Las cosas de arriba







            En estos días de inactividad “internauta” he tenido tiempo para recuperar una de mis grandes pasiones, la lectura. Y entre los varios libros que he leído en estas semanas está Cuando lo que Dios hace no tiene sentido del Dr. James Dobson (si tienes la oportunidad de leerlo, ¡no dejes de hacerlo!). El libro básicamente explica que no podemos comprender las cosas malas que nos suceden porque nuestra mente no es capaz de comprender los motivos y las razones de Dios para hacer las cosas y que debemos aceptarlas por fe en el amor de Dios por nosotros. También habla de tener siempre presente que estamos de paso en la tierra, que nuestra vida terrenal es temporal y que la eternidad vamos a pasarla en el cielo, lo que debe cambiar nuestra óptica del mundo y de nosotros mismos.

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.”
Colosenses 3:1-4

            ¡Ah qué hermoso pensamiento! ¡Qué gozo saber que las dificultades de esta vida son pasajeras, que mi esperanza está arriba, en los cielos, junto a Dios! Y qué responsabilidad conlleva eso también. Mi vida terrenal debe reflejar, en mi forma de vivir, que he resucitado con Cristo.
            Estos versículos que Pablo les dedica a los Colosenses nos ayudan a apreciar las cosas en su justo valor. Es difícil que nos entreguemos  a una vida de materialismo cuando recordamos que este mundo es temporal o incluso sentirnos frustrados por las cosas que nos suceden. Comprender plenamente la brevedad de la vida y entender que sólo estamos de paso, poner la mirada en “las cosas de arriba”, nos ayuda a mirar al futuro espiritualmente; a un futuro en el que estaremos en una fiesta como ninguna otra que hayamos visto y nos inclinaremos humildemente ante Aquel que estará vestido con una ropa que llegará hasta los pies, con los ojos que parecerán llanas de fuego y pies como bronce pulido (Apocalipsis 1:13-15).

            Elisabeth Elliot escribió lo siguiente:

       “¿Alguna vez se ha entregado usted a algo de todo corazón, ha orado por ello y trabajado en ello lleno de confianza porque creía que eso era lo que Dios quería que usted hiciera y finalmente ver que todo “quedó encallado”?
       En la historia del viaje de Pablo como prisionero a través del Mar Adriático se nos dice cómo un ángel le dijo a Pablo que no tuviera temor porque Dios lo libraría de morir tanto a é como a todos los que iban en la nave. Pablo animó a los guardias y a los demás pasajeros con esas palabras, pero agregó: “Con todo, habremos de encallar en alguna isla” (Hechos 27:26 NVI).
       Parecería como que el Dios que prometió librarlos de la muerte a todos podría haber hecho “algo mejor”, salvando también la nave y librándolos de tener que llegar a la isla en los restos desechos de la embarcación. La realidad es que no lo hizo así.
       El cielo no está aquí, está allá. Si Dios nos diera aquí todo lo que queremos, nuestros corazones se contentarían con las cosas de este mundo en vez de interesarse por el venidero. Dios está atrayéndonos constantemente hacia arriba y lejos de este mundo, llamándonos a Sí mismo y a Su Reino que aún es invisible, donde ciertamente encontraremos lo que anhelamos tan intensamente.
       “Encallar” no es el fin del mundo, pero nos ayuda a no meternos en tentación, la tentación de sentirnos satisfechos con las cosas que vemos”
“The Elisabeth Elliot Newsletter”, septiembre/octubre de 1988.


            Todos los creyentes “encallaremos” en algún momento de nuestras vidas y debemos aprender a no dejarnos llevar por el pánico cuando nuestra embarcación choca con un banco de arena.
            ¿Cómo? Poniendo nuestra mira en “las cosas de arriba”, en nuestro futuro glorioso escondido con Cristo en Dios. En esa vida eterna que, por gracia, nos ha sido otorgada para, un día, manifestarnos con Cristo en gloria.
            ¿Estás pasando por un bache, un mal momento o incluso alguna tragedia en tu vida? Pon tus ojos en las cosas de arriba. Por favor, no creas que estoy menospreciando o minimizando tu dolor, ni pienses que la fe es contraria a las lágrimas o al duelo ¡ni mucho menos! Sólo recuerda que Dios te ama y que ya ha reservado un lugar para ti, por toda la eternidad.
            Que esa seguridad sea la que te ayude a sobrellevar el momento que estás viviendo con tus ojos puestos en las cosas de arriba.

Edurne

Comentarios