6. Amar a los hijos








Tito2.4.-  “que enseñen a las mujeres 
jóvenes a amar (…) a sus hijos,”

Y llegamos ya al sexto requisito esencial para la vida piadosa de la mujer de Tito 2.3-5: Amar a los hijos.

Parece extraño que Pablo deba estar haciendo esta mención especial en la lista de cosas buenas que las mujeres jóvenes deben manejar, el amor al esposo y a los hijos, pues que se supone que debe ser algo natural que debe fluir de nuestro corazón al momento de decidir casarnos y formar una familia ¿no crees?

El origen de la palabra  es el amor fileo, de amistad, el ser amantes de nuestros hijos.

Te cuento que por la gracia de Dios me casé, y aun con más gracia divina soy mamá. Después de cinco años de desearlo, por fin tuve un embarazo, y por supuesto, por las circunstancias de mi salud, de alto riesgo.

Contra los pronósticos médicos llegué a las 36 semanas de gestación y por fin mi deseado pequeño nació, y además sano.

Todo iba relativamente bien, costaba un poco que comiera, pero nada grave, era normal por su condición.

Yo había pasado leyendo sobre el embarazo, los bebés, repaso de los apuntes de Hogar Cristiano, instrucción para los hijos, platicaba con mi consejera Marcela cada 15 días para que me compartiera sus más efectivos tips de maternidad, además de que había ayudado a mi mamá a cuidar a mi hermano menor a los 14 años, y tenía todo tan presente como si hubiera sido ayer… Yo me sentía preparada para cualquier cosa que pudiera presentarse, no en vano fueron los casi 6 meses en que estuve en reposo.

Pero rumbo al fin de la cuarentena, mi adorable hijo empezó a tomar la rutina de llorar más o menos desde las 7 o 9 de la noche por cuatro horas… sin parar!!! Al principio, llamamos al médico para que lo revisara, pero estaba en perfecto estado.

Después, como a las 6 de la tarde le administraba todos los medicamentos y remedios recomendados para que el niño no tuviera malestar alguno al llegar la noche. Pero todo era en vano.

Llegaba a tal grado nuestra desesperación, que a mi esposo y a mí se nos subía la presión arterial de escuchar los alaridos de nuestro añorado hijo. Yo pensaba: “¡Este niño se va a quedar huérfano antes de que perciba claramente el rostro de sus padres!”

Mi pobre marido debía ir a trabajar, aunque intentara dormir, el bebé dejaba de llorar y se dormía hasta las dos de la madrugada; vivíamos además en un  edificio de departamentos, pero Dios cuidó que una de las vecinas más cercanas fuera sorda!! Esto duró como unos 2 o 3 meses más, casi todos los días…

Ahí comprendí por qué debían enseñarme a amar a los hijos. En esos momentos, olvidaba cuánto había orado porque pudiera ser madre. Ahí comprendía cuando me decían, “nunca más vas a dormir una noche completa, ni a dormir una siesta”, ya que pensaba que conmigo iba a ser diferente, porque yo soy de seguir instrucciones al pie de la letra. Ahí valoré aun más a mi mamá.

Por eso, el amor de una madre es sacrificial, ya que desde antes de que nazca el bebé, debes dejar de comer lo que quieras, de hacer lo que desees, dormir en tu posición favorita, etc.

Y vamos ahora a la cuestión del tiempo, tu vida nunca va a ser igual. Pareciera que la casa nunca puede estar totalmente ordenada, si tienes tu horario planeado para hacer quehaceres, a tu hijo se le ocurre vomitar, tirar el plato de comida al piso, hacer popó, un berrinche o caerse, justo cuando tu esposo está por llegar de trabajar.

Con mucha facilidad podemos añorar nuestros tiempos de laborar con un jefe malhumorado, de planes estructurados, en lugar de “batallar” con nuestros hijos, “quisiéramos que este tiempo pasara rápido para seguir adelante con la verdadera vida”, con la de allá afuera.

Sin embargo, no olvidemos que el tiempo pasa rápido y que solo estaremos con los hijos pocos años, y que lo que invirtamos en ellos los primeros tres, definen su carácter para el resto de su vida (Ec. 3.1-11).

Recuerdo que yo pensaba: “ya ha pasado tan rápido un mes, y pensar que lo esperé por cinco años, y solo vivirá conmigo a lo mejor solo hasta los 20…” (A lo mejor un poco exagerada por la depresión post-parto, pero real). Tenemos los ejemplos bíblicos de Jocabed y Ana.

“Antes de que nos demos cuenta, los corazones tiernos y flexibles se endurecen (…) ¿Qué haces para que los minutos, meses y años valgan la pena?”

Demos un vistazo a lo que dice Dios sobre la paternidad:
Dt. 6.6, 7.- Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.

Como padres temerosos de Dios, es nuestra responsabilidad enseñarles de la palabra, todos los días y en todas las situaciones, no es de la iglesia ni de la escuela cristiana.

Prov. 1.8, 9.- Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre,
Y no desprecies la dirección de tu madre;
Porque adorno de gracia serán a tu cabeza,
Y collares a tu cuello.

“Nadie tiene mayor potencial para influir de manera piadosa en un niño que una madre temerosa de Dios”.  Por tanto, debemos responder fielmente al llamado de Dios en esta área y orar para que Dios nos de la capacidad para que Su Palabra de arraigue en los corazones de los hijos.

