¿Mariposa, botánico o abeja?

Contemplando la naturaleza, una sabia maestra se fijó en un hermoso jardín. Mientras olía las maravillosas fregancias de las flores y era absorbida por la belleza del jardín, vio una mariposa que iba de flor en flor.  Pasó un par de segundos en una rosa, después fue a una margarita y, finalmente, se posó en un girasol. La mariposa no sacaba ningún provecho de ninguna de esas flores. Después, la maestro vio a un botánico con un gran cuaderno de notas y una lupa en si mano. El botánico iba observando cada flor y llenaba su cuaderno de notas. Tras horas de meticuloso estudio, la mayor parte de lo que había aprendido estaba en ese cuaderno cerrado y olvidado.
Después, la sabia maestra observó a una pequeña abeja. la abeja entraba en una flor, desaparecía de la vista por un momento y emergía llena de polen. Había dejado la colmena vacía, pero iba a regresar llena y, al hacerlo, compartiría su abundancia. Con ese polen, se haría dulce miel para mantenerse ella y las otras abejas de la colmena.
La sabia maestra entonces pensó que algunas personas son como las mariposas, que van de maestro en maestro, de seminario en seminario, de libro a libro. Están tan ocupadas y gastan tanta energía en cosas insignificantes que no les sirven realmente, porque no ponen su corazón en lo que hacen. No cambian, están contentas sólo con “hacer por hacer”. Otras, como el botánico, pueden estudiar las cosas con gran profundidad, pero nunca aplican a sus vidas lo que han aprendido. Se contentan con estudiar, saben mucho, pero reciben poco beneficio de ello. Al buscar simple conocimiento, no se ven afectados por lo que van aprendiendo.
Nuestras vidas serían muy diferentes si pudiéramos aprender de la abeja, visitando cada flor con propósito y pasión. Perdernos a nosotras mismas, entregarnos con todo el corazón, aprovechar cada oportunidad para enriquecer nuestras vidas y sacar provecho de todo lo que hagamos. Pasar a la acción.
Darnos a nosotras mismas abundantemente para que otras puedan también salir beneficiadas y bendecidas.
¿Cómo crees que esa sabia maestra vería tu vida?
¿Como la de una mariposa, la de un botánico o la de una abeja?  
“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.” Santiago  1:22-25

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