Onesíforo, el MInisterio del Ánimo

12/4/11



“Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló. Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto más nos ayudó en Éfeso, tú lo sabes mejor”
 2 Timoteo 1:16-18

         Apenas conocemos nada sobre Onesíforo, sólo lo que nos dice este pasaje. Sin embargo, nos quedamos con las ganas de conocer más sobre este hombre que removió cielo y tierra para llegar a ver a Pablo en prisión y llevarle una palabra de aliento.
         Cuando Pablo escribe la segunda carta a Timoteo está encarcelado en una prisión de Roma. La misma carta cuenta cómo sus amigos y compañeros le habían abandonado cuando cayó preso  por causa del Evangelio. El versículo 15 habla específicamente de Figelo y Hermógenes, pero Pablo hace mención de “todos los que está en Asia”, por lo que sabemos que fueron más de esos dos quienes abandonaron al apóstol a su suerte y se regresaron a Asia tras el encarcelamiento de Pablo.
         No fue el caso de Onesíforo; en el versículo 18 Pablo dice que éste (y según el v. 17 también su familia) fue de gran ayuda en Éfeso, lugar del que era originario o al menos, en el que vivía. No sabemos exactamente por qué fue a Roma,, quizás era un comerciante y cuando llegó a la capital del Imperio a vender sus productos fue a ver a Pablo. Muy personalmente tiendo a creer que Onesíforo fue a Roma exclusivamente a saber de Pablo, a averiguar cuál había sido su destino y a darle, una vez más, su apoyo, ayuda y aliento.
         Sea como fuere, al estar en Roma tuvo que “buscar solícitamente” a Pablo de calabozo en calabozo hasta que lo halló. Y no le hizo una visita y se fue, sino que confortó a Pablo “muchas veces”. Al decir que no se avergonzó de sus cadenas podemos leer entre líneas y decir que Onesíforo se enfrentó probablemente a burla, escarnio e incluso peligros por querer estar cerca de Pablo. Eso es un amigo ¿verdad?
         Nosotros, generalmente, nos tomamos muy a la ligera eso de animar a otros. Hacemos un par de visitas, un par de llamadas, oramos unos días por una u otra persona...
          Y sin embargo Dios pone a nuestro alcance un lindo ministerio que pocas veces se tiene en cuenta, el ministerio de animar a otros, de apoyar al hermano, de dar aliento en el momento preciso, de orar constantemente por otra persona y de tener, en definitiva, una preocupación genuina, verdadera, por lo que le pasa al otro.         Ocupar tiempo en animar a otras personas es poner en práctica el mandamiento divino de amarnos los unos a los otros. Cuando dedico mi tiempo a buscar cuál es la necesidad de la persona que tengo al lado e intento suplirla, me acerco en gran medida al corazón de Dios y a lo que Él desea para sus hijos.

¿Cómo puedo animar a otros?

Ë Con mis palabras -



Proverbios 12:25 “La congoja en el corazón del hombre lo abate; mas la buena palabra lo alegra”



         Pocas cosas hay mejor que una palabra a tiempo. Todos los días tenemos la oportunidad de hablar con un hermano, de animarlo, de alentarlo con nuestras palabras, de compartir un versículo; podemos contarle una bendición o una prueba, las personas pasamos por las mismas cosas. Podemos hacer una llamada telefónica, mandar un mensaje, escribir una nota, acercarnos a alguien nuevo en la iglesia.
         La Biblia dice que la buena palabra alegra el corazón del hombre, ¿y qué mejor palabra que la Palabra de Dios? Compartámosla con otros.
         Que de nuestra boca salga bendición, no maldición. Si vemos la falla en el hermano hablemos con amor, sin reproche. Aprovechemos esa situación para animarlo y ayudarlo.
        
         Priscila - Hechos 18:24-26
          Eso era lo que hacía Priscila junto a su marido Aquila. Hechos 18 nos cuenta cómo los dos tomaron en privado a Apolos para “exponerle más exactamente el camino de Dios” es decir, para corregir ciertas cosas que Apolos decía. Y tal y como lo dice la Escritura no creo que usaran el reproche o que ridiculizaran a Apolos porque sabía menos que ellos. No, seguro que lo hicieron con amor.
         Ella animaba a otros con sus palabras, palabras sabias, adecuadas, atinadas y llenas de amor. Después de las conversaciones en privado con Apolos la Escritura nos muestra cómo el Señor le utilizó grandemente y por medio de él muchos se convirtieron y conocieron el Evangelio de la Salvación. Eso fue posible gracias a unas palabras dichas en el momento adecuado y de la forma adecuada.

