El Plan

11/11/13







Filipenses 4:6-7

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

Jesús nos manda en Mateo 6:25, 34 no preocuparnos. Pablo nos dice que no debemos estar ansiosas. Entonces... ¿En qué convierten esos versículos a la preocupación y a la ansiedad? No voy a decir que en pecado... pero están muy cerca, ¿no crees? Sabemos que Dios demanda obediencia de nuestra parte. Sabemos que debemos aplicar lo que la Escritura dice a nuestra vida. Pero en cosas como esta, no lo hacemos. Por el contrario, nos volvemos expertas en justificar nuestra ansiedad y preocupación.

Enfrentamos problemas familiares, inestabilidad laborar, subidas de los precios, enfermedades, inseguridad ciudadana, terrorismo... y muchas cosas más, tan solo pon un noticiero para ver con pelos y señales exactamente a cuántas cosas nos exponemos cada día. ¿No está justificado que nos preocupemos, entonces? Lo haremos si confiamos en nuestros sentimientos y emociones, en las circunstancias que nos rodean.

¿Por qué vas a quitar la mirada de Dios y ponerla en ti misma o en lo que te rodea?

¿Por qué quitar la mirada de la verdad?

Deja que tus problemas y las circunstancias que estás viviendo te lleven más cerca de Jesús y de Su Palabra, no que te alejen de El. Somos humanas, nuestra primera reacción ante una situación grave va a ser la de preocuparnos, por supuesto. Pero no podemos quedarnos ahí. Debemos recurrir a Dios en oración y clamar para que El ponga Su paz en nuestro corazón. De esa forma, mantendremos la ansiedad y la preocupación bajo control.

Bajo Su control.

Cuando queremos controlar nosotras mismas todo aquello que, en el fondo, se escapa de nuestras manos, mostramos falta de confianza en Dios y tan solo hacemos que nuestros problemas se vuelvan, a nuestro parecer, más grandes que Aquel que tiene el poder para solucionarlos.

¿Qué hacer entonces cuando las preocupaciones y los problemas de este mundo nos rodean?

Orar, presentar nuestras peticiones a Dios en tocas las cosas, dejar que Él sepa cuáles son nuestras preocupaciones, qué es lo que nos quieta el sueño. Dios se preocupa por cada pequeño detalle de nuestra vida.

Dar gracias. Debemos dar gracias a Dios por lo que ha hecho por nosotras hasta ahora, por cada respuesta a nuestras oraciones, por lo que El va a hacer con todo aquello que nos preocupa.


Cuando enfrentamos nuestras preocupaciones de esa forma, Pablo dice que la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará nuestros corazones y nuestras mentes. La paz de Dios es esa quietud de espíritu que sólo Dios puede dar. Quita de nosotras la pesada carga de intentar resolver nuestros problemas y nos permite experimentar paz y gozo en cada situación.

Cuando estés preocupada, sigue el plan. Ora. Agradece. Alaba a Dios y pon tu mirada en El. Disfruta de Su paz. El podrá dar paz a tu corazón aunque no entiendas lo que sucede o ni siquiera comprendas Su respuesta. No pierdas otro día más tratando de controlar lo incontrolable. Déjalo en Sus manos y disfruta de Su paz.

Contenta en Su servicio,

Edurne


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