4. Identifica {y cambia} tus patrones negativos

18/10/13





Nuestra mente es un órgano complejo que todavía hoy, con los adelantos tecnológicos que tenemos a nuestro alcance, no podemos comprender en su totalidad. Un patrón es algo que hacemos de forma repetida e inconsciente. Algo que nuestro cerebro ha aprendido a hacer por medio de la experiencia. Por ejemplo, podemos leer porque tenemos en nuestro cerebro el mecanismo que traduce los símbolos que vemos en palabras con significado para nosotras. Cada vez que vamos a leer algo, el cerebro aplica el mismo patrón de decodificación de símbolos. Es igual para caminar, nuestro cerebro reproduce el mismo patrón de movimiento que aprendió cuando éramos bebés.

Los patrones de pensamiento en nuestro cerebro nos ahorran mucho tiempo, puesto que, una vez aprendidos, es algo en lo que no tenemos que hacer mucho: no tenemos que decidir cómo levantarnos de una silla, hablar o escribir una palabra, nuestro cerebro ya sabe cómo hacerlo y envía a nuestro cuerpo las órdenes necesarias para repetir esos patrones de forma mecánica y automática.

Ahora bien, también le hemos enseñado a nuestro cerebro a pensar y a reaccionar de manera negativa. Le hemos inculcado hábitos que no sólo no nos benefician, sino que nos perjudican en gran manera a nosotras mismas y a las personas a nuestro alrededor: te enfadas y gritas cuando las cosas no salen como tú quieres, pierdes la paciencia cuando te llevan la contraria, siempre escoges al hombre equivocado, permites relaciones abusivas, vas al extremo a la hora de agradar a otros para sentir reconocimiento, no mantienes un trabajo durante mucho tiempo porque te aburre la rutina… ¿Alguna vez pensaste mientras crecías que había cosas que nunca harías cuando tuvieras tu propia familia? Creo que todas lo hemos hecho… ¡y creo que también a todas nos ha pasado que hemos repetido el mismo comportamiento que habíamos determinado evitar! 

¿La solución? Cambia tus hábitos para cambiar tu vida.

Cambio.

Juan 15:5

“Yo soy la vid,  vosotros los pámpanos;  el que permanece en mí,  y yo en él,  éste lleva mucho fruto;  porque separados de mí nada podéis hacer.”

Filipenses 4:13

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”

Separados de mí nada podéis hacer. Hay cosas que yo no puedo cambiar. Pero Dios sí puede cambiarlas. Dios puede, por medio del Espíritu Santo que mora en mí, cambiar mis hábitos, ayudarme a reconocer mis patrones negativos y reemplazarlas con patrones positivos. Dios tiene poder. Dios me da de Su poder para cambiar. 



Ya es hora de romper el ciclo. Ya es tiempo de atacar nuestros malos hábitos y cortarlos de raíz, de evitar que se sigan reproduciendo en las generaciones posteriores. En ocasiones me he dado cuenta de que he estado haciendo las cosas mal porque lo he visto repetido en mis hijos. De repente se dan una mala contestación el uno al otro mientras están jugando o se gritan. Y yo sé que lo hacen porque me han visto hacerlo a mí. Están adquiriendo los mismos esquemas negativos, las mismas reacciones que yo sé que no son correctas. ¿Cómo corregírselas a ellos si yo misma no puedo controlarlas? ¿Con qué base voy a castigarlos por algo que han aprendido de mí? No puedo. Debo cambiar yo para que puedan ver y aprender otro tipo de patrones.

Pasos para el cambio:

-         Reconocer

Examinarte, ver cuáles son esos patrones negativos que afectan tu vida. Pide ayuda a Dios en oración. Pídele que te muestre qué hábitos afectan tu vida diaria. Cosas como la impaciencia, el enojo, tu relación con la comida, autoestima, miedo al compromiso… No puedes cambiar algo que no sabes que está mal. Es necesario que atravieses el proceso de saber con exactitud y sinceridad qué necesitas cambiar para poder hacerlo. Si no puedo ver algo, no lo puedo cambiar, ni arrepentirme, ni pedirle a Dios que me ayude a superarlo.


-         Estar alerta

Ver cuáles son los detonantes para tus comportamientos negativos, para tus reacciones automáticas. Quizás la falta de sueño, el cansancio, el estrés, el hambre o la falta de hidratación te afectan más de lo que crees. Hay mujeres a las que el Síndrome Pre-Menstrual les afecta mucho más que a otras. Nunca menosprecies cómo los factores físicos pueden afectar tu comportamiento.


-         Introducir de forma paulatina los nuevos patrones


Una vez que sabes lo que quieres cambiar, visualiza qué hábitos deseas incorporar. ¿Te enfadas rápidamente? Busca versículos que hablen sobre el enojo, memorízalos y acude a ellos cada vez que la ira y el enojo comiencen a invadirte. Reemplaza el ser una mujer iracunda por ser apacible. Quizás tu problema es la baja autoestima. Tiendes a menospreciarte o a compararte con otras. Lee los pasajes de la Escritura que te hablan de quién eres en Cristo, de cuánto te ama y de lo valiosa que eres para Dios. Adopta las estrategias necesarias para cambiar, traza un plan de acción para incorporar nuevos hábitos.


