6. Dones que no ves






Salmo 102:1-11

“Jehová,  escucha mi oración,  y llegue a ti mi clamor. No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia;  Inclina a mí tu oído; Apresúrate a responderme el día que te invocare. Porque mis días se han consumido como humo, y mis huesos cual tizón están quemados. Mi corazón está herido,  y seco como la hierba, por lo cual me olvido de comer mi pan. Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado a mi carne. Soy semejante al pelícano del desierto; Soy como el búho de las soledades; Velo,  y soy como el pájaro solitario sobre el tejado. Cada día me afrentan mis enemigos; Los que contra mí se enfurecen, se han conjurado contra mí. Por lo cual yo como ceniza a manera de pan, y mi bebida mezclo con lágrimas, a causa de tu enojo y de tu ira; Pues me alzaste,  y me has arrojado. Mis días son como sombra que se va, y me he secado como la hierba.

Mis días son como sombra que se va y me he secado como la hierba.

Hay temporadas de nuestra vida en las que nos hemos sentido (o nos sentimos) así, como si la vida se nos escapara entre los dedos como arena, dejando nuestro corazón seco y enjuto. Vemos cómo los días pasan, uno tras otro, y se convierten en meses, los meses en años y los años en décadas. Y un día echas la mirada atrás y te preguntas ¿qué he hecho yo con mi vida? ¿En qué se fueron mis años?

Mateo 6:19-21

No os hagáis tesoros en la tierra,  donde la polilla y el orín corrompen,  y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo,  donde ni la polilla ni el orín corrompen,  y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro,  allí estará también vuestro corazón.”

Mateo 20:26-28

“Mas entre vosotros no será así,  sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido,  sino para servir,  y para dar su vida en rescate por muchos.”

Servicio.

Estamos diseñadas para servir desde el momento en el que el Espíritu Santo entra a morar en nosotras y a guiarnos después de aceptar a Cristo como nuestro Salvador personal. Encontramos sentido a nuestra vida cuando servimos a otros. Eso se llama ministerio.

Tener un ministerio no es nada más que servir a Dios por medio del servicio a otros en una posición determinada. ¿Eres esposa? Tienes un ministerio en el que sirves a Dios mediante el servicio a tu esposo. ¿Eres madre? Tienes un ministerio en el que sirves a Dios mediante el servicio a tus hijos. ¿Eres misionera? Tienes un ministerio en el que sirves a Dios mediante la evangelización de otros. ¿Limpias la iglesia antes de cada servicio? Tienes un ministerio en el que sirves a Dios por medio del servicio al templo. Los ministerios son tan amplios como las personas. Cada vez que intencionalmente sirves a otra(s) persona(s) para glorificar a Dios, estás llevando a cabo un ministerio, tengas título o no, sea reconocido por los demás o no.

Quizás te encuentras en una etapa de tu vida en la que crees que es imposible hacer algo que no sea ocuparte de tu familia y de tu casa o a lo mejor eres el sostén económico de tu hogar y además de ocuparte de tu familia sales a trabajar fuera. Puede que estés cuidando de tus padres mayores o de algún enfermo en la familia y pases días enteros sin tener ni un minuto para ti, sin poder mirarte siquiera en el espejo para peinarte o descansar cinco minutos. Todo eso que haces, ya es un ministerio… pero quieres algo más. Quieres llegar a otras personas, quieres hacer un impacto en la vida de otros, quieres crecer y conocer y superarte y salir y experimentar y servir a Dios de otra manera ¡Oh lo entiendo! Lo entiendo muy bien. Esa es la razón principal de que estés leyendo este artículo o de que este blog exista.

Mi pasión es escribir, es comunicar, es la Palabra de Dios, es ayudar a otros en su crecimiento espiritual, elaborar materiales, animar a otras personas… pero me encontré un día con un esposo, dos niños pequeños que atender y otro en camino. Trabajaba en el ministerio con indígenas junto a mi marido y en la iglesia enseñando en la escuela dominical y con las mujeres, pero llegó un momento en el que tuve que dar un paso atrás y quedarme en casa porque mis hijos no podían aguantar el ritmo que yo llevaba. El ministerio fuera de mi casa estaba fenomenal, pero me dejaba demasiado agotada para servir a los míos. Y ahí nació la idea del blog. Podía hacerlo desde mi casa, yo elegía mi horario y podía acomodarlo a las necesidades de mi familia. Y, lo más importante, podía cumplir mi sueño, servir a otras personas con pasión, con mi pasión.

