Serie - El Fruto del Espíritu / 7 - Bondad

16/6/11





 “Porque tú eres bueno
Porque para siempre tu misericordia es
Y cada mañana al despertar
Sé que en ti puedo confiar
Me sostienes por tu gran fidelidad”

          ¡Definitivamente Dios es bueno! Como hemos visto hasta ahora en las demás características del fruto del Espíritu, la fuente de todo, en este caso la fuente de la bondad es Dios. ¿Aún tiene alguna duda de que Dios es bueno? Veamos sólo unos pocos versículos que hablan sobre la bondad de Dios:

Salmo 25:8 – 9 “Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio y enseñará a los mansos su carrera”
Salmo 100:5 “Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia y su verdad por todas las generaciones” (Salmo 106:1, 107:1, 118:1, 136:1)
Salmo 119:68 “Bueno eres tú y bienhechor; enséñame tus estatutos”
Lamentaciones 3:25 “Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca”
Nahúm 1:7 – “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en Él confían”
Salmo 31:19; Salmo 68:10; 2 Crónicas 6:41

          Sea lo que haya pasado en su vida, sea que haya pasado o esté pasando por problemas, por pruebas, que esté afrontando la pérdida de un ser querido, un cambio drástico en su vida personal o profesional… por favor, no dude de la bondad de Dios. No dude de que “todas las cosas nos ayudan a bien” (Romanos 8:38). Nuestro Padre Celestial es bueno, es recto, es, como veíamos en el capítulo anterior, misericordioso. Además, su bondad es eterna, es “para siempre”.

          Desde que Adán y Eva desobedecieron a Dios en el Huerto del Edén, todas nosotras somos capaces de diferenciar entre las cosas que son buenas y las cosas que son malas (Génesis 3:22). En consecuencia, todas somos capaces de llevar a cabo tanto actos de bondad como actos de maldad. Ahora bien, como hijas de Dios somos llamadas a tener la mayor cantidad posible de buenos actos en nuestro caminar diario y, está demás decir que nuestras buenas acciones deben superar (¡con creces!) a las malas.

          Nuestra vieja naturaleza nos hace inclinarnos al mal y a veces perdemos la batalla, pero es nuestro deber intentar, por todos los medios, vencer esa naturaleza pecaminosa y seguir el camino de la bondad, de las buenas obras que Dios ha preparado para cada una de nosotras (Efesios 2:10) El apóstol Pablo explica claramente esta confrontación en Romanos 7:15-25. Es, sin duda,  una lucha difícil, pero una batalla que, en Jesucristo, tenemos ganada: “Gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”  1 Corintios 15:55-57; “somos más que vencedores” Romanos 8:37; “mi poder se perfecciona en la debilidad” 2 Corintios 12:9-10; “¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” 1 Juan 5:4-5. Romanos 12:21 dice: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”.

          Nuestra mente debe estar, por tanto, concentrada en Dios, que es la fuente de toda bondad y en Su Palabra, que nos ayuda a aferrarnos a la senda del bien (Nehemías 9:13; Salmo 119:39; Romanos 7:12). Debemos “procurar el bien” (Proverbios 11:27), “pensar el bien” (Proverbios 12:20), “perseverar en hacer bien” (Romanos 2:7).

         Más aún, la bondad es la parte del fruto del Espíritu que nos hace entrar en acción. El término griego para bondad, agayosunh  /agazosíne/, es una palabra que indica movimiento, un término que expresa “celo por hacer cosas buenas”. Es, por tanto, la descripción de actos deliberados de bondad puestos en práctica. La bondad al modo de Dios es algo más que excelencia de carácter o una cualidad moral, es detenerse a pensar, planificar y ejecutar buenas obras para beneficiar a otra persona. Proverbios 3:27-28 dice: “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo qué darle”. En Gálatas 6:9-10 leemos: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos y mayormente a los de la familia de la fe”. Por si esto no fuera suficiente, ¿sabe lo que dice Santiago 4:17? “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” ¡Pecado! ¡No hacer el bien cuando tenemos oportunidad es pecado!

          Pablo le dice a Timoteo que debemos ser “ricos en buenas obras” (1 Timoteo 6:18-19), le dice a Tito que sea “ejemplo de buenas obras” (Tito 2:7); El escritor a los Hebreos dice que “no nos olvidemos del bien y de la ayuda mutua” (Hebreos 13:16); 1 Tesalonicenses 5:15 nos manda “seguir siempre lo bueno para con todos”; 1 Corintios 10:24 nos exige buscar el bien de los otros antes que nuestro propio bien… Todo mediante actos deliberados de bondad. ¿Qué puede usted hacer hoy por otra persona? ¿Qué buena acción puede llevar a cabo en los próximos minutos? Propóngase hacer una buena acción todos los días, piense de qué forma específica puede hacer algo bueno por otra persona. Elizabeth George, en su libro Una mujer conforme al corazón de Dios escribe que todos los días le pregunta a Dios “¿Qué puedo hacer hoy por Jim (su esposo) que le ayude, le anime, le haga sentir especial o alivie su carga?” ¡Eso es planificar actos especiales de bondad!


Para estudiar y meditar –


1. Lea este cuento para niños:

“El niño que alegro todo un país”
Había una vez un país triste en el que todos estaban tristes. No había nada especial allí, la gente era normal y llevaban vidas normales, pero eran tristes. Un día nació un niño que era realmente bueno: siempre pensaba en los demás, era ordenado y alegre, obedecía a la primera.... y así con todo. Este niño hacía que la gente que le conocía dejara de estar triste, y tuviera ganas de imitarle y ser como él. Así empezaron todos a ser alegres y alegrar a otros. Allá donde iba el niño, iba transformando el país triste en un país alegre, y como viajó a todas partes, al final transformó el país entero, y el que antes era un país triste, pasó a llamarse el País de la Alegría

Haga una lista de las personas a su alrededor, familia, amigos, hermanos, vecinos, conocidos y comience a planificar actos de bondad para cada uno de ellos. Piense en ellos, en sus gustos, sus necesidades… Propóngase hacer al menos una de las acciones de su lista cada día ¿Cuál va a ser su primer acto deliberado de bondad? Anótelo acá:


2. Lea con atención Lucas 6:27-36. Ahora haga otra vez la lista anterior, pero incluyendo también a aquellas personas con las que no se lleva bien, las que le han hecho daño, con las que tiene problemas… y piense al menos en un acto de bondad para cada una de esas personas. Pídale a Dios en oración que le ayude a hacer esos actos de bondad con las personas “difíciles”.

3. En Mateo 12:9-13 vemos al Señor Jesús sanando a un leproso ¿qué le estaban reprochando los fariseos? ¿Qué enseñanza podemos sacar de este pasaje? ¿Cómo puede aplicarlo a su vida?

4. ¿Conoce la historia de Dorcas? Hechos 9:36-41 nos relata su muerte y el milagro de Pedro al resucitarla. En realidad, sólo hay dos versículos que hablan de ella directamente, el 36 y el 39. ¿Cómo puede describir a esta mujer? ¿Qué puede aprender de ella?

4. Lea Romanos 15:14. A veces los actos de bondad no son cosas que, a primera vista, parecen agradables como escribir una nota de ánimo o preparar una comida especial. En ocasiones, un acto de bondad requiere enfrentar a otra persona con un pecado o una mala actitud. Piense y anote qué actos de bondad puede hacer en este sentido. Ore específicamente por cada uno de ellos y por cada persona involucrada y pídale a Dios amor y sabiduría para llevarlo a cabo.

5. Memorice  Efesios 2:10

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