Cuando soy débil

5/6/12


            A veces, no importa lo dura que parezca, me siento débil. ¿No te sucede a ti también? ¿No tienes temporadas en que debes apretar los dientes porque no quieres que nadie sepa que debajo de esa coraza que llevas puesta te tiemblan las piernas? A mi sí.
            Y cuando me siento así, leo 2 Corintios 12:7-11.
            Aquí hay tres cosas que Pablo hacía cuando se sentía débil:

            1. Averiguaba por qué
            Pablo sabía que tenía un problema, que algo estaba pasando. El lo llamaba su “aguijón en la carne”. En el versículo 7 Pablo dice: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera”.
            La razón por la que Dios permitía que Pablo tuviera un aguijón era mantenerlo humilde. ¿Te sientes débil hoy? ¿Te has preguntado por qué? Podría ser una simple gripe... o quizás, como  Pablo, Dios está tratando de decirte algo.  Cuando le pregunto a Dios por qué me siento débil, generalmente me responde: “dependencia”. Tiendo a ser de esas personas que quieren hacer las cosas por sí mismas. La debilidad es la forma en la que el Señor me llama a un lado y me dice: “déjame a mí”.

            2. Hablaba con el Señor
            En lugar de quejarse o renunciar, Pablo iba directamente al Señor y hablaba con El. Y esta no era una conversación de un solo sentido; era un hombre derramando su corazón, un hombre que, en tres ocasiones diferentes, le había pedido al Señor que le quitara ese aguijón (v.8). ¿Cuánto tiempo pasas conversando con el Señor? CONVERSANDO, no hablando. Esperando escuchar Su voz, esperando a que te conteste... A veces esperamos hasta el último momento, hasta que no podemos más, para orar y acercarnos al Señor...
            ¿Por qué no tomas un minuto ahora mismo para preguntarle al Señor por qué te estás sintiendo débil? EL te va a contestar... sólo escucha.

            3. Aceptaba la respuesta.

            La respuesta de Dios a Palo fue concisa y eterna: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Dios no le quitó el aguijón. No le dio explicaciones a Pablo. No prometió que el aguijón dejaría de molestarlo. Pero sí le prometió fuerza para el viaje y gracia para el camino.
            Y Pablo dejó de patalear y comenzó a alabar. En el versículo 10 Pablo dice que se goza en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones y en angustias. Pablo se goza del aguijón porque sabe que Dios va a mostrar Su fuerza a través de él.
            Pablo comprendió que el gozo viene del dolor y que el poder de Dios es más evidente cuando te estás sintiendo débil.

            ¿Te sientes débil hoy? No es tan malo. ¿Sabes por qué?

            Porque cuando eres débil, entonces eres fuerte.




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