4. Maestras del Bien

19/9/12




Tito 2.3.- Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien;

            Pues ya estamos en el cuarto punto de este primer versículo dedicado a las féminas por nuestro querido apóstol Pablo.
            Me encanta repasar esta porción (ya voy a empezar con mis confesiones J ) puesto que de recién convertida, pensaba: “Bueno, y si dicen que la mujer calle en la congregación ¿entonces cuál es nuestro ministerio, estar detrás del esposo para que él, que está al frente, se luzca con lo que planeamos juntos para la reunión y nadie sepa cuáles fueron mis maravillosas ideas?” Oh Sí, eso tenía en mi sucio corazón. Por eso deseaba con ansias llegar al Instituto Bíblico ¡para lograr persuadirme y apropiarme del propósito de Dios para las mujeres!
            Gracias al Espíritu Santo entendí mi lugar y la trascendencia de las maestras del bien y… ¡¡¡cómo lo disfruto!!! Por eso, me encantó ver cuando nos repartimos los temas con Edurne, y gracias a Dios me tocó compartírtelo.
            Pero mucha plática, “empecemos por el principio” J:
            ¿Qué significa ser maestra del bien? La idea general es influenciar vidas, que es  producir un cambio en otra persona.
            El término maestra del bien, solo aparece una vez en el Nuevo Testamento, justo en esta porción que analizamos.
            Elizabeth George explica perfecto el concepto en el original (kalodidaskalos), que es una palabra compuesta. Aquí te transcribo sus palabras, pero en un esquema:




            La excelencia está en la Biblia con respecto a todas las áreas de la vida del ser humano.

Prov. 8.6.- Oíd, porque hablaré cosas excelentes, Y abriré mis labios para cosas rectas.

            En primer lugar, tenemos un pedido de Dios para la enseñanza a personas específicas: las ancianas, es decir maduras espiritualmente.
            ¿Y cómo llego a ser anciana? Necesitamos tres cosas: Tiempo para crecer en nuestra fe (1Co. 3.1-3, Heb 5.12); crecer en el conocimiento, alimento sólido (2 Tim. 2.15); y experiencia practicando los mandamientos de Dios, trabajando en nuestro carácter espiritual. Cuando te vienen a consultar ¿tienes solo versículos, o te identificas con las luchas, has tenido victoria sobre ellas y las compartes?

Heb. 5.13, 14.- Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

            Estos requisitos surgen de un corazón dispuesto, confesión y arrepentimiento.
            A su vez, Dios nos llama a enseñar primero en nuestra casa, con el ejemplo e instrucción, a nuestros hijos e hijas. Y luego, en la iglesia, a otras mujeres jóvenes (menos maduras), como por ejemplo, desde las pequeñas (que todo observan),  niñas, adolescentes, solteras, recién casadas y bebés espirituales. Un ejemplo bíblico de enseñanza de una anciana a una mujer joven fue Elisabet y María (Lc. 1.39-56).

1Tim. 2.12.- Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Este es el fundamento por el que no nos es permitido enseñar a los varones.

            El plan de estudios sería en contenido de Tito 2.4, 5: amar a sus maridos y a sus hijos, ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas y sujetas a sus maridos.
            Por su parte, hay dos métodos de enseñanza. El ejemplo, que es vivir lo que enseño, enseño lo que soy. Es más fácil seguir tus pasos que tus consejos. Y en segundo lugar, la instrucción: dando clases en una célula o reunión de mujeres y en un discipulado y consejería personal.
            Cuando se escribió la carta a Tito, las mujeres paganas se convertían y no había quién les enseñara sobre la vida cristiana.
            ¿Están abiertos tus ojos y oídos para las mujeres que necesitan ayuda para crecer? Si eres joven ¿tienes un corazón sensible y dispuesto para agradar a Dios,  quieres realmente cambiar y dejarte influenciar, corregir y exhortar? Siempre hay alguien más joven que tú para poder enseñar y alguien más grande que te enseñe.
            No dejes de estar al lado de una anciana para asegurarte de tu crecimiento espiritual, de estar llevando fruto. Examina tu corazón continuamente, ponte metas en áreas estancadas por el pecado y rinde cuentas a una anciana espiritual.
            Gracias  a Dios tuve a dos ancianas que me enseñaron mucho. A una de ellas le rindo cuentas hasta hoy, ella es Marcela Daut, quien desde hace varios años sirve en Francia y me discipuló desde recién convertida. De ella aprendí desde planchar ropa, la hospitalidad, el tiempo siempre dispuesto para escucharme y exhortarme, el ejemplo de la sumisión a Dios (para esperar pareja) y al esposo  (durante el matrimonio), gozarme de las cosas pequeñas y la amabilidad.
            Durante mis tres años de Instituto Bíblico, tuve la fortuna de observar a muchas mujeres maduras, pero mi consejera directa fue Susana Daut (suegra de mi otra mentora). Me enseñó mucho sobre la vida en el hogar. Gozaba cocinar, preparar el ambiente de la casa con aromatizante antes de que llegaran el esposo o hijos de la oficina o escuela, todo siempre en su lugar, preparaba bocadillos  para que estuvieran listos cuando su hijo viniera de estudiar, muy disciplinada en su aspecto personal y ejercicio físico, transparente al compartirme sus luchas y victorias espirituales, siempre  cuidadosa de tener tiempo con su esposo como prioridad, de destinar presupuesto para llamar a sus discípulas cuando necesitaran consejo al regresar a sus países (no existía el Skype), madre ejemplar (puesto que sus tres hijos, ya casados, sirven al Señor) y ayudaba a lavar ropa a los alumnos solteros…
            Esto va como un agradecimiento y reconocimiento público a su labor en mi vida y en la de muchas otras mujeres que se han cruzado con ellas.

Fil.1.3.- Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros,

            Mi deseo es que puedan decir de mí 3 Jn. 4.- No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.”

            Toma el desafío de enseñar y crecer.

            Hasta la próxima.

Jéssica Jiménez de Beltrán


Basado en caps. 7 y 8 del Libro
El Llamado Supremo de la Mujer, de Elizabeth George


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2 comentarios:

  1. Hermoso!!!Muy practico.directo al punto...Buenisimo y listo para poner en practica !!!Jessi eres una dura(en colombiano quiere decir que te admiro..:)) Besitos

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