Viviendo Tito 2:3-5





   
            Estoy haciendo un estudio  bíblico online sobre la mujer de Proverbios 31 con un maravilloso grupo de mujeres. Lo que más me gusta del grupo es que todas somos diferentes. Hay mujeres jóvenes, otras más mayores, hay solteras, casadas, separadas, viudas, mujeres con hijos pequeños, con hijos grandes, sin hijos... ¡un poco de todo! Y en esa diversidad podemos compartir experiencias, luchas, consejos... El otro día comentaba con una de estas “amigas virtuales” que estamos viviendo Tito 2.3-5... ¡De verdad lo estamos poniendo en práctica!
            Y eso me hizo pensar en que nunca se es demasiado “mayor” para el ministerio. Algunas de esas queridas mujeres que tan cercanas están a mi corazón hablan de sus mamás de vez en cuando. Y yo pienso en mi madre también. Ella no es cristiana, pero si lo fuera ¿qué lugar tendría en la Sociedad de Damas de mi iglesia a sus 67 años? ¿Qué lugar ocupan las mujeres más mayores en la iglesia? ¿Hasta cuándo pueden servir?
            Las que somos más jóvenes (¡¡todavía quiero pensar que soy parte de las jóvenes a pesar de los 36!!) a veces desechamos a esas mujeres que pasan de los 65, 70 años o más... ¡Creemos que lo sabemos todo! O, peor aún, pensamos que no tenemos nada que aprender de la “vieja escuela”, que los tiempos han cambiado y lo que ellas han experimentado antes no nos sirve. Pero Dios, en su infinita misericordia, nos permite tener a estas madres y abuelas en la iglesia para guiarnos, para ayudarnos, para instruirnos, para “avisarnos”... aunque creamos que no nos haga falta.
            Recordemos Tito 2:3-5 por un momento:

            Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada

            ¿Hay alguna mujer mayor cerca de ti de la que puedas aprender? ¡Aprovéchala! Si Dios ya hubiera terminado con ellas, si el Señor ya no tuviera más obras para estas hermosas ancianas, ¿no crees que ya se las habría llevado a casa? Que todavía estén aquí tiene un propósito... ¡Tú! ¡Enseñarte a TI! Tito 2:3-5 es para TODAS las mujeres, en TODAS las épocas de su vida. Así tenga 90 años, mi propósito debe ser verter mi conocimiento y mi experiencia en las mujeres más jóvenes... y al contrario, si soy una mujer más joven, mi propósito debe ser absorber cada gota de conocimiento, de experiencia de las mujeres mayores.
            ¿Alguna vez has leído la historia de Ana? No Ana la madre de Samuel, sino esta otra Ana:

            Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.”

            Si había estado casada 7 años y era viuda desde hacía 84... ¿Cuántos años tendría entonces? Esta preciosa sierva no se apartaba del templo, seguía sirviendo de noche y de día, ayunaba y oraba... y estaba allí en el momento en el que Jesús, el Mesías largamente esperado, llegó. ¡Qué recompensa de parte de Dios a la fidelidad de esta anciana!

            Con todo esto en mente, estuve viendo algunas maneras prácticas en las que incorporar a las mujeres más ancianas al ministerio femenino de tu iglesia:

~        Haz una reunión especial para ellas en las que las mujeres más jóvenes puedan hacerles preguntas sobre su vida, su familia, su trabajo, su ministerio, sus luchas...
~        Invítalas a compartir cómo experimentaron la presencia de Dios en tiempos difíciles, cómo pusieron en práctica su fe, si alguna vez tuvieron dudas...
~        Si conoces alguna de sus habilidades: cocinar, tejer, pintar, escribir, cantar... anímalas a compartir sus “secretos”  (¡si es que te los dan!)
~        Pídeles que sean guerreras de oración en favor de la iglesia, de las reuniones femeninas, viajes misioneros, campamentos de jóvenes... Cuando esos eventos hayan terminado, no te olvides de ir a compartir con ellas cómo Dios fue respondiendo sus oraciones.
~        Muéstrales en cada ocasión que son una parte vital del cuerpo de Cristo y que las necesitas. A ellas les hace falta escuchar eso también.

            ¿Qué otras cosas crees que se puede hacer para involucrar a las mujeres más ancianas en el ministerio? ¡Aprovechémoslas mientras podamos!



Comentarios

  1. Que linda reflexión hay tanto valor en estas santas mujeres, que debemos aprovechar sus años dorados, Dios bendiga a cada anciana que está a nuestro alrededor y Dios nos ayude a seguir su ejemplo de piedad.

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