¿Cuál es la tuya? ¿Qué es lo que hace cantar tu corazón? ¿Qué es aquello que disfrutas más? ¿Qué te encanta hacer? ¿Cuáles son tus habilidades y talentos? ¿Cuál es tu don? ¿Qué haces mejor? ¿Cómo puedes beneficiar a otros  con tu vida?...

…¿Cuál es tu pasión?

Y sigo con las preguntas, ¿Qué te hace falta para convertir tu pasión en un ministerio? ¿Qué necesitas para usar tu pasión para la gloria de Dios? ¿Qué te impide servir dando el 100% de ti haciendo algo que amas? ¡Hay tanto por hacer y tanta necesidad a nuestro alrededor!

¿Cómo unir tu pasión con el ministerio?

1. Ora –
Ora, ora y ora. Y después, ora otro poco. No estás buscando un hobby ni una afición ni una distracción, estás viendo la forma en la que vas a servir a Dios, en la que vas a poner mucho de ti en la vida de otras personas. No va a ser una tarea sencilla muchas veces. Dios quiere utilizarte, pero en el lugar correcto, de la forma adecuada y en el tiempo oportuno. Necesitas Su dirección en todo el proceso.

2. Examina tu horario, tus prioridades y el tiempo del que dispones –
Si después de dar una mirada objetiva y realista a tu horario diario te das cuenta de que realmente no tienes el tiempo para hacer más de lo que haces ahora, no lo fuerces. Ya habrá épocas en las que estés más libre y puedas involucrarte en otras cosas. En este momento, ¿es ser esposa y madre lo único que puedes hacer? ¡Hazlo con pasión! Es un ministerio hermoso, dedícate a ello en cuerpo y alma y da lo mejor de ti. Aunque no lo creas, crear el hábito de servir sacrificialmente y con gozo va a ayudarte en gran manera en el momento en el que puedas dedicarte a algo más.

3. Decide si vas a hacer una actividad dentro o fuera de casa –
Quizás no tienes hijos o ya están grandes y puedes disponer de algunas horas en la semana para hacer ministerio fuera de tu hogar. Si eso no es posible, todavía puedes hacerlo desde casa: por internet, como los blogs o las páginas web o trayendo gente a tu casa (haciendo reuniones, enseñando en tu casa, haciendo talleres…)

4. Ve con qué tipo de personas te gustaría trabajar –
Mujeres, niños, jóvenes, ancianos, adictos, pobres, indígenas, mujeres maltratadas, profesionales, estudiantes, inmigrantes… ¿Con qué grupo de personas te identificas mejor y te sientes más cómoda? ¿Hacia dónde diriges tu mirada y ves la mayor necesidad? ¿Qué tipo de personas y de situaciones te conmueven te dan ganas de hacer algo?

5. Haz un recuento de aquellas cosas que sabes hacer –
Pintar, escribir, enseñar, coser, hacer manualidades, trabajar madera… ¿Eres buena escuchando? ¿Animando a otras? ¿Eres buena dirigiendo u organizando cosas, eventos? ¿Eres creativa? ¿Sabes cantar o tocar un instrumento? Haz una lista de aquellas cosas y actividades que te interesan, te motivan y en las que sabes que eres buena. Dios nos ha creado a cada una con dones y talentos que a veces pasamos por alto, que no creemos que sean especiales, ¡pero lo son! Son especiales desde el momento en el que decides ponerlos al servicio del Señor.

