19/11/12

Una lengua limpia










Hoy estudiaremos la primera característica de una lengua dulce, agradable a Dios, que es palabra LIMPIA.


Ef. 4:29.- Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino
la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. 


La palabra corrompida en el original, significa podrido, muerto, que no vale nada. Por tanto, la palabra no corrompida o limpia debe ser al revés, agradable, viva y valiosa.


En esta porción de la Biblia, Dios no quiere palabras bajas y vergonzosas, charlas absurdas o insensatas, de comicidad vulgar, sino, reitero, desea un lenguaje de gratitud como acto de adoración. Las obscenidades o las vulgaridades son tan acostumbradas en nuestras sociedades, que empezamos a aceptarlas, aun cuando no las pronunciemos.

El lenguaje sucio es sin duda uno de los problemas más comunes y que más afean la belleza de las personas; desde el más erudito y refinado, hasta el más ignorante.

De hecho, parece estar de moda, inclusive en las más altas esferas de la sociedad y la cultura, utilizar palabras bajas o denigrantes acompañadas de expresiones cultas, como si sacadas de su contexto parecieran más interesantes.

Esto ha llegado a tal grado, que la Real Academia Española, ha cedido su “realeza” valga la redundancia y ha incluido palabras altisonantes como parte del Diccionario de la Lengua.

Los considerados por el mundo como grandes literatos como Octavio Paz, Juan Rulfo y García Márquez, por mencionar algunos, usan en sus historias vocablos vulgares e historias sexuales, que los intelectuales manejan que son historias reales y palabras usadas para que el público se “identifique”.

Hay mucha preocupación por la contaminación del aire y el agua, pero no por la de nuestro hablar. 

Veamos ejemplos: La lengua limpia muestra reverencia a todas las cosas santas, personales, privadas e importantes, se rehúsa a emplear palabras bajas u obscenas al referirse a temas sexuales porque tiene un elevado concepto del verdadero amor.

            Tampoco inventará animalizaciones de personas que agraden a su autoestima, como “María se ríe como una hiena,  Carlos come como cerdo o ya estás con tu cara de perro”. 

 Esto provoca bullying escolar, violencia familiar, y en cualquier lugar en que sea usado. Afecta la autoestima y provoca gente acomplejada que arrastra con este problema por muchos años, s es que no por toda la vida s no es atendido.   

Enseña a tus hijos a dirigirse con respeto a sus compañeros cualquiera que sea su condición física o social.

El vocabulario perverso y burlón no puede hablarse por el cristiano porque no refleja la presencia de Dios en nosotros.

La próxima semana veremos la palabra buena y agradecida.


Por Jéssica Jiménez de Beltrán.

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