2. Lenguaje Piadoso

29/8/12





TITO 2.3.- “Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, (…)

            La semana anterior vimos con Edurne la importancia de ser reverentes. Hoy estudiaremos el llamado al lenguaje piadoso.
            Mientras estuvimos estudiando en el grupo el Proverbio 31 en los últimos meses, me propuse firmemente a cuidar mi lenguaje, pero aun así, repasando mi avance para escribir el tema de hoy, me he dado cuenta de que no ha sido fácil, debo estar muy concentrada para no caer en este pecado, velar y estar alerta.
            Así que empezaremos con el significado de calumniadora, que en el original es “diabolos”, que es calumniador, diablo, falso acusador, chismoso o malicioso. En otras palabras, nos convertimos en “diablas” al usar mal nuestra lengua. No en vano Santiago nos dice ”todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (St. 1.19), y Pablo “Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad” (2Tim. 2.16).
            De recién convertida, tenía amargura contra el apóstol Pablo, pues se refiere a las mujeres como “chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran” (1Tim.5.13), y pensaba yo en mi ignorancia: pues no sé a qué clase de mujeres conocía!! Pero tomando madurez y conociendo a fondo la Palabra de Dios, debemos tomar atención en que hay pasajes referidos específicamente a las mujeres y al cuidado de nuestro lenguaje.
            Hay varias formas de usar mal nuestra lengua, uff, mejor dicho, muchas!!!:
1)     DETRACCIÓN.- Persona que critica, hablar en contra de. (Rom. 1.30).
Prov.17:4.- El malo está atento al labio inicuo; Y el mentiroso escucha la lengua detractora.
2)     RUMOR.- Noticia sin fundamento que corre entre la gente, algo oído pero no sé su fuente.
Ex. 23.1.- No admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso.
3)     CHISME.- Noticia o comentario con el que se pretende murmurar de alguien o enemistar a unas personas con otras. Compartir información con alguien que no forma parte del problema ni de su solución.
Lv. 19.16.- No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová.
Ciertamente, cuando escuchamos un chisme, es irresistible como una golosina, tentador para involucrarse.
Prov. 26.22.- Las palabras del chismoso son como bocados suaves, Y penetran hasta las entrañas.
4)     MURMURACIÓN: Hablar bajo o entre dientes, especialmente si se manifiesta una queja, susurro malicioso.
(Ex. 16.2, 7, 8) St. 5.9.-Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.
5)     INFAMIA.- Quitarle a una persona la buena fama, la honra y la estimación. St 3.5.- Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
            Y hasta aquí le dejamos, porque si no, nos vamos de largo… ¿Te identificaste con alguna de estas acciones?
            Justamente “la manera en que usamos nuestra lengua sirve como una medida precisa de nuestra madurez cristiana”. No es posible que causemos daño a propósito a una de las amadas ovejas del Señor, por las cuales Él murió, que una mujer “santa” pronuncie palabras calumniadoras en contra de una persona creada a la imagen del Dios al cual adora.
            En la Biblia puedes revisar varios ejemplos de mujeres que participaron en la ruina de otros a través de un lenguaje impío, como María (hermana de Aarón), la esposa de Potifar, Jezabel y Marta.
            El pecar con nuestra lengua es causa de un corazón malvado (Lc. 6.45); el odio (Sal. 109.3); la necedad (Prov. 10.18); y la ociosidad (1Tim. 5.13).
            Las consecuencias por hablar mal son muchas, dolorosas y desastrosas: Separa a los amigos, causa contiendas, divisiones en el cuerpo de Cristo, asesinato (ya que mata amistades, ministerios, personas, líderes, matrimonios, reputaciones e iglesias), pone en peligro nuestro ministerio, nos lastima y nunca se puede retractar.
            “Dios nos llama en Su Palabra a ministrar y a servir, a asistir y ayudar, y a mejorar las vidas de los demás. ¡Ninguna vida se ha mejorado con el chisme y la calumnia!”.
            ¿Cómo podemos vencer al enemigo y ser victoriosas en nuestra forma de hablar? Elizabeth George nos recomienda lo siguiente:

ü  Tener pensamientos piadosos acerca de los demás (Fil 4.8). De lo contrario, confiésalo como pecado.
ü  Ponte de acuerdo con tus amigas más cercanas para no chismear, coméntales tu deseo de crecer, tus nuevas metas y deseos en esta área. Pídeles que te digan cuando te has deslizado.
ü  Evita los entornos que tienden a prestarse al chisme (almuerzos, fiestas o reuniones). En cambio, acude a grupos de estudio bíblico o en un ambiente de discipulado, cuyo objetivo sea el crecimiento espiritual.
ü  Evita a las mujeres que les guste chismear.
ü  No tengas tiempo ocioso.
ü  No hables demasiado. Aun al hablar por teléfono ten a la vista un reloj que tengas ahí junto para que veas cuánto llevas en tu conversación (Prov. 10.19).
ü  Permite que el contestador telefónico se encargue de las llamadas que recibes. Devuelve las llamadas a las 11.30 y a las 4.30PM, ya que la mayoría están ocupadas a esas horas.  De esta manera conduces la conversación en cuanto al tema y tiempo de la misma.
ü  Tómate tu tiempo para contestar cuando se te pregunta algo, en su caso, no respondas si lo consideras así (Prov. 29.20).
ü  Solo elogia, que seas conocida como alguien que encuentra lo bueno en los demás y ama a su prójimo.
ü  Ora por ti misma en este campo y por los que te han hecho daño. Redacta un compromiso sincero con el Señor, ora a diario para estar en guardia, y pide a Dios de su gracia para tomar decisiones que prueben tu deseo de buscar un lenguaje piadoso.
            Pero no podemos terminar sin decir qué hacer cuando los demás chismean.
  • Aléjate de la escena. Huye como José (Gn. 39.12), ve a tomar aire fresco, empólvate la nariz, haz una llamada, desaparece. Luego, ora para que Dios te de sabiduría de manejar la situación de la mejor manera.
  • Declara tu desacuerdo. Dí algo así: “Lo lamento, tal vez sea yo, pero no me siento cómoda con esta conversación”.
  • Cuida tus expresiones faciales, ya que con ellas puedes sembrar dudas o comunicar datos negativos de alguien sin una palabra.
  • Ten listas una o dos frases positivas. “¿Pobrecita! Debemos orar por ella, debe estar sufriendo.” “No, ¡eso no puede ser verdad! Es demasiado bondadosa como para hacer algo así”.

            Que nuestra oración sea el Salmo 19.14: Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.
            ¡Hasta la próxima!


Jéssica Jiménez de Beltrán

¿Quieres conocer a Jéssica? Visita la sección “Colaboradoras”.

Basado en El llamado Supremo de la Mujer de Elizabeth George.
Capítulos 3 y 4.




1 comentario:

  1. muy pocas veces nos percatamos si hacemos daño a otros con nuestro hablar, decimos lo que pensamos o escuchamos lo que no corresponde de otros y ofendemos a nuestro SEÑOR con aquello... gracias por recordarnos las verdades de la palabra de DIOS...

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