No te compares con otros

8/8/12






            Si te encuentras a ti misma lidiando con las comparaciones o incluso tratando de ser alguien que no eres, espero que te tomes unos minutos para considerar lo que Pablo le dijo a los gálatas:

Gálatas 6:4-5
Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga.” RV 60
Cada cual examine su propia conducta; y si tiene algo de qué presumir, que no se compare con nadie. Que cada uno cargue con su propia responsabilidad.” NVI

            Con estos dos versículos Pablo nos está exhortando a:

            1. Someter a prueba, examinar, poner bajo la lupa NUESTRA PROPIA obra, no la de otro.  
            Céntrate en la obra que Dios te ha dado para hacer con entusiasmo y confianza. El Espíritu Santo de Dios está en ti equipándote, capacitándote y fortaleciéndote para llevar a cabo la tarea que te ha sido designada. Tienes todo lo que necesitas para hacer aquello que Dios te encomendado, así que, ¡manos a la obra!


            2. No compararnos con otros

            Esto es difícil a veces, ¿verdad? Somos expertas en compararnos a nosotras mismas con otras, en comparar nuestras vidas, nuestros trabajos, casas, niños, matrimonios, estatus social, cuerpo, inteligencia... ¡la lista podría no terminar nunca! La comparación lleva a la falta de autenticidad en nuestras relaciones, porque de ella surgen sentimientos como la envidia, la amargura, los celos y la competencia. Cuando estoy en “modo de competir” voy a ser muy cuidadosa con lo que yo aporto en una relación y nunca va a profundizarse ni a ser sincera. Esto no es lo que Dios quiere que hagamos. Si yo decido confiar en todo aquello que Dios dice que soy y en cuánto me ama, mi corazón se libera para poder vivir esa realidad y amar a otros sin ningún sentimiento negativo.


            3. Cargar con nuestra propia responsabilidad

            Escoge tomar responsabilidad por aquello a lo que Dios te ha dado para hacer y hazlo con excelencia, gozo y, ¿por qué no? ¡creatividad! Pon toda la carne en el asador, no te guardes nada, no sabes cuál va a ser el día en el que el Señor te llame a Su presencia así que, vive cada día como si fuera el último. Se TÚ MISMA con tus imperfecciones y fallos, pero también con tus dones, capacidades, recursos y energía y ocúpate de tu propio trabajo sin mirar a los lados. Haz lo mejor que puedas hacer con cada cosa que Dios te permita realizar.

            Recuerda que el viaje es siempre más importante y tiene más relevancia que el destino. Es en el viaje que aprendes, que creces... Cada paso del camino cuenta para llegar a ser la persona que Dios necesita. Incluso los fallos, las paradas inesperadas, van a ayudarte a cumplir el propósito por el que estás aquí. Si sigues viva es porque Dios tiene algo para ti.
            Ten en claro quién eres TU y nadie más, descubre cuál es el propósito por el que estás viva y entrégate a él con cuerpo y alma. Sé responsable de tu labor y confía en que Tu Padre Celestial va a estar contigo a cada paso del camino. ¡Disfruta! No pierdas el tiempo mirando a otros... te vas a perder lo que Dios tiene únicamente para ti.


4 comentarios:

  1. Anónimo8/8/12 11:26

    En el viaje se aprenden tantas cosas y se deciden otras para determinar cómo ir creciendo de la mano de Dios ,no me cabe duda de que Dios es un gran Maestro y me permitirá ser más responsable en lo que me espera para adelante! Bendiciones!!

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    1. Es verdad. A veces nos preocupamos tanto por llegar que nos olvidamos del trayecto. El Señor nos va a dar oportunidades para aprender y crecer a cada paso del camino. Saludos y bendiciones!!

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  2. Ya no voy a perder el tiempo comparándome con los demás. Gran error, la vida es un viaje del que hay que aprovechar cada día y todo el trayecto. Gracias por tu reflexión Edurne. Bendiciones!

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    1. Gracias a ti por leer Laura querida!! un beso =)

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