¿QUEJUMBROSA, YO?




¡Hola amigas! 

Hoy hablaremos de un tema que nos atañe, por desgracia, a muchas mujeres: La queja. Empezaré con una historia:

Parece que en algunas partes de México se produce el fenómeno natural de encontrar fuentes de agua caliente y fuentes de agua fría una al lado de la otra. Las mujeres se benefician de las ventajas de este fenómeno porque lavan sus ropas en la caliente y las enjuagan en la fría. Un turista, comentó al guía:
-Me imagino que las señoras pensarán que la Madre Naturaleza es muy generosa, proveyéndoles de abundancia de agua caliente y fría tan cerca una de la otra y, además, gratis.
El guía replicó:
-No señor, hay mucho descontento y queja porque no les proporciona también jabón.
¿Damos gracias por lo que tenemos o nos dedicamos a quejarnos por lo que no tenemos?”

Según el diccionario Larousse, la queja se define como la manifestación de dolor o pena, resentimiento, motivo de descontento.

A la persona que tiene a la queja como un hábito en su vida, se le llama “quejumbrosa”.
        
        Puede ser que nos sintamos con derecho a quejarnos, ya que pensamos que sólo a nosotros nos va mal o debemos soportar personas que no son de bendición a nuestras vidas.

          Veremos el ejemplo de Job. 10.1.- “Está mi alma hastiada de mi vida; Daré libre curso a mi queja, Hablaré con amargura de mi alma”. Mira que Job tenía muchas cosas por las cuales quejarse ¿eh?
           Hay variadas cosas por las que nos quejamos: el clima, el trabajo, el esposo, tus padres, la escuela, los hijos, los amigos, los hermanos de la iglesia, las autoridades seculares y eclesiásticas, del lugar donde vives, de ti misma… etc!!

   Hay 4 clases de quejosos o quejumbrosos:
A. EL LLORÓN.- Mt. 20.1-16. No debo preocuparme por lo que los demás reciben, sino por lo que Dios me da a mí.
B. EL MARTIR. Moisés dijo que era mucha carga para él guiar a Israel, siente lástima por sí mismo.
C. PESIMISTA. Ec. 1.8-10. Que las cosas nunca van a mejorar, seguirán igual de mal, en lugar de conformarse, sigue con la queja.
D. PERFECCIONISTA. Prov. 27.15. Nunca le das gusto, por más que lo intentes, sigue con su queja. ¿Con cuál te identificas?

          ¿QUIÉNES SOMOS PARA QUEJARNOS, BíBLICAMENTE TENEMOS DERECHO DE HACERLO?

QUEJA CONTRA PERSONAS: St. 4.11a, 12.- Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?

            Murmurar en el original es “parlanchín en contra, traidor, difamador”.
            
            La Biblia del Diario Vivir comenta “Jesús resume la ley en amar a Dios y al prójimo (Mt. 22.37–40) y Pablo dice que el amor que se le muestra a nuestro prójimo satisface ampliamente la ley ( Rom. 13.6–10). Cuando no amamos, estamos quebrantando la ley de Dios. Examine su actitud y conducta hacia los demás. ¿Edifica usted a la gente o la acongoja?”

¡UUppss! ¡Qué pregunta! No seamos como buitres que pasan desapercibidos ante las flores, pero cuando ven un monte con algo corrompido, van de inmediato a comérselo y tener un gran festín.

Por su parte, el comentarista Mathew Henry señala que el ser humano que se pone como juez de su hermano está usurpando una función que compete exclusivamente a Dios. ¡Qué atrevimiento nos permitimos! ¿Verdad?

QUEJA CONTRA CIRCUNSTANCIAS DE LA VIDA. Si recordamos que Dios está en control DE TODO lo que nos pasa, debemos confiar que hay un propósito por el cual estamos en tal circunstancia:
         St. 5.8-11.- “ 8 Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.  9 Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.  10 Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.  11 He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo”.

            Aquí en el versículo 5.9, quejéis es “meter o estar en aprietos, murmurar, orar inaudiblemente, gemir, angustiar, quejarse. De 4728 que es estrecho, angosto (obstáculos que están cerca)”.

            Dios sabe las aflicciones en las que nos pone, siempre tiene un propósito, conoce cómo limpiar nuestro corazón de lo que nos estorba para llevar fruto. Recuerda que tiene pensamientos de paz y no de mal hacia nosotros (Jer.29.11).

             Puedes pensar que aun así Dios no te entiende y tienes derecho de quejarte, pero déjame decirte que DIOS SE CANSA DE NUESTRAS QUEJAS. 
             Israel se distinguió por ser un pueblo quejumbroso. Nm 17.5.- “Y florecerá la vara del varón que yo escoja, y haré cesar de delante de mí las quejas de los hijos de Israel con que murmuran contra vosotros”.

