi corazón y ver si hay falta de perdón contra alguien…Pero más me inspira ver a Jesucristo en esa cruz, pagando por mis pecados, llevando el peso de mi iniquidad sobre sus hombros. Espero que también tú puedas examinar tu corazón y perdonar a aquellos que te hayan hecho daño de la misma forma que Cristo te perdonó a ti. 


          Contenta en Su servicio,


          Edurne