6. Piensa cómo hacer un ministerio de todo lo anterior –
Te cuento cómo tomé la decisión de empezar con El Viaje de una Mujer: oré, oré sola y oré con mi esposo antes de empezar el blog, vi que mi horario me permitía tener algunas horas libres en la semana mientras mis hijos estaban en la escuela, la orquesta o dormidos. Decidí que no podía estar saliendo de casa y que, como mis horarios no son fijos y están sujetos a cambios inesperados (un día que salen temprano del cole, un bebé enfermo o un retraso en la hora de la siesta, por ejemplo) mi mejor opción era hacer algo por internet. El grupo de personas con el que quería trabajar eran mujeres y lo que yo sé hacer es escribir. Así que mi opción de conjugar mi pasión con un ministerio, era el blog.
Ahora tú tienes las herramientas para llegar también a una conclusión: si te gusta cantar y puedes salir de casa, únete al grupo de alabanza de tu iglesia, si no, ofrece enseñar a otros a cantar en tu hogar. Si te gustan los niños y eres buena con las manualidades, involúcrate en una clase de escuela dominical o comienza un blog o una página web con actividades para niños. Si eres buena en la cocina, haz comida extra para compartirla con tus vecinos, enfermos de la iglesia, personas sin hogar o hermanos que estén pasando un mal momento económico.  ¿Te gusta trabajar con jóvenes y eres buena animando a otros? Involúcrate con los jóvenes de tu iglesia, discipula a muchachas en tu casa o simplemente organiza una noche de película con muchachas de tu iglesia y comparte con ellas. ¿Eres buena planchando? ¿Hay algún misionero soltero en la iglesia que no lleve muy bien eso de la plancha? ¿Por qué no te ofreces a planchar su ropa? ¡Comienza a orar por otros en tu casa!

Como dije antes, hay mucho por hacer y mucha necesidad a nuestro alrededor. Hay multitud de dones que tienes y que, por una cosa o por otra, no ves. Tienes capacidades que crees que no sirven para ministrar a otros, pero no es así. Cualquier cosa que hagas por otros, cualquier servicio que puedas hacer para otros es un ministerio. Y, recuerda, no hay ministerios grandes ni pequeños. Hay corazones dispuestos a servir y nada más. No te compares con otras. Haz lo que el Señor te pide que hagas y hazlo bien. Haz lo mejor que puedas hacer con lo que tienes.


Ponlo en Práctica


1. Encontramos diferentes personajes en la Escritura que se identifican a sí mismos como siervos. Busca estos versículos relacionados con ese tema y memoriza, al menos, uno de ellos.
Lucas 1:38
Romanos 1:1
1 Corintios 9.19
Filipenses 2.7
Santiago 1:1
2 Pedro 1.1
Judas 1
¿Quién habla o de quién se habla en cada uno de estos versículos? Busca en un diccionario bíblico (tienes varias opciones en internet) el significado de la palabra “siervo” y escríbela. ¿Cómo puedes hacer de esa definición algo real en tu vida?

2. El Señor Jesús y los apóstoles pusieron el servicio en el grado más alto. Lee estos versículos:
Mateo 20:28
Lucas 22:26-27
Hechos 20:19
Romanos 9.12
Gálatas 5:13
Efesios 6:7
Hebreos 6.10

¿Por qué crees que hoy en día servir a otros se considera en muchas ocasiones algo bajo y de poca estima? ¿Te afecta la opinión de otros sobre el servicio a la hora de tener un ministerio? Si es así, ora para que Dios te fortalezca y te ayude a servirle de la forma que está demandando de ti en este momento.

3. 1 Timoteo 4:14 exhorta a “no descuidar el don que hay en ti”. ¿De qué forma puedes mejorar en cada ministerio que tienes a tu cargo? ¿Qué pasos prácticos puedes dar no solo para no descuidar, sino para ser mejor en cada uno de ellos?

4. Nuestra vida terrenal es un soplo, algo momentáneo, breve, efímero ¿Por qué desperdiciarlo? Lee estos versículos:
Salmo 144:4
Salmo 39:5
Santiago 3:13-17

¿De qué forma te animan estos versículos a vivir dando el 100% para Dios y a aprovechar cada momento en la tierra en el servicio a otros?


Ministerio. Servir a Dios por medio del servicio a otros. No menosprecies aquello que sabes hacer, no hay ministerio pequeño y al Señor no se le pasa por alto ninguno. Lo que Dios busca es un corazón dispuesto, una persona común y corriente que desee dejarse utilizar por El para llevarle Honra y Gloria. ¿Vas a ser tú? ¿Qué te gusta hacer? ¿Qué te apasiona?


Contenta en Su servicio,

Edurne

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