Tenemos los ejemplos de Sara, Rebeca, Raquel, Ana, Elisabet y Jocabed, entre otras.

Y por supuesto, Tito 2.3, 4, que ya citamos al principio. “Las madres cristianas, debemos amar a nuestros hijos a pesar de… pase lo que pase… (…) ¿Y de dónde proviene ese amor? Debe surgir de un corazón santificado (…) sin basarse en la apariencia de ellos, sus personalidades, lo brillantes que sean, ni en la respuesta que le den a nuestros intentos de amor”.

Yo digo que mi hijo: “Ama a su padre y usa a su madre” J A pesar de lo que hago por él, a su padre es al que llena de besos y yo debo mendigárselos!! Pero eso sí, él sabe que su mamá es incondicional.

Elizabeth George nos presente algunas formas de amar a nuestros hijos:

Ø    Ser afectuosos con ellos. El sentirse amados les da seguridad y autoestima.
 Abrazarlos mucho y llenarlos de besos debe ser parte de tu forma de ser, de lo contrario, lo buscarán en otra parte.
 Hasta que tuve a nuestro bebé comprendí la frase de “llenarlos de besos”. Ser madre, derritió a la dama de hierro que solía ser J ¡eso fue solo de Dios!

Ø    Prepararlos para que trabajen, sean responsables, respetuosos, obedientes y con buena actitud. Recordemos el mandato de obedecer a los padres (Ef. 6.1, 2).

Hace dos semanas estuvimos hablando sobre ser maestras del bien primero en nuestros hogares.

Napoleón Bonaparte decía que “El porvenir de un hijo es siempre obra de su madre.”

Ø    Orar por ellos. Tenemos la herramienta de 31 virtudes bíblicas para orar por nuestros hijos en este blog. ¡Está fantástica!

Ø    Dedicar tiempo para instruirte sobre la maternidad según la etapa de tu hijo. Ser madre requiere preparación. Hay infinidad de recursos seculares para la cuestión médica y de alimentación y cientos de buenos libros cristianos que te pueden ayudar con la crianza de los hijos.

Ø    Crear oportunidades para hablarles acerca de Dios (Dt. 6.6, 7) y leerles historias bíblicas.

Ø    Enseñarles a orar, a ser agradecidos con el Señor por los detalles que pueden parecer cotidianos.

Desde poco antes de los dos años,  de repente interrumpe sus juegos y durante el día me toma de la mano, inclina su cabeza y cierra los ojos para orar. Por supuesto que no desaprovecho esos deseos de nuestro hijo.

Una idea es que tengo un mantel individual en la mesa del comedor con un mapa de un planisferio, y al momento de comer, él elige un país y oramos por la salvación de esa nación y sus siervos en aquel lugar.

Ø    Cuídalos. La ropa, su comida, horarios, descanso, un hogar seguro y en paz, el orden, la limpieza, sus medicamentos, etc. Esto requerirá todo tu esfuerzo, pero te recuerdo esta frase: “En general, las madres son los únicos trabajadores que nunca tienen días libres. Una clase sin derecho a vacaciones”. ¡Nuestra fuerza provendrá del Señor!

Ø    Responsabilidad de hablarles sobre la salvación y llevarlos a los pies de Cristo. Esta debe ser nuestra principal prioridad para la vida de nuestros retoños.

Ø    Ser un ejemplo de piedad, es el regalo más valioso dar a tu familia un buen ejemplo.
En lo personal, el ser madre, me ha llevado a desear perfeccionarme y madurar más rápido para no influenciar de mala manera a mi hijo con mis flaquezas, antes de que tome más conciencia con la edad. Lo que haces habla más fuerte que lo que dices. (Prov. 31.39-31).

¿Qué te ha parecido el paseo por este requisito para la mujer respecto a su familia? Desafiante, todo un reto que vale la pena pasar.

No en vano aun  el reconocimiento secular hacia las mamás: “La mano que mece la cuna rige el mundo” (Peter de Vries, novelista estadounidense).

Debo agradecer a Dios por todo lo que he aprendido al ser madre: valorar y agradecer a mi madre por su dedicación a mi persona; la dependencia en el Señor, no en mis propias fuerzas; comprender mejor el carácter de Dios como nuestro Padre; ser amorosa y paciente; dominio propio; disfrutar los pequeños detalles de la vida; reír por situaciones que pueden parecer muy comunes; aprovechar el tiempo, porque pasa rápido; atesorar cada momento en mi corazón; ser firme; más minuciosa; examinar cada día mi corazón para que Dios saque cada día lo peor de él; y tomar el desafío de formar una vida para la eternidad.

El mundo y la naturaleza pecaminosa están en guerra por el corazón de nuestros hijos, hay que luchar por ellos cada día para que vuelvan a Dios, solo con la fuerza que da el Altísimo y Su espada.

Gracias Señor por darme una segunda oportunidad de vivir durante el parto, y ser madre ¡Es lo mejor que me ha pasado en la vida!





Por Jéssica Jiménez de Beltrán.


Basado en El llamado supremo de
 la mujer de Elizabeth George.
Caps. 11 y 12.

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Comentarios

  1. Esta precioso mi amiga realmente muy inspirador!!!

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  2. GRACIAS POR ESTE ARTICULO,CREO QUE HOY MAS QUE NUNCA SE NECESITAN DE ESTOS ARTICULOS.MUCHAS BENDICIONES.

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