-         Seguir esforzándose en eliminar los viejos hábitos

No creas que solamente por tomar la decisión de cambiar ya vas a poder hacerlo. Debes aplicar gracia a tu propia vida, esperar altos y bajos, tener en tu haber batallas ganadas y batallas perdidas. Elimina la autocrítica y la recriminación. Aprende de los errores y sigue adelante. Ve adaptando los nuevos patrones de comportamiento de acuerdo a tus fallos.


-         Buscar ayuda

Hay veces que nuestros hábitos están tan arraigados que no nos damos cuenta de lo que hacemos o de cómo lo hacemos. Pide ayuda a otros a tu alrededor, explícales qué cosas quieres cambiar para que te ayuden y te marquen comportamientos o pensamientos negativos de los que ni siquiera seas consciente. Puede que te haga falta ayuda más profesional, quizás una consejera cristiana, la esposa de tu pastor. No sientas vergüenza en pedir ayuda, todas la hemos necesitado en algún momento.


Cambio. Tan fácil, tan difícil.

Supone esfuerzo, requiere ganas y compromiso. El compromiso de reconocer que hay cosas en tu vida que no te permiten avanzar, que mantienen estancadas tus relaciones con los demás, que no te dejan desarrollar a plenitud tu relación con Dios. Peor aún, que te mantienen atada de pies y manos a la hora de crecer como persona, como individuo, a la hora de mejorar tus condiciones de vida, tu situación personal.



Ponlo en Práctica

1. Busca estos versículos: Salmo 138:6; Salmo 147:6; Proverbios 3:34; Mateo 11:29; Filipenses 2:5-9; Santiago 4:6.
Para poder cambiar se necesita un espíritu humilde. Implica reconocer que algo no está bien, dejar a un lado el orgullo y vernos en el espejo de la realidad. ¿Estás luchando con el orgullo? Recuerda que Dio da gracia al humilde. Ve el ejemplo de Cristo y aplícalo a tu propia vida.

2. 2 Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

Eres una nueva criatura. Los viejos hábitos, esquemas de pensamiento, patrones de comportamiento, reacciones, todo lo negativo aprendido durante tu vida puede y debe cambiar en Cristo. Ejerce tu nueva vida desde hoy. Es tiempo de hacer tu plan de acción, de poner en práctica los “pasos para el cambio” de los que hemos estado hablando. Escoge una hora y un lugar en el que puedas estar a solas. Toma tu Biblia y ten un tiempo de oración y alabanza a Dios. Pídele que comience a mostrarte esos patrones negativos en tu vida que debes cambiar. Ve anotándolos a medida que vayas reconociéndolos. Y ahora viene la pregunta difícil ¿Cómo los vas a cambiar? ¿Qué pasos concretos vas a dar para reemplazarlos por esquemas positivos?
Recuerda que no es necesario (ni saludable) hacerlo todo en un día. Ve repitiendo este ejercicio cada cierto tiempo, todas las veces que sea necesario. Una vez que traces tu plan de acción, colócalo en un lugar en el que puedas verlo con frecuencia y recurre a él cada vez que lo necesites. Puede ser algo así:

Fecha:
Patrón negativo que quiero cambiar:
Patrón positivo que quiero incorporar:
Cómo lo voy a hacer:
  - Versículos que me hablen sobre ello
  - Pedir ayuda a X
  - Controlar cuánto líquido tomo al día (o cualquiera que sea tu detonante)
  - Visualizar cómo quiero ser

Para animarte a hacer los cambios necesarios en tu vida, quiero que recuerdes, no sólo que eres una nueva criatura, sino quién eres en Cristo. Busca y anota versículos que te digan cuál es tu posición en Cristo (perdonada, redimida, salva, sellada, amada, acepta, hija...).

3. El cambio requiere también que confesemos a Dios nuestra ofensa. En la mayoría de ocasiones, esos patrones negativos se han transformado en pecado. ¿No controlas tus impulsos – alcohol, drogas, sexo, comida, enojo...? Pues déjame decirte que eso es pecado. Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados si los confesamos (1 Juan 1:9; Salmo 28:3). Lee el Salmo 51 y escribe tu propia oración de confesión a Dios.

4. Tu debilidad es tu fortaleza. Cuando has llegado a tu límite y te das cuenta de que por ti misma no puedes cambiar, estás en el momento adecuado para rendirte y dejar que Dios lo haga. Busca: Efesios 6:10; Salmo 18:1; Salmo 27:1-7; Isaías 25:4; 1 Corintios 1:25; 2 Corintios 12:10
No olvides en quién está tu fuerza.


¡Hoy es el día del cambio! No puedes permitirte el lujo de quedarte como estás. No puedes conformarte con decir “soy así y no puedo cambiar” ¡Sí puedes! Te lo debes a ti misma, se lo debes a las personas que te rodean. ¿Tus patrones negativos vienen de tu infancia, son heredados? Rompe el ciclo, que tus hijos no tengan que sufrir las mismas cosas que tú. Recuerda que no estás sola, que puedes pedir ayuda, que en Dios está tu fortaleza. Puedes cambiar, sí, claro que sí, ¡tú puedes! Tan solo toma la decisión de examinarte, cambiar y seguir adelante.

Contenta en Su servicio,

Edurne

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