El síndrome de Elías







            ¿Has tenido alguna vez uno de esos días en los que parece que nadie se acuerda de ti? ¿De esos en los que parece todos los demás conocen a alguien con quien compartir, salir a comer o celebrar el cumpleaños de sus hijos? ¿A veces sientes el rechazo de otros o piensas que te dejan de lado?

            Es un sentimiento horrible.

            Peor aún, ¿sientes que incluso Dios y cada uno de sus ángeles te han abandonado y que la única que está a tu lado es la sombra de duda, de temor y de sentimiento de burla?

            A Elías le pasó lo mismo.

            El síndrome de Elías se describe en 1 Reyes 19: Hundido en el miedo y la auto compasión, Elías desea morirse (1 Reyes 19:4).  Este síndrome es el sentimiento que te entra cuando te sientes apaleado y derrotado por el enemigo. Cuando estás cansada de dar, dar, dar un poco más y no recibir nada a cambio. Cuando estás cansada de la vida que llevas y desearías ser alguien más.

            Si estás pensando en tirar la toalla... no lo hagas.

            1 Reyes 19:9 dice: “Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?”

            Dios sabe que a veces la cabeza no me da como para acudir a El cuando estoy  en problemas, así que El viene a mí. Sabe que a veces no soy lo suficientemente sabia como para entender lo que está haciendo, así que El viene y me lo explica.

            ¿Qué estás haciendo ahí?

            Y entonces sucede algo excepcional. Mientras Elías espera que Dios mueva montañas, Dios hace algo completamente inesperado.

            Susurra.

            Y le recuerda a Elías que es amado...

            ...que no está solo...

            ...que está a salvo...

            ...que su futuro está seguro en sus manos.


            Quizás todo lo que necesitas hoy es escuchar a Dios susurrando en tu oído.

            Dios sabe dónde estás.

            Y eso es más que suficiente para el día de hoy.

Comentarios

  1. que bueno es escucharlo y sentirlo. Que cuando menos lo piensas recibes un abrazo de tu hij@ o una sonrisa,que te recuerda que Dios esta contigo.

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