Priscila – Mujeres del Nuevo Testamento




Hechos 18:1-3


Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto.  Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas.


Priscila y su marido Aquila se cruzaron en la vida de Pablo en Corinto. El apóstol estaba en su segundo viaje misionero y la pareja se había instalado en la ciudad griega de Corinto tras la expulsión de los judíos de Roma por parte del emperador Claudio en el año 52 d. C.

En las siete ocasiones en las que aparece Priscila nombrada en el Nuevo Testamento, en todas se le nombra junto a Aquila. Esta pareja era muy unida: estaban casados, trabajaban juntos haciendo tiendas y ministraban juntos. Eran no solo esposos, sino también compañeros que disfrutaban de estar uno junto al otro todo el tiempo. Eran inseparables y, a pesar de los estándares de la época, tenían una relación igualitaria.


Todo judío de esta época tenía un oficio. El de esta pareja era hacer tiendas, que se confeccionaban con una tela muy dura hecha de pelo de cabra. Para hacer tiendas había que tener gran habilidad para coser y cortar la tela de manera apropiada. Aquila había aprendido el oficio y se lo había enseñado a Priscila, quien le asistía en su negocio.

También Pablo conocía el oficio de hacer tiendas. Cuando llegó a Corinto, lo primero que hizo fue ir al mercado, uno de los lugares más apropiados de la ciudad para hablar de Cristo a la multitud y para buscar sustento. En las épocas en las que las iglesias no apoyaban económicamente a Pablo, este tenía que trabajar para poder seguir con su ministerio. Y este encuentro fue el comienzo de una relación de amistad y ministerial excepcional. Aquila y Priscila se embarcaron con Pablo para seguir con su viaje hacia Siria, momento a partir del cual comenzaron a crecer en el Señor, juntos (Hechos 18:18). 


Después de ese tiempo con Pablo, la pareja se estableció en Éfeso, en el que tuvieron su encuentro con Apolos (Hechos 18:24). La Biblia dice que ambos, en privado, le hablaron sobre Jesús, exponiéndole el camino de la fe con amor y animando a este hombre que hablaba con diligencia y denuedo. Como resultado de este tiempo, Apolos se convirtió en un siervo efectivo de Dios (1 Corintios 1.12).


Sabemos que la iglesia de Éfeso se reunía en casa de esta pareja (1 Corintios 16:19) y de allí volvieron de nuevo a Roma tras la muerte de Claudio a seguir en la obra de Dios y de nuevo su hogar estaba abierto para la iglesia (Romanos 16:3-5).


La última mención de esta pareja aparece en 2 Timoteo 4:19, cuando Pablo, ante su inminente muerte, se despide de algunos de sus compañeros más fieles en el ministerio entre los que, por supuesto, están Priscila y Aquila, quienes estaban de vuelta en Éfeso.



Algo llamativo en este matrimonio es que, como dije, en todas las ocasiones en las que se les menciona, aparece el nombre de los dos, pero el de Priscila aparece por delante del de Aquila la mayoría de las veces. Este hecho es muy, muy inusual. La explicación más razonable para esto es que ella tenía un papel preponderante en el ministerio, algo que no afectó el amor que esta pareja se tenía ni su capacidad para trabajar juntos.





Viendo ahora más concretamente a Priscila o Prisca, sabemos que su nombre significa “primitiva” en el sentido de “venerable por la edad, dignidad, carácter o posición”. Tanto su nombre como el de su marido Aquila (que significa “águila”) eran romanos, pero era una mujer de ascendencia judía y una de las primeras convertidas que sabemos que vivió en Roma. No sabemos qué edad tenía ni se nombra que tuviera hijos. No sabemos si es que no los tuvo o si ya eran grandes y no vivían con ellos para el momento en el que ella y Aquila se encuentran con Pablo. Probablemente también nació en el Ponto como su marido.


Para mí, la vida de esta mujer es un ejemplo en muchos aspectos:


- Trabajaba codo a codo con su esposo en el negocio familiar y trabajaba muy duro. No tenía reparos a la hora de usar sus manos para fabricar las tiendas que sustentaban a la familia.


- Servía en el ministerio junto a su esposo. Esta pareja de misioneros iba de aquí para allá hablando de Cristo, abriendo su hogar a los creyentes para que comenzaran nuevas iglesias, enseñando profundamente en privado a otros siervos y desplegando todos los dones y talentos que tenía en su servicio al Señor.


- Tenía una relación matrimonial firme y sólida en la que disfrutaba de estar con su esposo y que era lo suficientemente fuerte y madura como para pasar juntos todo el día: hogar, trabajo y ministerio. Y, sin embargo, la sensación de unión, de armonía y compañerismo que transmite esta pareja es admirable.


- Sabía sacrificarse. Y qué importante para una mujer es saber vivir una vida sacrificada con las circunstancias que nos toque vivir a cada una.


- Amaba al Señor con todo su corazón. Amaba la obra, amaba el ministerio, amaba el servicio y hablar a otros de Cristo y del camino a la salvación.



No puedo ser objetiva con Priscila, es una de mis preferidas de la Biblia, pero, dejando mi afecto por esta mujer a un lado, creo que es un maravilloso ejemplo para la vida no solo de aquellas que estamos involucradas en la obra de Dios, sino para cualquier mujer que desea servir al Señor.


Aprendamos de su capacidad de trabajo y sacrificio, de su fortaleza, de su hermosa relación matrimonial y, sobre todo, de su amor por Jesús y por la obra de Dios.




Contenta en Su servicio,


Edurne




Comentarios

  1. Ella es mi mentora histórica ... con poquísimas menciones pero con tanto contenido para aprender de ella. También es una de mis favoritas ...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ah su vida ha sido una inspiración para mí, como dije, no puedo ser objetiva con ella!! Un besito Mara :)

      Eliminar

Publicar un comentario