1. Tu propia historia

27/9/13






¿Quién soy?

Todas nos hemos hecho esa pregunta en algún momento de nuestra vida. O, más bien, en diferentes etapas de nuestra vida: en la adolescencia, cuando comenzamos a saborear el ser  adultas. En la juventud, cuando necesitamos decidir qué camino seguir, qué hacer con nuestro futuro. Al casarnos y tener hijos, cuando la rutina y las necesidades de otros se van poniendo por encima de nuestras propias necesidades y ya no nos encontramos a nosotras mismas si no es a través de otros. En cada cambio importante de nuestra vida, la eterna pregunta viene a nuestra mente... ¿Quién soy yo? ¿Qué es lo que me define a mí misma? ¿Cómo he llegado hasta este punto?

¿Cómo he llegado hasta aquí? A veces sentimos que hemos perdido el control de nuestra vida y que las circunstancias y situaciones nos han ido llevando hacia donde estamos ahora casi sin darnos cuenta. Nuestra propia historia, nuestro pasado, los acontecimientos importantes en nuestra vida nos han ido transformando, cambiando y convirtiendo (para bien o para mal) en quienes somos ahora.

Nuestra historia es importante. Nuestro pasado es importante. Pero no debe interrumpir nuestro presente ni mucho menos determinar nuestro futuro.

Quizás has vivido cosas como...
...rechazo
...soledad
...maltrato
...enfermedad
...muerte de un ser querido
...problemas económicos graves
...una niñez traumática
...una mala relación con tus padres, algún hermano, un esposo, un hijo
...un divorcio
...humillaciones
...complejos
...relaciones conflictivas
...depresión
...desórdenes alimenticios
...pérdida de trabajo

Cada una de las cosas que has vivido contribuyen a crear quién eres, son parte de tu “mapa personal”, te han  servido para ver cuáles son tus fortalezas y debilidades, cuáles son tus límites, hasta dónde puedes llegar. Cada experiencia negativa o positiva de tu propia historia, cada vivencia, han ayudado a que seas la persona que eres hoy.

Juan 6:33

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”

La vida no es fácil, ni es un camino de rosas. Pero tenemos que vivirla. Y vivirla de la mejor manera posible. Un pasado difícil o situaciones problemáticas que hayas vivido no pueden dejarte estancada, paralizada, quitarte el derecho a vivir y a vivir bien. Dios promete una vida abundante (Juan 10:10) a través de Su Hijo Jesucristo y ese debe ser nuestro objetivo.




Quiero que contestes estas preguntas con toda sinceridad, que te tomes tu tiempo para reflexionar en cada una de ellas y orar para que el Señor te muestre cualquier sentimiento que pueda estar oculto o reprimido en tu interior:

¿Hay algún acontecimiento en tu pasado que marque tu presente?

¿Qué hay en tu alma? ¿Cuáles son los sentimientos y emociones que salen al exterior? ¿Son positivos o negativos en su mayoría?

¿Cómo te tratas a ti misma? ¿Eres tu peor crítica o te miras a ti misma con amor y seguridad?

¿De qué forma tu pasado afecta tu relación con otras personas?

¿De qué forma tu pasado afecta tu relación con Dios?

Conocí a una mujer que, durante años, tuvo problemas para tener una relación íntima y personal con Dios y verlo como su Padre Celestial debido al abandono que sufrió de niña cuando su padre se fue de casa. Nuestro pasado, sin duda, nos afecta, a veces más de lo que queremos admitir.

Tu historia personal te ha traído hasta aquí. Pero de ti depende qué vas a hacer con el resto de vida que te queda. Tú decides cómo te vas a tratar a ti misma, cómo vas a tratar a los demás, cómo vas a relacionarte con el mundo que te rodea y, sobre todo, cómo vas a relacionarte con Dios. Hay una frase que dice que “la vida es un 10% lo que te sucede y un 90% cómo reaccionas a lo que te está sucediendo”. ¿Qué vas a hacer con lo que te ha tocado vivir? ¿Cómo vas a responder?


No hay fórmulas mágicas para borrar el pasado de nuestra memoria. Tenemos cicatrices demasiado profundas para borrar, traumas arraigados en nuestro corazón que no hemos podido superar. En el fondo, llevamos sobre nuestros hombros una carga demasiado pesada, un exceso de equipaje que nos está destrozando por dentro y está minando cualquier posibilidad de disfrutar a plenitud de las relaciones más importantes de nuestra vida. De Dios.  De nuestra familia. De nosotras mismas.

Mateo 11:28

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”

Sólo Jesús puede aligerar la carga de tu pasado. Sólo Dios puede recomponer cada pedazo de tu corazón y darle nueva vida a tu alma. Es en El que vas a poder descansar, sanar y seguir adelante sin exceso de equipaje, sin esa carga extra que ha detenido tu camino.


Ponlo en Práctica

El “Encomio de la Serenidad” de Reinhold Niebuhr dice:

Dame la serenidad para aceptar las cosa que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para ver la diferencia




1. Haz una lista de cualquier acontecimiento de tu pasado que esté afectando tu presente de forma directa ¿Es algo que puedes cambiar? Traza un plan para hacerlo. ¿Es algo que no puedes cambiar? Acéptalo y sigue adelante. Pide ayuda a Dios para poder hacerlo.

2. ¿Cómo puedes mejorar tu relación con Dios? Quizás necesites:
- Ajustar tu horario
- Buscar un devocional que te ayude a tener una meditación diaria
- Involucrarte en un grupo de estudio en tu iglesia o en un ministerio
- Comenzar un diario de oración

Describe cómo te gustaría que fuera tu relación con Dios y haz los ajustes necesarios para cumplir con tus expectativas.

3. ¿Cómo puedes mejorar tu relación con las personas a tu alrededor? Lee:
- Filipenses 2:3-8
- Romanos 12:10-18

¿De qué forma práctica puedes incorporar estos versículos a tu vida diaria y a la de tu familia? ¿Hay alguna relación con alguien de tu entorno (familia, amigos, compañeros de trabajo, miembros de tu iglesia...) que haya sido afectada por tu pasado y que debas recuperar?


Tu pasado está ahí. No permitas que sea un ancla en tu vida. Extiende tus alas y vuela con el corazón, con el alma. Sueña ¡vive! ¿Qué te apasiona hacer? ¿Qué hace cantar tu corazón? Que tu pasado no te impida llevarlo a cabo.

Contenta en Su servicio,

Edurne

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