Ë Con mi presencia -


Hechos 15:36 “Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor para ver cómo están”


          Pablo sabía lo importante que era su presencia al lado de esos nuevos creyentes. Cuando las palabras se nos agotan o cuando hay situaciones en las que no sabemos qué decir nuestra presencia puede animar al hermano. A veces un abrazo, una sonrisa, tomar a alguien de la mano ayudan más que un discurso.
         Hay personas que no pueden ir a la iglesia porque están enfermas, porque son ancianas, porque viven en un entorno inconverso... Hagamos que la iglesia llegue a esas personas. Vayamos a verlas, compartamos el sermón del domingo, el estudio que dio tal o cual hermano.
         Debemos sacar tiempo para visitar a nuestros hermanos. Que nuestra presencia sea constante en el hogar de nuestros hermanos. Y que podamos abrir nuestro hogar, por humilde que sea, a la visita de otros.

         Dorcas - Hechos 9:36-41

         Casi puedo ver a Dorcas en mi mente, en un día soleado y cálido de verano en su casa en Jope, cerca de Jerusalén. La veo con la puerta de su casa abierta para que entre la brisa del mar y siento que se mezclan los olores del azahar de los naranjos y del jazmín. La veo cosiendo, pero no está sola. Estoy segura de que Dorcas era una mujer que abría su casa a la visita de otras y que ministraba mientras cosía. Imagino cómo iba de casa en casa entregando sus vestidos, sus túnicas y hablando con la gente. Era una mujer que atendía a las viudas, que son las que, llorando, avisan a Pedro para que vaya de Lida a Jope; se ocupaba de los más necesitados dando limosna y, como dice la Biblia, “abundaba en buenas obras”. Abundar en buenas obras no puede hacerse desde casa. Hay que salir, visitar, estar pendiente. Estoy segura de que era lo que hacía Dorcas, por eso su muerte dejaba un vacío tan grande en esas mujeres que suplicaron a Pedro para que éste hiciera algo. Su presencia era fundamental en la vida de muchas personas.

Ë Con mis plegarias -


Romanos 15:30 “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios”


         Pablo ruega a sus hermanos que lo ayuden orando por él. A veces es lo único que podemos hacer por otros ¡Pero qué importante es que oremos unos por otros!
         Ayudemos a nuestros hermanos rogando a nuestro Señor por ellos, intercediendo por ellos, por sus necesidades. Oremos para que Dios nos permita suplir esas necesidades. Sabemos que no es suficiente con decirle al hermano “voy a orar por ti”, debemos buscar la forma de suplir las necesidades de otros y es responsabilidad nuestra orar para poder hacerlo.

         Ana la profetisa - Lucas 2:36-38
         Ana llevaba viuda 84 años. Y gran parte de ese tiempo lo dedicó a orar. La Biblia dice que no se apartaba del templo de noche ni de día. Su servicio, es decir, su ministerio era la oración. Vemos una vida de fidelidad en la oración. Ana ayunaba y oraba, se presentaba a Dios dándole gracias a la misma hora todos los días ¡Durante 84 años! A veces nosotras tomamos muy a la ligera eso de orar por otros.   E incluso decimos “voy a orar por ti” o “estoy orando por ti” y no lo hacemos o lo hacemos durante un tiempo hasta que nos olvidamos o ya no nos impacta tanto la necesidad del hermano por el que estábamos orando o aparece otra persona con otra necesidad que nos impacta más.
         Orar por otro es una gran responsabilidad que no puede tomarse a la ligera y tirne doble beneficio. El primero es que hay alguien intercediendo al Señor por tu vida y el otro es el ánimo que te da saber que alguien está orando por ti fielmente.

         ¡Ojalá más personas tomaran el compromiso de ministrar a la manera de Onesíforo! Qué bendición para una iglesia tener a unos cuantos Onesíforos que se preocupen por sus hermanos y estén siempre dispuestos a dar una palabra de ánimo, de tender una mano amiga que nos ayude a seguir adelante.
Les desafío a que animen a otros por medio de sus Palabras, por medio de su Presencia y por medio de sus Plegarias. Marquen la diferencia. Oremos por una iglesia de Onesíforos cuya meta sea seguir con el hermoso mandato que Dios nos deja en Romanos 12:15:



Romanos 12:15 “Gozaos con los que se gozan, llorad con los que lloran”

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