4 Actitudes para disfrutar la Paz de Dios

17/9/12




            ¡Hola mis queridas! Espero que hayan tenido una hermosa semana. Si estuviste ansiosa o afanada ¡no te preocupes!  Hoy hablaremos sobre cuatro actitudes que, como creyentes, podemos cultivar para disfrutar de la paz de Dios.

1. ESTAR EN CONTACTO CON LA PALABRA.

Prov. 3.1, 2.- Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán.

Sal 119.165.-Mucha paz tienen los que aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo.

Debemos fijarnos en dos palabras de este último pasaje.
Mucha” que habla de cantidad (preposición).
“Aman” en el original, significa tener afecto, amigo, amante, deleitar, enamorado, gustar, querer.
No es sólo tener la Palabra o conocerla al leer la Biblia, sino la actitud de mi corazón al leerla.

Is. 55.10-12a.- Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos…

            Conocer, memorizar y meditar en las Escrituras a través del día nos ayudará a fijar los pensamientos en Dios, a pesar de las circunstancias.

Is. 26:3.- Tú guardarás en perfecta paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.

Rom. 8.6.- Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

            La mente que experimenta la paz es la mente que está ocupada con el Señor, que ha aprendido a volverse a él inmediatamente y automáticamente en toda situación y hablarle tocante a todo.

Por eso debemos:

2. HABLAR CON DIOS.  

            Teniendo comunicación con Él en oración, Dios extiende su descanso y nos da su paz. Esto no sucederá a menos que cultivemos conscientemente un patrón habitual. Hemos de pedir a Dios en la mañana que nos ayude a hacerlo a través del día. Cuando cada noche evaluamos nuestro hábito de ocupar nuestra mente con el Señor, nos daremos cuenta de nuestras áreas de debilidad. Entonces, podemos proponernos cada día hablarle de todo.

Fil 4.6, 7.-  Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

            Estos versículos contienen varios pasos.
            Pablo prohíbe la ansiedad. Es un mandato: "Por nada estéis afanosos".
            El verbo "estar ansioso" significa "jalar en sentidos opuestos" o "tener un pensamiento dividido". Es la experiencia de tener pensamientos que distraen, afligen, perturban, inquietan para hacernos tensos, intranquilos y confundidos.
            Jesús usó esta palabra cuando dijo, "Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas" (Lucas 10:41).
            Richard Strauss observa que "estas emociones ponen nudos en el estómago, arrugas en la frente, suben la presión arterial y nos hacen irritables y difíciles de tratar". Nos quitan nuestra capacidad de funcionar normalmente y de razonar claramente los pasos que debemos tomar para enfrentar la crisis.

            Si no hemos de afanarnos, entonces, tiene que haber otro camino, Fil. 4.6: "...sino en todo sean conocidas nuestra peticiones delante de Dios con toda oración y ruego, con acción de gracias".
            La oración: convertir el tema de la ansiedad en peticiones a Dios. Decirle todo y manifestarle lo que queremos que él haga en las circunstancias, personas  o a través de las personas. "En todo", absoluto de nuevo, dice que ninguna necesidad o problema está exento. No hemos de afanarnos por nada. Hemos de orar por todo. La conversación con Dios toma el lugar de la ansiedad, la preocupación y el temor. Él sabe nuestras necesidades pero decirle nuestra petición manifiesta nuestra dependencia de Él, le revela que no nos sentimos autosuficientes.
            Esta seguridad "guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos". El verbo es una expresión militar que describe una compañía de guardias alrededor del cristiano protegiéndole de los pensamientos de temor, preocupación, enojo, distracción o confusión.
            Nuestra responsabilidad es la oración fiel y la sumisión a la voluntad de Dios. El diablo busca cómo devorarnos. Uno de sus medios de tomar la ventaja es cultivar la ansiedad, la falta de fe en Dios, el desánimo y la confusión en los hijos de Dios. Esto debilita nuestra vida, testimonio y ministerio. Nuestra carne cae y dudamos de Dios, de Su poder, Su cuidado y Sus planes.

1 Pe. 5.7.-  echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

3. CONFIAR EN SU PALABRA.

            Si escucho la Palabra de Dios, confiaré en sus promesas y viviré sin temor, tranquilamente. Una cosa es creer en Dios y otra es creerle a Dios.  Aceptar, permitir o cultivar la ansiedad es pecado. La ansiedad significa que no confiamos en Dios, en Su control, en Su conocimiento, en Su cuidado, en Su amor, en Su provisión y en Su poder. Estamos diciéndonos mentiras cuando pensamos que Dios no nos ama, que él no es capaz de proveer una solución, que la vida es imposible, etc.

Prov. 1.33.- Mas el que me oyere, habitará confiadamente Y vivirá tranquilo, sin temor del mal.

            Hay que apropiarnos de la verdad de Dios, persuadirme de que es buena para mi vida y de mi familia, debo confiar en eficacia de principios. Yo he orado: “no sé qué vas a hacer, pero confío en que tienes un plan con todo esto para mi bien”.

Sal 4.8.- 8 En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.

            ¡No demos lugar al insomnio! Cuando a veces no sé por qué se me está yendo el sueño, me pongo a examinar mi corazón, qué puedo hacer yo y qué debo poner en manos de Dios. Me llama la atención el hecho de que cuando nos acostamos es cuando hay obscuridad, tinieblas, lo que me habla también de que cuando estoy en un mundo de pecado, me protejo con la Palabra para resistir al pecado y andar en santidad siendo luz a los que me rodean, sean hijos de Dios o no.

4. OBEDECER LA PALABRA DE DIOS.  

            Si tengo pecado, es un impedimento para tener paz y reconocer la Persona y la Palabra de Dios.

Is. 48.22.- No hay paz para los malos, dijo Jehová.
1P. 3.11, 12.-Apártese del mal, y haga el bien; Busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.
           
            La falta de paz en nuestra época, al igual que en el Antiguo Testamento, se debe a la desobediencia a Dios.
            ¿Se caracteriza tu vida cotidiana por problemas, caos, desastre, te sientes que vives bajo una pila de cosas, que estás siempre atrasada en todo, que las cosas están siempre fuera de su control y que no están nunca del todo ordenadas? En pocas palabras, ¿está tu vida marcada por la paz de Dios o no?
            Por supuesto que hay acontecimientos y crisis que irrumpen el esquema pacífico de la vida, pero también es cierto que nos damos cuenta en lo más profundo de nuestros corazones, cuando las cosas no andan bien entre nosotras y el Señor. Sabemos en qué momento nuestros caminos nos conducen a problemas.
            Obedecer es el cumplimiento de la voluntad de quien manda sin examinar sus motivos para hacerlo. Requiere diligencia, solicitud y ejecutar con exactitud. Cuando alguien obedece a Dios da evidencia de que hay fe.

Is. 48.17, 18.- Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir. ¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar.
Josué 1.8.- Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.
Is. 59.8.-No conocieron camino de paz,  ni hay justicia en sus caminos; sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas fuere, no conocerá paz.

            Así que, hoy revisamos estas sencillas y desafiantes actitudes para disfrutar de las bendiciones de ser hijas del Rey, una oportunidad de apropiarnos de nuestra posición y de Sus promesas para estar tranquilas en este mundo en que nos tocó vivir.

¡A practicarlo! Nos leemos la próxima semana.


Jéssica Jiménez de Beltrán

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