Controlando nuestras emociones – Preocupación y ansiedad

7/3/14






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          ¡Hay tantas cosas por las que nos preocupamos día a día! Toma un momento para pensar en todas esas cosas grandes y pequeñas por las que te preocupas habitualmente. Son unas cuantas, ¿verdad? Al final, nos preocupamos tanto, por tantas cosas diferentes, que la preocupación se convierte en un (mal) hábito.

          La preocupación y la ansiedad aniquilan nuestra paz mental y nuestra capacidad de disfrutar la vida. La preocupación nos afecta mentalmente, emocionalmente, espiritualmente y físicamente. Afecta la circulación, el corazón, estómago, produce trastornos del sueño, nos estresa y nos perjudica en nuestra vida diaria.


          Tanto la ansiedad como la preocupación son, generalmente, actitudes de nuestra mente como reacción a las circunstancias de la vida. Y, en última instancia, nuestros pensamientos afectan nuestras acciones. (Proverbios 23:7).

          La preocupación se produce cuando asumimos una responsabilidad que Dios nunca quiso que tuviéramos.
         
          Preocuparte no te lleva a ningún lado, no es una motivación positiva ni un estímulo para conseguir un objetivo.

Mateo 6:25-34

“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida,  qué habéis de comer o qué habéis de beber;  ni por vuestro cuerpo,  qué habéis de vestir.  ¿No es la vida más que el alimento,  y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo,  que no siembran,  ni siegan,  ni recogen en graneros;  y vuestro Padre celestial las alimenta.  ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá,  por mucho que se afane,  añadir a su estatura un codo? Y por el vestido,  ¿por qué os afanáis?  Considerad los lirios del campo,  cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo,  que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es,  y mañana se echa en el horno,  Dios la viste así,  ¿no hará mucho más a vosotros,  hombres de poca fe? No os afanéis,  pues,  diciendo: ¿Qué comeremos,  o qué beberemos,  o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas;  pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia,  y todas estas cosas os serán añadidas. Así que,  no os afanéis por el día de mañana,  porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.”


          Si Dios se preocupa por alimentar a las aves, si Dios se preocupa por vestir a las flores, si Dios conocía de antemano tu altura exacta y hasta sabe cuántos cabellos hay en tu cabeza, ¿no crees que se va a preocupar también por ti? Vive el día de hoy y ocúpate en lo que pase hoy. Y mañana, ocúpate en lo que pase mañana. Utiliza tus fuerzas hoy…y mañana Dios te dará nuevas fuerzas para lo que sea que vaya a suceder.




          Corrie Ten Boom dijo “La preocupación no quita el sufirmiento del mañana; agota las fuerzas del hoy”.


          ¿Cómo controlamos la ansiedad y la preocupación? Te dejo algunas sugerencias:


       Medita diariamente en la Palabra de Dios


          Como dice Elizabeth George, “algo de tiempo es mejor que nada”. Así sólo tengas 5 minutos para leer tu Biblia cada día, esos 5 minutos son mejor que nada ¡aprovéchalos! Lee la Biblia para ti, por tu nombre en cada promesa, aplica los versículos que Dios te va mostrando a tu momento personal, aprópiate de ellos y recuérdalos cada vez que la ansiedad y la preocupación asomen a tu cabeza.


       Relájate…confiando en Dios

          Haz tuyo un versículo o una frase que puedas repetir cuando estás a las puertas de una crisis de ansiedad y tu cerebro súbitamente deja de funcionar. Algo fácil que puedas recordar en cualquier momento. Escríbelo y ponlo en tu cocina, en el espejo del baño, en tu mesa de trabajo… “Dios se preocupa por mí”, “El Señor es mi Pastor”, “Jesús me ama y me protege”… tú decides.


       Escucha música relajante

          ¿Recuerdas cuál era el remedio del rey Saúl para quitar sus preocupaciones de su cabeza? ¡David tocaba la lira para él! (1 Samuel 16: 14-23) Pon algo de música suave, himnos, cantos de alabanza que llenen tu corazón y tu mente.


       Comparte tus preocupaciones y busca ayuda

          No te guardes para ti misma aquello que te preocupa, háblalo con tu esposo, con tus hijos, con una amiga, ¡Con Dios! Reemplaza la preocupación por oración.

Filipenses 4:6

Por nada estéis afanosos,  sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego,  con acción de gracias.”

          Hablar sobre lo que nos preocupa nos alivia y nos da la perspectiva de otra persona. Podemos orar junto a la otra persona. Recuerda que somos un cuerpo, una familia y que somos llamados a llevar las cargas de los otros.


       Sé consciente de la presencia de Dios

          Jesús dijo que nunca nos dejará ni nos abandonará. El está con nosotros por medio de la persona del Espíritu Santo. Nos da fuerza, nos guía, nos ayuda a tomar decisiones, nos da valor en medio de la prueba y victoria sobre la tentación.

1 Pedro 5:7  
echando toda vuestra ansiedad sobre él,  porque él tiene cuidado de vosotros.”

Éxodo 33:14
 Y él dijo: Mi presencia irá contigo,  y te daré descanso.”

         

Aplicación - 

1.  Comparte con alguna persona de confianza alguna de tus preocupaciones más acuciantes y oren juntas por ello.
2. Escoge un versículo que hable sobre la ansiedad y la preocupación y óralo por ti misma tantas veces como haga falta.
3. Cada vez que te venga un pensamiento de preocupación, detente, ora y lleva ese pensamiento a la obediencia de Cristo.
4. Comienza a dar gracias y a alabar a Dios por cada obstáculo, por cada prueba que pone en tu vida porque son medios por los que puedes crecer.


Oración - 

          Padre Celestial, ponemos nuestras preocupaciones y nuestra ansiedad ante ti. Danos descanso y libéranos del control de la preocupación. Ayúdanos a rendir nuestros pensamientos y emociones bajo tu control. Amén.



En la semana - 

          Memoriza: 1 Pedro 5:7
          Diseña un plan de acción teniendo en mente el encomio de la serenidad de Reinhold Niebuhr:



          ¿Puedes cambiar la situación? Cámbiala
          ¿No puedes cambiar la situación? Confía en Dios


Dios nos ha dado Sus promesas, Su protección y Su provisión. El no desea que la preocupación y la ansiedad nos roben el gozo. Tienes una elección que puedes hacer: ¿vas a seguir preocupándote, dañando tu salud física y mental y afectando tu crecimiento espiritual? ¿O vas a dejar tu ansiedad y tu carga en los hombros de quien sí la puede llevar, de nuestro Salvador, quien ha prometido darte la paz que estás buscando y que tanto necesitas?


Contenta en Su servicio,

Edurne


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2 comentarios:

  1. Gracias por ésta publicación!! Es tan cierta! La necesitaba hoy. Bendiciones!!

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  2. Anónimo7/3/14 13:19

    si gracias Edurne, también hoy necesitaba esto! Dios te bendiga.. Jess Morgan

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