Regalos prestados





Hace catorce años, Dios, en su gracia, decidió darme un regalo -- el regalo de la maternidad. Cuando me enteré del regalo, me preparé diligentemente para recibirlo. Busqué el consejo de otras madres, leí libros recomendados sobre el tema e hice lo que pude para prepararme física, emocional y espiritualmente.

Por supuesto, cada madre le diría que uno nunca puede estar plenamente preparado para ese momento en que pone sus ojos en ese milagro que había estado creciendo dentro de sí mismo los últimos nueve meses.

Yo no crecí en un hogar cristiano, así que estaba aún más impulsada a estudiar lo que las Escrituras tienen para decir sobre la maternidad. Mientras leía, estudiaba, meditaba y oraba, estaba cada vez más convencida de que nuestros hijos son un regalo de nuestro Padre Celestial, que se nos presta por un poco de tiempo para enseñar y entrenar para Su honra y gloria. Los hijos son nuestros pequeños discípulos y Jesús es nuestro mejor ejemplo de alguien que hace discípulos. Jesucristo pasó casi todo Su tiempo con los discípulos, enseñándoles pacientemente según su nivel de madurez, explicando más detenidamente cuando se hicieron preguntas, y liderando con Su ejemplo. Al final de su tiempo juntos, él les dejó irse solos, permitiéndoles cometer errores, pero al mismo tiempo estando allí para consolar y ayudarles a levantarse de nuevo cuando caían.

El Señor bendijo a mi marido y a mí con un regalo tras otro, ¡tres en cuatro años para ser exactos! A medida que nuestros pequeños escalones crecieron, tuve el gozo de quedarme en casa con ellos, leímos libros, jugamos juntos, y, a menudo me "ayudaron"  hacer compras, trabajar en el jardín, cocinar y limpiar. Por supuesto, tuvimos nuestros días buenos y otros días no tan buenos. Frecuentemente me sentía como un disco rayado, repitiendo las mismas instrucciones una y otra vez. Sin embargo, por permanecer constantes en la disciplina, nuestros días se llenaron de más gozo que de angustia, más orden que caos.

Cuando llegó el momento de que nuestro hijo mayor empezara la escuela, la elección de “homeschool” (educar en casa) era sólo una extensión natural de lo que ya habíamos hecho durante un tiempo – memorizar las Escrituras, pintar con los dedos, la lectura de las historias de la Biblia, jugar con bloques, escuchar música, observar la naturaleza, y simplemente conversar constantemente. (Socialmente, nuestros niños tienen relación entre ellos y sus amigos de la iglesia para jugar y desarrollarse, y honestamente, ¡prefería que mi discípulo joven aprenda sus modales y el vocabulario de parte de su madre que de otro compañero!)





Los primeros años escolares están llenos de tantos descubrimientos emocionantes, "¿Qué sonido hace la serpiente? ¿Cómo se siente la harina de maíz en mis manos? ¿Cuántas cosas se puede encontrar alrededor de la casa que comienzan con “la letra del día"? Si tengo tres galletitas y regalo uno, ¿cuántos me quedan? "




Después, pasamos a la educación más formal, poniendo letras para formar palabras, el aprendizaje de las  operaciones matemáticas, los libros de la Biblia, y cómo comenzó la civilización. En todos estos temas, Dios es el foco central, porque recuerdo que mi propósito es enseñar y entrenar a nuestros tres regalos prestados para Su honra y gloria.





Sólo por la gracia de Dios, hemos llegado hasta aquí. Al aceptar el regalo de la maternidad, y más tarde el desafío de hacer “homeschool”, nunca me imaginé que mi hijo mayor  tendría dislexia severa y la necesidad de tutoría intensa y personal. Pero, ¡que gozo cuando por fin aprendió el abecedario, luego cómo pronunciar las palabras, y ahora a leer libros enteros sin ayuda alguna! Yo no sabía que íbamos a descubrir cuán especial Dios lo hizo - cómo a pesar de que tenía tanta dificultad en leer las letras de izquierda a derecha, se podía leer perfectamente los pequeños puntos negros llamados notas musicales y convertirse en un pianista talentoso. ¡Hay una alegría indescriptible en el logro de cada una de estas pequeñas victorias, junto con sus hijos!

Juan, el discípulo amado de Jesús,  dice en 3 de Juan versículo 4, "No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad." Aún más importante que la lectura, lenguaje y matemática, es la misión de hacer discípulos. La formación del carácter espiritual está estimado sobre los académicos porque "Él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios" (Miqueas 6:8). Como hacedor de discípulos, mi objetivo es educar a los niños para que sean siervos útiles para el Reino de Dios. Para mí, eso significa que no sólo deben ser educados en las materias básicas de la escuela, pero también que ellos sepan cómo manejar el hogar, trabajar con las herramientas, ministrar en su iglesia local, y amar a Dios y a su prójimo.

Es este aspecto de la maternidad que realmente me mantiene alerta. Cada día el Espíritu Santo me recuerda que no puedo esperar que mis discípulos aprendan a amar a Dios si no ven el amor manifestado en mi propia vida. Mi propia vida devocional no es una opción. Tengo que estar continuamente estudiando, aprendiendo y creciendo en mi camino cristiano si espero lo mismo de mis alumnos.

“Ellos necesitan algo constante, la brújula moral y espiritual interna que les ayudará a superar las tormentas de hoy y de mañana, y los guiará por el resto de sus vidas. También tienen que ver cómo se vive la fe verdadera día tras día, para que tengan un ejemplo para seguir.

El proceso de proveer tales regalos a mis hijos es lo que he llegado a considerar como el ministerio de la maternidad. Yo creo que es fundamental para el llamado de Dios a todas que tienen el privilegio de traer niños a este mundo.

Si usted es una madre, es su ministerio también. "
~Sally Clarkson, El Ministerio de la Maternidad

Sólo unos pocos años más, y mi trabajo tiempo completo como madre-maestra  habrá terminado. En esta carrera, mi futuro no tiene premios de "Mejor Profesor del Año," promociones ni aumentos salariales. La mayor recompensa sería  cumplir con mi objetivo declarado: que al salir mis hijos de nuestra casa, entren al mundo totalmente preparados y dispuestos para servir a Dios. Así será como yo expreso mis "gracias" a mi Padre Celestial por los tres preciosos regalos que me ha prestado.







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Contenta en Su servicio,

Edurne


Comentarios

  1. Que hermosa la página, felicito a la mujer creadora.
    Sobre todo en las preciosas imágenes que usan versículo que usualmente no usan muchos.

    Gracias, son una bendición !

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    Respuestas
    1. Muchísimas gracias por tu comentario Blanca! es de mucho ánimo. Un saludo y bendiciones! =)

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    2. Hola
      Bendiciones
      No me aparece la pagina de Facebook

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