Ocúpate de tu salvación

15/11/14






          Tercera y última parte de nuestro mini estudio en Filipenses 2. Hasta ahora hemos visto el ejemplo de humildad de Cristo y su aplicación para la unidad del cuerpo y lagran paradoja de la vida Cristiana: el que se humilla será enaltecido y el que se enaltece será humillado. Hoy terminamos con la “aplicación práctica” de lo estudiado hasta ahora. Es decir, ¿qué vamos a hacer con la información que hemos recibido hasta ahora? ¿Cómo la aplicamos a nuestra vida?


Filipenses 2:12-16

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer,  por su buena voluntad. Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos,  hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa,  en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida,  para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano,  ni en vano he trabajado.

          Como habéis obedecido…Ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor.

          No debemos perder la conexión del pasaje que venimos estudiando durante toda la semana: de la misma manera que Jesús obedeció al Padre humillándose y muriendo en la cruz, Pablo esperaba que los creyentes de Filipos obedecieran también como seguidores de Cristo.

          Y lo mismo se espera de nosotras hoy en día.

          Es ese deseo de obedecer el que nos va a ayudar a “ocuparnos de nuestra salvación”, a poner esfuerzo real en nuestras vidas como creyentes. A vivir bien y de acuerdo a la Palabra de Dios aunque seamos señaladas por el mundo. A hacer evidente en cada aspecto de nuestra vida que somos hijas de Dios.

          ¿Es así tu vida? ¿Refleja tu vida la salvación que tienes en Cristo? ¿Es una vida de obediencia? ¿Una vida que tienen la impronta de Jesús?

          “Estas palabras no son una exhortación a todos los hombres, sino que están dirigidas al pueblo de Dios. No son una exhortación para los inconversos, sino para aquellos que ha sido salvos por la fe en el Señor Jesucristo” – Spurgeon.

          La salvación de tu alma debe verse reflejada en tu manera de vivir. A veces nos preocupamos mucho por la obra de Dios en los demás… pero no lo suficiente en Su obra en nosotras.

          Con temor y temblor refleja la idea no de sentir miedo porque Dios nos castigue al no cumplir los estándares en nuestra vida espiritual, sino al temor de fallar en nuestra vida de obediencia y de parecernos cada día más al carácter de Cristo. Al temor de separarnos cada día más de Dios y vivir nuestras vidas de manera independiente.

          ¿Y por qué debemos ocuparnos conscientemente de nuestra salvación, de nuestro caminar como creyentes? Porque Dios sigue haciendo Su obra en cada una de nosotras. Pero para que esa obra surta efecto, nosotras debemos caminar cada día cerca, muy cerca de Dios.

           Esa es nuestra responsabilidad.

          Por último, encontramos en el pasaje la manera de obedecer la exhortación de Pablo de preocuparnos por la forma en la que vivimos:


          1. Haciendo todo sin murmuraciones y contiendas…para que seamos irreprensibles y sin mancha; para que seamos luz en medio de la oscuridad.

          No murmures sobre los tratos de Dios contigo aunque no te gusten o no te parezcan justos o adecuados; no murmures ni entres en conflicto con otros creyentes: si tienes un problema con alguien arréglalo tal y como la Biblia dice (Mateo 18:15-17). ¿Por qué no debemos pelear unos con otros? ¡Porque tenemos que ser irreprensibles y brillar! Ser irreprensible significa que no haya nada por lo que se nos pueda reprender, nada que echar en cara. Si las personas que no conocen a Cristo nos ven pelear con el cuchillo entre los dientes, estar de contienda en contienda, murmurar sobre otros creyentes… ¿Crees que van a acercarse a Jesús? Permíteme dudarlo.

          Vivimos en medio de una generación maligna y perversa en la que nosotras debemos ser luz, debemos brillar, debemos reflejar la luz de Cristo en todo lo que hacemos y decimos. Nosotras somos la luz del mundo (Mateo 5:14). Ahora bien ¿con cuánta intensidad brillamos? Recuerda para qué sirve una luz:

          Para hacer que las cosas se puedan ver.
          Para guiar en medio de la oscuridad.
          Como advertencia.
          Para traer calma y seguridad.

          ¿Brilla tu luz lo suficiente como para cumplir con estos propósitos? Cuanto más densa sea la oscuridad que te rodea, mayor es la posibilidad de resplandecer.


          2. Viviendo asidas a la Palabra de Vida… cumpliendo lo que Dios demanda de cada una de nosotras en Su Palabra.

          El llamado a los filipenses y a nosotras fue el de vivir de acuerdo a la Palabra, fortalecidas en Sus promesas, confortadas por Su amor, pero también desafiadas por cada exhortación y mandato. Arraigadas en la Palabra para poder tener una relación estrecha con el Señor.

          Espero que el ejemplo de Jesús que hemos visto en Filipenses 2 durante esta semana te ayude a vivir conforme a lo que el Señor demanda de ti.

          Contenta en Su servicio,

          Edurne



4 comentarios:

  1. Excelente llamado a la sensatez amiga querida .Hermoso!! Bendiciones para tu vida te quiero xxx

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  2. Ay mi amada hermana que bendicion poder recibir palabra d vida Dios bendiga tu vida xq realmente eres una hermosa herramienta q el usa para mi edificar mi vida y la d muchas personas gracias x dejarte usar x El

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    1. Ay Karen, muchas gracias!!! un abrazo y bendiciones =)

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