Un lugar al que pertenecer




Efesios 2:19 “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios
1 Timoteo 3:15 “para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad

            Eres llamado a pertenecer.
            Incluso en el entorno perfecto y sin pecado del jardín del Edén, Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). Dios nos creó para vivir en comunidad, para la comunión y para tener una familia y no podemos cumplir los propósitos de Dios nosotros solos.
            En la Biblia no hay ningún ejemplo de santos solitarios o ermitaños espirituales aislados de otros creyentes y privados de la comunión. La Biblia dice que formamos un cuerpo  (1 Corintios 12:12; Efesios 2:21-22; Colosenses 2:19), ya no podemos valernos por nosotros mismos.
            Aunque nuestra relación con Cristo es personal, la intención de Dios nunca fue que sea privada. En la familia de Dios estamos conectados con todos los demás creyentes y nos pertenecemos unos a otros por la eternidad. Seguir a Cristo implica participación. Para Pablo, ser miembro de la iglesia significaba ser un órgano vital de un cuerpo con vida, una parte indispensable y ligada al cuerpo de Cristo. Necesitamos recuperar y poner en práctica el significado de ser miembro. La iglesia es un cuerpo, no un edificio; es un organismo, no una organización.
            Dios te creó para desempeñar un papel específico, pero si no te vinculas a una iglesia local, te perderás el propósito de ser hecho para la familia de Dios. Descubrirás tu papel en la vida mediante tu relación con los demás.
            Romanos 12:4-5 dice: “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.”
            En la actualidad, el individualismo de nuestras sociedades ha creado muchos huérfanos espirituales que van de iglesia en iglesia sin identificarse, sin rendir cuentas ni comprometerse con ninguna. Muchos creen que es posible ser un buen cristiano sin unirse, a veces ni siquiera asistir, a una iglesia local, pero Dios no está de acuerdo con eso. Su Palabra ofrece muchas razones de peso para justificar la necesidad de estar comprometidos y ser activos en la comunión:

            1. Identificarse como creyente genuino – No puedo decir que sigo a Cristo si no tengo ningún compromiso con otro grupo especifico de discípulos. Juan 13:35 dice: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”. Somos testimonio al mundo cuando, viniendo de distintas culturas, razas y clases sociales, nos reunimos en amor como una familia en la iglesia.

            2. Apartarnos del aislamiento egocéntrico – La iglesia local es el salón de clases donde aprendes a vivir en la familia de Dios. Es el laboratorio en el que se practica el amor comprensivo y sin egoísmo (1 Corintios 12:26). La comunión bíblica consiste en estar tan comprometidos con los demás como lo estamos con Jesucristo.

            3. Mantenerte en forma espiritualmente – Sólo podremos mantenernos espiritualmente en forma si participamos en toda la vida de una congregación local (Efesios 4:6b)

            4. El cuerpo de Cristo te necesita – Dios tiene un papel exclusivo para que desempeñes en su familia. Ese es tu ministerio, y para desempeñarlo Dios te ha dado dones (1 Corintios 12:7). La iglesia local es el lugar que Dios ha provisto para descubrir, desarrollar y usar tus dones.

            5. Compartir la misión de Cristo en el mundo – La iglesia es el instrumento de Dios sobre la tierra para alcanzar al mundo. Pablo nos dice que “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:10).

            El formar parte de una iglesia espiritualmente saludable es esencial para una vida sana. La diferencia entre ser un mero asistente al templo y un miembro en la iglesia es el compromiso.


Rick Warren, Una vida con propósito. Cap. 17 “Un lugar al que pertenecer”





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