Cuando no entendemos lo que Dios nos pide

20/7/15






Josué 6:2-5 

Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante.


Cuando los israelitas estaban entrando en Canaán, Dios les dio instrucciones más que específicas sobre cómo conquistar la ciudad de Jericó. Siete sacerdotes, llevando el arca junto a hombres armados, tenían que marchar alrededor de la ciudad sonando las trompetas y en silencio.

Me pongo en la piel de los guerreros de Israel, que estaban deseando lanzarse sobre Jericó al escuchar las instrucciones que Dios les estaba dando a través de Josué e imagino que pensarían algo como... ¿En serio? ¿Dar vueltas alrededor de la ciudad de Jericó en silencio hasta el día séptimo? ¿Y cuándo luchamos?

Y no solamente estas órdenes debieron dejar perplejos a los guerreros, sino también a los sacerdotes. Generalmente ni ellos ni el arca salían a la batalla, pero, en esta ocasión, debían ser los cabeza de línea del ataque israelita.

No lo comprendieron. Pero obedecieron.

Y no era algo fácil de obedecer...

...hacía falta valentía. Al ponerse a dar vueltas a Jericó, hubiera sido fácil  para sus habitantes atacarlos desde las murallas.
...hacía falta resistencia. Si bien Jericó no era una ciudad enorme y se podía dar vuelta a su muralla en un día, hacerlo durante seis días seguidos demandaba resistencia física y mental.
...hacía falta confianza. Debían esforzarse en mantener sus ojos fijos en el arca y en la promesa de que Dios les daría la victoria en lugar de fijarse en lo impenetrable de las murallas de Jericó.

Al séptimo día,  dieron siete vueltas a Jericó, tocaron el cuerno y,  al escuchar el sonido de la bocina, todo el pueblo gritaron a gran voz para que el muro cayera “porque Dios les había dado la ciudad” (Josué 6:16).

Ellos obedecieron. Las paredes de Jericó cayeron. Dios les había dado la victoria.

Lo que debió ser algo frustrante para el pueblo y sin utilidad, era, en realidad, el plan de Dios.

La clave de que los israelitas tomaran posición de Canaán fue su capacidad de escuchar y obedecer a Dios de manera exacta. Dios los estaba entrenando en obediencia.

1 Samuel 15:22  Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas,  como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.”

La observancia religiosa sin obediencia es hueca delante de Dios. El mejor sacrificio que podemos llevarle a Dios es un corazón arrepentido (Salmos 51:16-17) y nuestros cuerpos rendidos a su servicio por obediencia. (Romanos 12:1). Uno pudiera hacer miles de sacrificios para Dios, trabajar miles de horas para su servicio, o dar millones para su obra. Pero todos estos sacrificios significan poco si no hay un corazón rendido a Dios, que lo demuestre por simple obediencia.

Muchas veces no podemos ver en el momento por qué Dios nos pide hacer ciertas cosas o por qué responde “no” a tus oraciones, pero a través de toda la Escritura, encontramos ejemplos de obediencia que lleva a la victoria: Abraham en el monte Moriah (Génesis 22:1-18),  la viuda de Sarepta (1 Reyes 17:9-16) o Gedeón los israelitas contra Madián (Jueces 7).

¿Hay circunstancias en tu vida que no comprendes? ¿Te sientes desorientada ante las instrucciones de Dios? ¿No entiendes por qué tienes que pasar por lo que estás pasando o de qué forma Dios está obrando? ¿Te ves tentada en preguntar “por qué”, “hasta cuándo”...? Escucha a Dios, sigue entrenándote en obediencia y, en el tiempo de Dios, verás la victoria.

Contenta en Su servicio,

Edurne


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5 comentarios:

  1. Muy bueno y oportuno para mi vida. Necesitaba oirlo. Bendiciones.

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    1. Amén Raquel, me alegro de que haya sido de bendición. Saludos! :)

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  2. Gracias por este artículo, querida hermana. en el día de hoy me anima. Sólo que no sé muy bien cuáles son las instrucciones concretas de Dios. Me encuentro algo desorientada en eso. Pero lo que me venga a la mano haré confiada en sus promesas. Bendiciones

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  3. wau!!! es genial! CUANDO DIOS QUIERE DECIRNOS ALGO, NOS LO DICE X TODOS LADOS... GRACIAS AMIGA EDURNE...Oro x tu ministerio y familia . un abrazo

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