El fruto del Espíritu 8 / Fe





“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” Hebreos 11:1


          ¡La propia palabra de Dios nos da una definición de lo que es la fe! La traducción más literal de Hebreos 11:1 dice que “la fe es la realidad de las cosas que se esperan, la prueba de las cosas que no se ven”; fe es estar seguro de lo que esperamos (de que se va a cumplir) y confiar en  lo que no podemos ver. La fe es creer sin pedir prueba o evidencia. Nosotras podemos creer sin ver porque nuestra fe está puesta en Dios.

          La fe es el comienzo de nuestra relación con Dios; es por la fe que una persona pone en la obra redentora de Jesucristo en la Cruz que es salva y tiene la seguridad de la vida eterna (Efesios 2:8-9; Romanos 10:9); es por fe que el hombre es justificado (Romanos 3:28), el pecador que cree en Cristo es, por fe, declarado justo por Dios y sus pecados le son perdonados.

          Romanos 4:16-22 nos da un bello ejemplo de lo que es la fe, de cómo podemos y debemos confiar en Dios y en Su voluntad perfecta más allá de las circunstancias o de lo que podamos estar viendo a nuestro alrededor. Abraham creyó “en esperanza contra esperanza”; cuando Dios le dijo que iba a ser padre de multitudes, le creyó, sabiendo que Dios podía obrar más allá de su cuerpo, que estaba “como muerto, siendo de casi cien años” o de la infertilidad de su esposa Sara. Abraham puso su fe en Dios  y en lo que Él sabía de Dios y estaba plenamente convencido de que “era poderoso para hacer todo lo que había prometido”. Fue por la fe que Abraham fue justificado.

          Los Salmos son otro ejemplo de fe en Dios y de confianza en su poder: “Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza” (Salmo 40:4; Jeremías 17:7-8; Proverbios 16:20), “alégrense todos los que en ti confían” (Salmo 5:11-12), “tú Jehová no desamparaste a los que te buscaron” (Salmo 9:9-10), “estos confían en carros y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria” (Salmo 20:7-8), “no será condenado el que confía en Jehová” (Salmo 34:22)... La animo a que busque en los Salmos todas las referencias que aparecen sobre confiar en Dios y la seguridad que nos da esa confianza.

          También fue la fe la que sanó al criado del centurión (Mateo 8:5-13), al paralítico (Mateo 9:1-8), a la mujer con flujo de sangre (Mateo 9:18-26), a la hija de la mujer siro fenicia (Mateo 15:21-28), al ciego Bartimeo (Marcos 10:47-52), y a tantos otros. Jesús (y, después, los apóstoles) sanaron ciegos, cojos, paralíticos, sacaron demonios, arrebataron personas de las garras de la muerte devolviéndolas a la vida… ¡Y todo fue posible por la fe de estas personas en Jesús! ¡Por su fe en Dios y en su poder para hacer todas las cosas “mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20)!

          ¿Confía usted en Dios de esa forma? ¿Confía en lo más profundo de su ser en que Dios puede cumplir sus promesas? ¿Ora con fe, sabiendo que Dios responde nuestras oraciones? Santiago nos exhorta a pedir “con fe, no dudando nada” (Santiago 1:6); Jesús dijo que, si creemos, todo lo que pedimos nos será dado (Marcos 11:24) ¿Cómo es su oración? Ore con fe, confíe en Dios y en su poder.

          Dios sabe que hay ocasiones en las que no es fácil mantener la fe y nos alienta en su palabra a permanecer firmes. Jesús llamó a sus discípulos “hombres de poca fe” en varias ocasiones (Mateo 8:26; Marcos 4:40), por eso los exhortaba a velar y orar (Mateo 26:41; Lucas 21:36); El mismo Señor Jesús oraba por sus discípulos para que su fe no faltara, así lo hizo con Simón Pedro (Lucas 22:32) y, con todo, sabemos que incluso la fe del Apóstol Pedro falló después de que Jesús fuera aprehendido (Mateo 26:69-75)… lo que debe recordarnos que debemos caminar cerca de Dios, velar en oración, leer Su Palabra (Romanos 10:17), creer Sus promesas y mantener la fe en Él cuando nuestra vida sea zarandeada, y tenga por seguro que lo va a ser. Que nuestra oración sea la misma de los discípulos “Señor, auméntanos la fe” (Lucas 17:5)

         Pablo exhortó a los corintios a mantener la fe (1 Corintios 16:13), y no sólo a ellos, también a los filipenses (Filipenses 4:1) y a los Tesalonicenses (1 Tesalonicenses 3:8) y le pide a Timoteo que “pelee la buena batalla de la fe” (1 Timoteo 6:12); También nos exhorta a nosotras a estar firmes en la fe a través de ellos. Pablo sabía, en carne propia, que debemos velar y luchar para que nuestra fe no falte.

         Que la fe sea es escudo protector en nuestra vida para que podamos resistir “los dardos de fuego del diablo” (Efesios 6:16), que la fe sea nuestra base en la oración (Mateo 21:22), el descanso para nuestra alma (Hebreos 4:3), nuestro fundamento espiritual (1 Pedro 2:6); que luchemos con la ayuda de Dios por mantener la fe, de forma que al final de nuestras vidas podamos decir, al igual que Pablo:

he peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7)

         Recuerde que sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6) ¿Qué está haciendo para pelear la buena batalla de la fe? ¿Qué está haciendo para mantenerse firme en el Señor? ¿Qué aspectos de su vida puede cambiar para fortalecer su fe? ¿Debe pasar más tiempo en oración? ¿Debe ser constante en congregarse en una iglesia y compartir con personas que le ayuden a mantener su fe y a seguir adelante? ¿Debe esforzarse en memorizar los versículos que puedan ayudarla en los tiempos de prueba? ¿Debe profundizar en su estudio de la Palabra de Dios? Sólo usted sabe qué es lo que debe hacer para que su fe no falte y, de corazón,  la animo a que lo haga, hoy.


Para estudiar y meditar

1. El capítulo 11 del libro de Hebreos es conocido como la galería de los héroes de la fe. Léalo detenidamente y haga una lista de todas los personajes que se nombran, investigue sobre aquellos que desconozca y anote en qué aspectos particulares ejercitaron su fe. ¿Hay algún área de su vida en la usted tenga que poner a funcionar su fe? ¿En qué puede ayudarle el ejemplo de estas personas?



2.  Lea el Salmo 27. ¿En quién estaba poniendo David su confianza? ¿Por qué? ¿Qué cosas hacía David para poder confiar y tener fe a pesar de las circunstancias?


3.   Seguro que alguna vez en su vida le han hecho la típica pregunta infantil “¿qué fue antes, el huevo o la gallina?”. Hoy le pregunto, ¿qué viene primero la fe o las obras? Examine Santiago 1:22-25, 2:14-26 y Efesios 2:8-10. Anote sus conclusiones. ¿A qué obras cree que su fe la está encaminando?


5. Memorice: 1 Pedro 5:8-9

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