Navidad en julio






Ayer nos llegaron las cajas con regalos de este hermoso ministerio llamado Samaritan´s Purse – Operation Christmas Child, que envía cajas de zapatos llenas de regalos para niños a diferentes lugares del mundo. Sé que algunas de ustedes conocen este ministerio del otro lado, armando las cajas. Hoy quiero contarles como se ve de este lado: del lado de los que las recibimos.

Hace dos años nuestra iglesia recibió una partida de esas cajas. Mis hijos tuvieron cada uno como regalo especial de Navidad una cajita con cuadernos, lápices, jabón, peluches, cepillos de dientes, medias... detalles y regalos que otros niños, en nuestro caso, en Canadá, se tomaron el tiempo de empacar con todo su amor y enviar como regalo de Navidad.




Desde el momento en el que mi esposo y yo conocimos este ministerio comenzamos a orar para poder traer esas cajas a los niños en la selva. Niños que, dicho sea de paso, tienen por juguete cosas como una lata de sardinas amarrada con una cuerda simulando que es un carrito. Los obstáculos eran grandes puesto que aún no hay iglesia en Huachamakare y seríamos nosotros a título personal los que tendríamos que correr con los gastos de afiliar la comunidad a la asociación que gestiona los envíos aquí en Venezuela, pagar las cuotas mensuales para poder optar a las cajas y pagar, además el transporte desde Caracas hasta Amazonas. Finalmente, el Señor contestó nuestras (muchas) oraciones y poco a poco fue proveyendo para lograr traerlas.






 A mis hijos ayer se les salían los ojos de las órbitas al ver tantos regalos y, por supuesto, la primera pregunta que hicieron fue: “¡Mami! ¿Cuándo vamos a la selva?”. Pobrecitos, van a tener que esperar mucho aún hasta que llegue el momento de entregar las cajas, porque nuestro viaje está planificado para julio de este año.

Navidad en julio. Nunca mejor dicho.

Pero ellos saben que merece la pena la espera. Saben que recibir ese regalo es algo especial, es algo que otros han hecho por ellos. Mis hijos todavía guardan las notitas y dibujos de los niños que enviaron sus regalos. Y esta Navidad fue hermoso ver cómo se acordaban de sus amigos de Canadá. No de las cosas que recibieron, sino de los amiguitos que lo enviaron (de vez en cuando mi hijo mayor, Yennixon, se pasea por la casa con una banderita de Canadá que vino en su caja... pero esa es otra histora ;) ).

Si vives, como nosotros, en un lugar de extrema necesidad, en el que ves niños viviendo apiñados en casas sin electricidad, sin agua ¡sin baño! Niños que no tienen una buena alimentación, que apenas tienen ropa para ponerse, que casi siempre caminan descalzos, que sufren todo tipo de enfermedades, que apenas tienen nada, literalmente, tener la oportunidad de recibir estas cajitas marca la diferencia.




Y ese es el desafío que quiero lanzarte hoy: 

Marca la diferencia.

Mira a tu alrededor, ¿hay alguna necesidad específica que tú puedes suplir? ¿Hay alguna persona a la que puedas ayudar? ¿Hay algo que puedas hacer para mejorar, de alguna forma la vida de otro? Hazlo, marca la diferencia en la vida de esas personas.

Puede ser algo tan sencillo como dar una bolsa de comida a alguien que lo necesita, sacar de tus armarios la ropa que tú y tu familia ya no usan, llevar un kit de aseo al hospital, hacer unas galletas o torta y repartirla entre tus vecinos con un folleto o un versículo que les hable del amor de Jesús por ellos, tejer mantas o coser ropita para bebés en el hospital...

¿Qué sabes hacer? ¿Tienes alguna habilidad? Utilízala para marcar la diferencia en la vida de otros. ¿No tienes ninguna habilidad? ¿Qué tal entonces dar el regalo de tu tiempo a otros? No esperes a que sea Navidad para hacerlo.

Ten, como nosotros, tu Navidad en julio, en cualquier momento.

Gálatas 6:10
Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.






Edurne

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