              ¿CÓMO CORRIJO LA QUEJA?
1.- ADMITIR QUE QUEJARSE ES PECADO
Sal. 78.21-32.- No recibieron la bendición que Dios les había preparado, no creyeron, se quejaron, desobedecieron, despreciaron las bendiciones de Dios. Hubo consecuencias negativas por quejarse.

2.- ACEPTAR MI RESPONSABILIDAD POR MI PROPIA VIDA
No como Adán que en lugar de reconocer su pecado, se quejó de Eva “la mujer que me diste…”
Dios mandó a las serpientes contra Israel por murmurar, hasta que no reconocieron su pecado, cesó esta situación (Nm. 21.4-8).

3.- DESARROLAR ACTITUD DE AGRADECIMIENTO. Confiar en que Dios tiene un plan para mí y debe trabajar en ciertas áreas de mi corazón antes de darme privilegios. ¿Cuáles? No lo sabemos, pero recordemos que en Dios tenemos un padre, no un verdugo (1 Tes. 5.18).

4.- DECIR ALGO BENEFICIOSO DE OTROS
Cuando estemos a punto de criticar a alguien, recordemos la ley de amor de Dios y digamos algo bueno. Esta acción nos curará de nuestra tendencia de hallar faltas en los demás.

5.- HABLAR Y ORAR POR LAS PERSONAS DE LAS QUE TE QUEJAS
St. 5.16.-“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”.

Aquí hay dos pasos. Primero, puede ser que la persona no se haya dado cuenta de que es de tropiezo para otros con cierta actitud, y si no se lo decimos… ¡menos lo cambiará! ¡Debe saberlo! Por eso dice confesaos vuestras ofensas unos a otros.

Luego, orar diciendo:” Yo no tengo  tales defectos y lucharé noblemente en oración por la simpatía cristiana que debo tener con mi hermano, no contra de mi hermano, sino contra sus defectos o pecados”. No olvidar que yo también tengo defectos y alguien puede quejarse de mí (Gál. 6.1).

5.- PONERME EN SINTONÍA CON DIOS.
Nosotros tenemos a Cristo en cualquier circunstancia, Él me sostiene y provee, debo confiar en sus promesas.

Mt. 5.44.- “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.”

Sal. 37.39, 40.- Pero la salvación de los justos es de Jehová,
Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia.
Jehová los ayudará y los librará;
Los libertará de los impíos, y los salvará,
Por cuanto en él esperaron.”

           Dios conoce que hay personas que me hostigan, molestan y angustian, sabe mi condición y tiene un propósito al ponerme junto a otras personas y en ciertas aflicciones o circunstancias.

         ¿CÓMO EXPRESAR MI QUEJA CORRECTAMENTE?
         Con el primero que debo acudir es con Dios, Él está siempre ahí para escucharme y derramar mi corazón.

Sal. 142.1-3.- Con mi voz clamaré a Jehová; Con mi voz pediré a Jehová misericordia. Delante de él expondré mi queja; Delante de él manifestaré mi angustia. Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda.

            Por último voy a hacer un paréntesis y dejarte un motivo de oración: POR NUESTRAS AUTORIDADES EN LA IGLESIA

            Heb. 13.17.- “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso”.

             Si nos vestimos de amor al prójimo, misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia y perdón, podrás sobrellevar las actitudes de las personas y las circunstancias que por ahora, no entendemos (Col. 3.12-14).

          Concluyo con esta fuerte anécdota:
 “Alguien preguntó una vez al revisor del tren expreso cómo podía aguantar las impertinencias de niños y mayores que sufría por los viajes. La respuesta fue ‘es que si no me portara bien en el expreso, me pondrían en el tren de carga’
Si no podemos soportar alguna prueba, Dios puede llevarnos al cielo, que es un lugar libre de defectos, o puede ponernos en un lugar inferior donde estaremos libres de aquella aflicción, pero con otras mayores.
Recordemos que él nos ama tanto, que quiere disciplinarnos y entrenarnos para las cosas más elevadas, y darnos una corona más rica. Cada victoria que ganamos sobre nosotros mismos, en el día de hoy, acrecentará nuestra gloria en la eternidad y aun durante nuestra vida terrenal”.
¡Sí se puede!

                          Jéssica Jiménez de Beltrán.

Comentarios

  1. Anónimo22/6/15 1:42

    Muy buen estudio, muchas gracias! Me hacia falta!

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