Lengua sabia y clemente

6/12/12







Continuando con nuestro estudio sobre el lenguaje, hoy revisaremos la palabra sabia, según Prov.  31:26 que dice:
26 Abre su boca con sabiduría, Y la ley de clemencia está en su lengua.

Desde el A.T. la sabiduría es el dominio del arte de vivir en conformidad con las expectativas divinas. “Un sabio, se distingue porque su estilo de vida proyecta el temor de dios y la bendición del señor reposa sobre él”.

En Ec. 10:12 y 8:1 dice que las palabras del sabio son llenas de gracia y que la sabiduría ilumina el rostro del hombre.
Ec. 10:12.-Las palabras de la boca del sabio son llenas de gracia,
mas los labios del necio causan su propia ruina.
Ec. 8:1.- ¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración
de las cosas? La sabiduría del hombre ilumina su rostro, y
la tosquedad de su semblante se mudará.

¿Qué necesitamos para ser sabias? Simplemente pedírselo a Dios y será dada esta cualidad sin reproche y no solo eso, también abundantemente.
Pero si le agradas a Dios, El te la otorgará sin que tú se la solicites. Estas promesas se encuentran en las siguientes citas:
St. 1:5-7.-  5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y 
sin reproche, y le será dada. 
6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 
7 No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa 
alguna del Señor. 
Ec. 2.26.- Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; mas al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios.

Veamos ahora las distinciones entre la sabiduría del mundo y la de lo alto.
St. 3:13-17.-  13 ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. 14 Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad;  15 porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.  16 Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.  17 Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.  18 Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

Así como podemos identificar un árbol por el tipo de fruto que produce, también puede evaluar su propia sabiduría por la forma en que actúa. “¿Está usted tentado a agrandar el conflicto, hacer correr el chisme o echar leña al fuego de la discordia? Las conversaciones agradables, así como las palabras prudentes y amorosas, son semillas de paz”.
La sabiduría también implica el arte de no perdernos la oportunidad de quedarnos callados. El estar en silencio es más difícil que hablar ¡requiere esfuerzo físico y dominio propio!
Prov. 10.19.- En las muchas palabras no falta pecado;
Mas el que refrena sus labios es prudente.

Antes de hablar estaría bien pensar si vale la pena que lo que voy a decir sea difundido, si será de bendición o edificación (esto es súper-importante y me ha resultado muy útil).

Prov. 15.28.- El corazón del justo piensa para responder;
Mas la boca de los impíos derrama malas cosas.
Prov. 17:27, 28.-El que ahorra sus palabras tiene sabiduría;
De espíritu prudente es el hombre entendido. 
Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio;
El que cierra sus labios es entendido.

Es válido decir a las personas que no puedes responder en ese momento porque no sabes qué responder.
Nuestro silencio puede ser un ministerio para los demás, ¿no solemos estar más a gusto con quien nos escucha, que al lado de quienes monopolizan la conversación y solo descansan para agarrar aire y continuar? Los buenos escuchadores serán personas más solicitadas que los que hablan mucho.
Desarrollemos esta virtud porque hay muchas personas débiles y solitarias que solo necesitan un oído atento, sin que les digas nada más que mostrar tu disposición.

La clemencia es la quinta característica de la lengua dulce.
Prov. 31:26 b.- 26 Abre su boca con sabiduría, Y la ley de clemencia está en su lengua.

En el diccionario Larousse se define como virtud de perdonar o moderar el rigor.

En el original, viene de la raíz kjasád, que es agachar el cuello, conceder, apiadar, inclinarse en bondad hacia un inferior, consolar, ser misericordioso y agradecido.
Se podría resumir este concepto de clemencia en ceder ante los errores o imperfecciones de los demás por amor.
Por tanto no es extraño que en los siguientes versículos leamos:
Prov. 31.28.- Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada;
Y su marido también la alaba.

Con la amabilidad ocurre como con la mayoría de las cosas buenas: comienza en el hogar.
Muchos, si no todos los problemas familiares, pueden ser solucionados o por lo menos suavizados, con una lengua amable. Un poco de amabilidad puede hacer mucho cuando tu marido viene a casa del trabajo cansado e irritable, o cuando tu hijo viene disgustado de la universidad, y es que la lengua clemente vence muchos problemas de expresión.
Prov. 15:1.- La blanda respuesta quita la ira;
Mas la palabra áspera hace subir el furor.
1 P. 3.8, 9.- 8 Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;  9 no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo
 que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. 

Necesitamos un poco de amor para controlar nuestra lengua, especialmente cuando con quien hablamos no es amable con nosotros. Es fácil ser amables cuando los demás son amables con nosotros. Pero la verdadera prueba  viene cuando somos provocados a airarnos.
Ante estas características de la lengua que expresa palabra limpia, buena, agradecida, sabia y clemente ¿Cómo hablamos, endulzamos la vida con nuestra voz o amargamos a los que nos escuchan?
Si alguien te hubiera propuesto pagarte durante un año $200, por cada palabra amable dicha por ti a otros ¿cuánto dinero habrías ganado?
            La próxima semana terminaremos el tema con algunos puntos prácticos para tener palabras dulces agradables a Dios.
¡Te espero!
Por Jéssica Jiménez de Beltrán.

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