Paz para los que creen (parte 1)

20/12/12






En estas fechas estamos cercanos a festejar la Navidad. Hemos escuchado innumerables ocasiones que el nacimiento trajo la posibilidad de paz para los hombres.
Quizás unos dirán: “Si Cristo vino a traer paz al mundo ¿qué pasó, por qué no hay paz en nuestro mundo actual?”
Es cierto que no parece que hay paz, hay guerras y matanzas por doquier y más en nuestro México, y personas que no piensan en más que hacer daño a otras.
En la vida de cada humano y en su derredor están muchos enemigos de la paz y la tranquilidad. No faltan enfermedades, contratiempos, fracasos, crítica, defectos, ofensas, peligros, necesidad económica, soledad, pobreza, desempleo, tentaciones, catástrofes naturales, estrés, problemas interpersonales, dolor físico, inseguridad, incertidumbre del futuro, muerte y tribulaciones de todo tipo que afectan el cuerpo, los pensamientos y las emociones.
El ser humano está presto a sentir esa gama de emociones negativas como la ansiedad, el desánimo, el miedo, el resentimiento, duda, descontento, depresión, que quitan paz al corazón.
Rom. 3.15-17.- Sus pies se apresuran para derramar sangre;
Quebranto y desventura hay en sus caminos; Y no conocieron camino de paz.
            Pero no hay que ir tan lejos ¿hay paz en tu hogar, en tu corazón?
            Hoy veremos qué tipo de paz vino a traer Cristo y a quiénes se las ofrece.
           
             Analizaremos en pasaje de Lucas 2.8-20, que es de mis favoritos:

8 Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.
9 Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.
10 Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:
11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.
12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.
13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:
14 !!Gloria a Dios en las alturas,
Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!
15 Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.
16 Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño.
18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.
19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
20 Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.

Imagina la escena: Los pastores haciendo su labor diaria por la noche cuando se les aparece un ángel que les dice que les dará buenas nuevas que les causarán gran gozo. ¡Y claro! Qué mayor gozo y paz que el perdón de pecados, la reconciliación de Dios con el hombre, el anuncio de un Salvador.
Cabe destacar que el ángel no se le apareció a alguien que estaba muy cómodo durmiendo en su cama, ni a sacerdotes o gente poderosa, sino a trabajadores humildes bien despiertos a esa hora para que no hubiera duda del anuncio y de quién lo hacía. ¿Pero dónde ocurriría esto? La señal era un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.
Vamos por partes:
La paz y el gozo serán encontrados en un bebé, obviamente pequeño, indefenso y delicado.
Pañales: Paños de envoltura que se utilizaban para envolver a los cuerpos muertos antes de colocarlos en el sepulcro. Su significado es que Él daría su vida por los pecadores.
El pesebre era un cajón hecho a veces de barro mezclado con paja o piedras cementadas con barro y colocado en los establos para echar pasto a los animales. La más humilde cuna para el Príncipe de Paz anunciado en la profecía.
Y eso no fue todo, aparecieron una multitud de ángeles que decían:
«¡Gloria a Dios en el cielo,
y paz en la tierra
para todos los que Dios ama!» (TLA)
Si tenemos paz en nuestros corazones, esa paz de una relación con Dios, hay paz en nuestra vida, en los hogares…
La obra de la salvación es para gloria de Dios, y el beneficio de ella, para los hombres.
Jonás 2.9b.- Pues mi salvación viene sólo del Señor» (NTV).
¿Para cuáles hombres habrá paz? Para todos los que Dios ama, que son todas sus creaturas ¡toda la humanidad!
El vocablo paz se menciona 170 veces en el A:T: en los momentos de mayor crisis. Viene del verbo “shalam” que es estar entero, completo y seguro… eso que todos anhelamos! Es la idea de toda clase de bendiciones que descienden del cielo, de Dios.
Y termino por hoy con este pasaje:
Is. 45.5-7.- Yo soy el Señor; no hay otro Dios. Te he preparado para la batalla, aunque tú ni siquiera me conoces, para que el mundo entero, desde el oriente hasta el occidente, sepa que no hay otro Dios.
Yo soy el Señor, y no hay otro. Yo formo la luz y creo las tinieblas, yo envío los buenos tiempos y los malos; yo, el Señor, soy el que hace estas cosas. (NTV)
¿Alguna duda? ¡Qué determinante y absoluto pasaje, directo al corazón de parte de nuestro Creador!
Mañana continuaremos en esta reflexión, te espero.

               Por Jéssica Jiménez de Beltrán.
         ¿Quieres conocer a Jéssica? Visita la sección “Colaboradoras”.



No hay comentarios:

Publicar un comentario