Paz






            Un cristiano es el hijo del "Dios de paz" (1Tes. 5.23) y su Salvador es el "Príncipe de paz" (Is. 9.6). Su corazón y su vida han de manifestar la cualidad sobrenatural de la "paz de Dios".
            Personas que todavía no conocen a Cristo comentan que lo que más les impacta en la vida de los cristianos es su tranquilidad y estabilidad ante la adversidad de las pruebas y los problemas en su vida. La paz del cristiano es una parte impactante del testimonio de un creyente en medio de un mundo de tribulaciones.
            En la vida de cada humano y en su derredor están muchos enemigos de la paz y la tranquilidad. No faltan enfermedades, contratiempos, fracaso, crítica, defectos, ofensas, peligros, necesidad económica, soledad, pobreza, desempleo, tentaciones, catástrofes naturales, estrés, problemas interpersonales, dolor físico, inseguridad, incertidumbre del futuro, muerte y tribulaciones de todo tipo que afectan el cuerpo, los pensamientos y las emociones. El cristiano no tiene total control sobre estas experiencias pero Dios ofrece su paz, su tranquilidad, en el corazón:

"La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Jn 14:27).

            La pregunta crucial es, ¿cómo responde el cristiano a las situaciones difíciles en su vida y en su ambiente?
            En vez de experimentar la tranquilidad, el humano está muy presto a sentir la gama de emociones negativas como la ansiedad, el desánimo, el miedo, el resentimiento, la frustración, el enojo, la duda, el descontento, la amargura, la depresión, la envidia o la avaricia. Estas reacciones quitan la paz del corazón.

Rom. 3.15-17.- Sus pies se apresuran para derramar sangre;  Quebranto y desventura hay en sus caminos; Y no conocieron camino de paz.

            Nuestro mundo manifiesta todos los días su búsqueda de la paz: el uso de los tranquilizantes, el alcohol y las drogas, la necesidad de la terapia sicológica y la consejería pastoral, los tratados de paz, y las "fuerzas de paz" presentes en tantas naciones del mundo.
            Richard Strauss resume la crisis actual en los Estados Unidos: 97% de todos los médicos que tratan al público recetan tranquilizantes. Valium es el medicamento recetado con más frecuencia en las Américas.
            Algunos médicos sugieren que hasta 70% de todas las enfermedades son causadas por congoja mental o ansiedad. Especialistas la señalan como la primera causa de la enfermedad del corazón. Las personas literalmente invierten fortunas buscando aliviar sus ansiedades. Una de las necesidades más apremiantes de nuestra generación es el alivio de la ansiedad, un sentido de paz interna.
            Debemos entender que la tranquilidad es un valor complejo en los humanos, pero no imposible de resolver.
            Vamos a definir rápidamente qué es paz: “Tranquilidad, sosiego, descanso, lo opuesto de turbación”.
            El vocablo paz se menciona 170 veces en el A.T. en los momentos de mayor crisis. (hebreo /Shalom/ del verbo /shalam/ =estar entero, completo, seguro) significa el cúmulo de bendiciones de toda clase que descienden de parte del Padre. La idea es bienestar, prosperidad espiritual y material.

Is. 45.6, 7.- “para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto”.

            Hay 2 tipos de paz:

            1. Paz con Dios: El evangelio anuncia que hay paz con Dios y entre los hombres por medio de Jesús.

Rom 5.1. “Justificados por la fe tenemos paz para con Dios por medio de Cristo”.

            El hombre no puede estar en conflicto con Dios y en paz con su prójimo. Es la paz que se logra al convertirme en hija de Dios.

            2. Paz de Dios: Es el legado de Cristo para todo creyente que anda en el Espíritu.  La paz del alma es fruto del Espíritu Santo (Gál. 5.22). Es mi actitud frente a Dios en los problemas. Los cristianos enfrentan tareas difíciles, enfermedad, tentaciones, el fracaso de nuestros planes, la pérdida de bienes o de seres queridos, la crítica o la oposición de otros, el dolor de relaciones quebradas, la soledad, el estrés del trabajo, el estudio o el ministerio.
            En estos momentos es cuando debemos experimentar la tranquilidad de corazón y la paz de Dios, en las emociones y en nuestras acciones. Sabemos que no se da automáticamente al recibir a Cristo, sino que va junto con la madurez espiritual.

            Por ese cúmulo de cosas que nos asedian, la próxima semana estudiaremos 4 actitudes del creyente para disfrutar la paz con Dios.

            ¡Te espero!


Jéssica Jiménez de Beltrán

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