Cultivar un corazón contento





            “¿Con que Dios os ha dicho...?”
            Con estas palabras, Satanás hizo que la relación entre Dios y los hombres comenzara a fracturarse. Mientras Eva escuchaba, su corazón se iba llenando con la convicción de que Dios no le estaba dando todo, que no quería que ella fuera completamente feliz, que Dios no la amaba de verdad. Al ir profundizándose esta mentira en su interior, ella escogió creer a la serpiente y darle la espalda al Dios que la había creado y amado... y mordió un pedazo del fruto prohibido.
            Nuestra lucha para mantener el contentamiento es, en el fondo, la misma que Eva sostuvo: si confiar o no en Dios y en su amor. El problema añadido que tenemos ahora es que la tentación no sólo viene de afuera, sino también de nuestro interior, de la naturaleza pecaminosa con la que nacemos. Nuestra carne se inclina a dejar de confiar en Dios y en Su bondad y en buscar la felicidad en cosas y circunstancias que parecen buenas a nuestro parecer.

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jeremías 17:9

Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez.
Marcos 7:21-22

            En algún momento, nos encontramos a nosotras mismas deseando aquellas cosas que no se nos han concedido. Puede ser algo simple como mejor ropa o una casa más grande o algo más profundo y doloroso como tener un hijo o casarse. Ninguno de estos deseos constituye un pecado en sí mismo, pero se convierten en pecado cuando nuestro gozo y contentamiento dependen de que estos deseos se cumplan. Es entonces cuando se convierten en ídolos en nuestro corazón.
            ¿Cómo guardar entonces nuestro corazón del descontento? ¿Cómo confiar en que Dios nos da exactamente lo que necesitamos? Quiero compartirte hoy tres estrategias para esto en forma de desafío:

            1. Vive en el Conocimiento del Evangelio.
             Es cierto que has nacido con una naturaleza pecaminosa que tiende a perder la confianza en el Señor. Pero ¿sabes qué? El poner tu confianza en la obra de Jesús en tu favor te libera de las cadenas del pecado. Romanos 6:5-11 nos dice que aquellos que hemos puesto nuestra fe en Cristo, ya no somos esclavos del pecado, somos libre para aceptar la providencia de Dios y confiar en que es lo que necesitamos. Tenemos la necesidad diaria de recordad que la obra en la Cruz fue completa y que por la libertad que se nos concedió a través de ella, podemos (debemos) escoger estar contentas con lo que el Señor nos da.

            2.  Vive con una perspectiva eterna.
            Muchas veces nos concentramos en cosas y circunstancias que nos alejan de ver el momento en el que seremos completamente satisfechas en las riquezas de amor y gloria de Dios. Pablo anima a los corintios a vivir a la luz de esta verdad cuando les habla de la resurrección y les exhorta a no seguir viviendo en pecado (2 Corintios 15:34). Recuerda cada día cuál es tu destino eterno y vive de una forma que puedas mostrar que el valor de lo que te espera en Cristo es mayor que el que se encuentra en las cosas materiales.

            3. Vive en el conocimiento de Su amor
             Cuando nos dedicamos a ver las cosas que tenemos o las que no tenemos, nos olvidamos de cuánto nos ama nuestro Padre Celestial y de cuánto nos ha dado ya. A veces nos dedicamos a ver lo que tienen los demás y pensamos que Dios los ama más a ellos. Cuando somos tentadas a pensar de esa forma, debemos recordar que Dios envió a Su Hijo a morir por nosotras. Si eso no es amor... ¿Qué será entonces?
            Dios te conoce mejor que tú misma. Debes creer, cada día, que todo lo que sucede (y lo que no sucede) está planeado para tu bien (Romanos 8:28).
            Cuando no te sientas satisfecha con aquello que Dios te ha dado, recuerda que El se preocupa por ti y que todo lo que te da y lo que te niega, es por una razón, con un propósito específico.

            Somos bendecidas con la presencia de Cristo en nuestras vidas. EL es nuestro mejor tesoro y nuestra fuente de gozo. ¿Cómo no estar contentas y satisfechas con nuestra vida? Critsto está en ti... busca tu plenitud en El.


Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”
Hebreos 11:20-21



Comentarios