16/11/11

El Fruto del Espíritu 10 / Templanza

         


             Y, por fin, ¡templanza! Ya estamos a punto de terminar este estudio sobre el Fruto del Espíritu, llegamos a la última característica, buscamos en la concordancia y… ¡no hay nada! Templanza ni siquiera aparece en la concordancia. En esta ocasión, más que en cualquier otra antes, necesitamos saber el significado de la palabra y las connotaciones que esta tiene para averiguar lo que dice la Biblia sobre este tema. Y buscando, vemos que templanza deriva de la palabra “templado”, que, referida al clima por ejemplo, se refiere a algo que no es ni frío ni caliente, algo, por tanto, que no está en los extremos, que es moderado. Templanza tiene que ver con términos como “dominio propio”, “sobriedad” y “prudencia”, siendo que indica el poder que uno tiene sobre sus propias pasiones o reacciones. Poder que, obviamente nosotras, como mujeres cristianas, obtenemos del Espíritu Santo.

            Es un término que tiene que ver también con el control sobre los deseos, con la abstinencia de los deleites carnales, con ser mujeres controladas por el Espíritu Santo y ser capaces de abstenernos de las cosas que no nos convienen, de refrenarnos y no dar rienda suelta a nuestras pasiones.

         La Biblia nos exhorta a ser mujeres sobrias, templadas: Pablo le dice a Timoteo que sea sobrio “en todo” (2 Timoteo 4:5) para que no tuviera distracciones que no le dejaran cumplir con su ministerio. Somos exhortadas también a ser sobrias y velar en oración. 1 Pedro 4:7 dice: “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed pues sobrios y velad en oración”. Y siendo que el fin se acerca y vamos a ser juzgadas por Dios (1 Pedro 4:5), el Apóstol nos exhorta a través de su primera carta a “no vivir el resto del tiempo que queda en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios. Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías”. 1 Pedro 5:8 también nos advierte de la importancia de ser sobrias y velar en oración, porque “vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar” ¿Qué tiene que ver la templanza con la oración? La oración es lo que nos mantiene alerta y enfocados en lo que agrada a Dios. Satanás sabe perfectamente cuál es nuestro punto débil y, ése es el que va a atacar con ensañamiento. La templanza, la moderación, el dominio propio, no tienen que ver únicamente con pasiones de índole sexual. Tienen que ver con todo lo que hacíamos en la carne, pero que ahora, como hijas de Dios y habiendo sido selladas con el Espíritu de Dios que mora en nosotras ya no tenemos permitido seguir haciendo. Las “obras de la carne” son: “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a estas” (Gálatas 5:19-21). Colosenses 3:5-9 nos amplía esta lista, con cosas como: malos deseos, avaricia, ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas, mentiras… “amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y malicia” dice Efesios 4:22. En fin, una larga lista.

        Para la mayoría de nosotras es fácil aplicar la templanza, abstenernos de las cosas “grandes” como el adulterio, la fornicación, los homicidios, las hechicerías o las orgías. Pero necesitamos velar en oración para tener dominio propio con las cosas “comunes” como la envidia, los celos, las bromas de doble sentido, el chisme, el enojo, los gritos, la amargura… Piense en las áreas de su vida en las que necesita aplicar la templanza. ¿Dónde van dirigidos los dardos del enemigo en su caso? Tome unos minutos para reflexionar sobre eso y, si es necesario, confiese a Dios en oración las áreas en las que no está conduciéndose con templanza. Pídale al Espíritu Santo que mora en usted que la ayude a mantenerlas bajo control cada día. La Palabra de Dios nos muestra no sólo que podemos cambiar nuestros viejos hábitos, sino que es nuestro deber hacerlo (Romanos 12:1-2).

         Pablo utiliza muchas veces la analogía de la vida cristiana con una carrera y de los cristianos con atletas (generalmente corredores y luchadores, que eran los principales deportes de la época clásica). Esto lo vemos, por ejemplo, en 1 Corintios 9:24-27 donde dice: “todo aquel que lucha, de todo se abstiene”, o con otras palabras “en todo ejercita el dominio propio”. Del mismo modo que los atletas necesitan ejercitarse para competir en una carrera, también nosotras debemos ejercitarnos para mantener bajo control, fuera de los extremos, las actitudes, el carácter, el comportamiento, que no agrada a Dios. El Apóstol Pedro ruega a los creyentes que “os abstengáis de los deseos de la carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles” (1 Pedro 2:11-12).         

          Es la influencia del Espíritu Santo en nuestro corazón la que nos hace mujeres moderadas, “templadas”, y nos enseña a tener dominio propio y control sobre nuestras pasiones, nuestro carácter y nuestra boca y a abstenernos de todas aquellas cosas que no nos convienen.



Para estudiar y meditar -

1. Entre las características que vemos que deben tener los líderes aparece la sobriedad, que ya hemos visto que es sinónimo de templanza. Lea estos versículos y anote cómo debe ser un líder. Ahora aplíquelas a su vida ¿Está usted preparada para tomar un cargo de responsabilidad en la iglesia, para participar en un ministerio como líder? 1 Timoteo 3:2, 11; Tito 1:8, 2:3-5



2. Lea 1 Tes 5:6-8. Cuando Pablo dice “no durmamos” no se está refiriendo al sueño físico, sino al moral. ¿En qué áreas cree que debe usted “despertar”?



3. La templanza también se aplica a áreas “conflictivas” como nuestra lengua o nuestro enojo. Lea los siguientes proverbios: 10:19, 25:28, 29:11 y estudie qué es lo que Dios dice sobre la lengua y la ira. Busque todos los proverbios relacionados con estos temas y anótelos aquí ¡hay unos cuántos! 




4. De nuevo encontramos en 1 Pedro una exhortación a la sobriedad. Lea 1 Pedro 1:13-16. ¿Está viviendo una vida en santidad? ¿Qué cosas se lo están impidiendo?
“Ceñir los lomos de vuestro entendimiento” = disciplinar nuestros pensamientos. La figura literal está tomada del uso oriental de recoger y sujetar la túnica con un cinturón para que no impida el movimiento del individuo (Ryrie)






5. Memorice 2 Timoteo 1:7

1 comentario:

  1. Anónimo9/8/13 11:00

    Gracias, gracias, cuanto necesitamos de estas enseñanzas, especialmente en estos tiempos.

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