Sazón

20/4/15



Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.”
Colosenses 4:5-6


          Pablo nos da, en estos dos versículos, una exhortación sobre la manera en la que debemos conducirnos “con los de afuera” es decir, con aquellos que no conocen a Cristo.
          Debemos tener sumo cuidado con la forma en la que hablamos y actuamos en la presencia de personas que no son creyentes.  Cuando las personas a nuestro alrededor saben que somos cristianos, se van a interesar en la forma en la que vivimos y van a evaluar el ser cristiano en base a lo que vean y escuchen de nosotros. ¿Qué responsabilidad, no crees?

          Es por tanto necesario que cada día demostremos con nuestra vida lo que significa tener una relación personal con el Señor Jesucristo. Somos anuncios andantes y debemos ser sumamente cuidadosas con lo que otros ven a través de nuestras relaciones familiares, con otros hermanos y en la sociedad en general.

          Debemos redimir, invertir sabiamente, el tiempo que Dios nos ha dado a cada una de nosotras. Caminar sabiamente nos hace pensar inevitablemente dos veces en lo que hacemos y decimos.

          Hoy quiero centrarme un poco más en lo que decimos, y en cómo lo decimos. Quizás porque es un aspecto personal que debo cuidar constantemente, manteniendo mi lengua bajo control. 

          Nuestras palabras deben ser “con gracia” y “sazonadas con sal”. 

          El Señor Jesucristo hablaba con gracia en Sus labios “Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?” (Lucas 4:22). Entre las muchas afirmaciones sobre Jesucristo en el Salmo 45 está esta: “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; La gracia se derramó en tus labios; Por tanto, Dios te ha bendecido para siempre” (v.2). Incluso cuando el Señor estaba batallando con el pecado, El habló palabras con gracia.

          Nuestras palabra se supone que deben ministrar gracia en el oyente (Efesios 4:29). Pero eso no puede suceder a no ser que tengamos gracia en nuestro corazón y en nuestras palabras. “Hablar la verdad en amor” (Efesios 4:15) es el ideal de Dios para nuestra conversación.

          ¿Por qué añadió Pablo “sazonada con sal”? En esa época, la sal no sólo se usaba para condimentar la comida, sino que también ayudaba a conservarla. Debemos poner la sal en nuestro hablar para asegurarnos de que es pura y de que está sazonada apropiadamente. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” (Efesios 4:29). Nuestra forma de hablar debe ser pura y debe ser el reflejo de un corazón puro.

          La sal también se usaba en los sacrificios (Levítico 2:13). Quizás Pablo estaba sugiriendo que debemos ver nuestras palabras como un sacrificio ofrecido a Dios,  tal y como lo son nuestras alabanzas (Hebreos 13:15). Sin duda, tener en mente que nuestras palabras son vistas como sacrificios a Dios, nos ayudarían a decir lo correcto de la forma apropiada.

          ¿No te parece terrible escuchar a un “cristiano” maldecir o decir malas palabras, incluso gritar o hablar de forma descortés? ¡Y más cuando hay inconversos escuchando!

1 Pedro 3:15

sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;”

          Mansedumbre es lo opuesto a la dureza y reverencia lo opuesto de arrogancia. En nuestra conversación, la actitud de saberlo todo no debe tener lugar. Es verdad que debemos tener convicciones, pero también lo es que debemos cultivar un espíritu de amor.

          ¿Cómo es tu comportamiento cuando estás con personas que no conocen a Cristo? ¿Cómo son tus palabras? ¿Están sazonadas con sal? ¿Tienen buen condimento?


Contenta en Su servicio,


Edurne


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