Manejando la tentación – Santiago (2)

26/2/16






Antes de comenzar…



     -         Puedes descargar estas dos hojas con los versículos de hoy, las preguntas de reflexión y espacio para tus notas. https://drive.google.com/file/d/0B4axDYS7bHmsSVpaTjhFRV9xNVE/view?usp=sharing
     -         Ora para que el Espíritu Santo hable verdad y sabiduría a tu corazón a través de los versículos que vamos a estar estudiando
     -         Lee Santiago 1:13-18 varias veces. Anota aquellas palabras, ideas o versículos que más llamen tu atención y escoge al menos un versículo para memorizar durante la semana.

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Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.



Santiago nos habla en este pasaje sobre la tentación, cómo llega, de dónde y cuál es el resultado. Me resulta curioso que comienza hablando de la tentación diciendo que cuando alguien es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios.

Si Santiago tenía que hacer esa aclaratoria imagino que era porque, como ahora, los cristianos confundían las pruebas con la tentación y hacían a Dios responsables de ambas.

La prueba y la tentación son cosas distintas.  Las pruebas vienen de afuera y son enviadas por Dios para ayudarnos a crecer, a madurar o a desarrollarnos en un área concreta de nuestro carácter. La tentación, por el contrario, viene del interior, sale de nuestra naturaleza pecaminosa y es enviada por Satanás para hacernos caer y derrumbarnos.

Satanás, ciertamente, nos tienta, pero la única razón por la que la tentación se convierte en pecado es porque nuestra naturaleza pecaminosa cede al ser corrompida por la tentación. A veces damos al enemigo demasiado crédito por nuestras caídas y fallamos en reconocer que, una vez que él nos tienta, depende de nosotras dejarnos llevar por ella y caer en pecado o no.

Solemos ver el pecado como un hecho aislado, pero, en realidad, es un proceso, tal y como Santiago describe en este pasaje:

1. Deseo – que parte de nuestra naturaleza pecaminosa, siendo atraída por la tentación puesta por Satanás.
2. Seducción – El engaño de la tentación engaña a nuestros sentidos, engaña a  nuestra racionalidad y a nuestro corazón.
3. Pecado – venido por la desobediencia al alejarnos de los mandamientos de Dios.
4. Muerte – separación espiritual de Dios. El pecado, el ceder a la tentación, nos hace perder nuestra comunión con Dios, que solo puede ser restaurada a través del arrepentimiento.

La gran estrategia de Satanás en la tentación es convencernos de que nuestros deseos pecaminosos producirán, de alguna manera, cosas buenas para nosotros. Y nos olvidamos de que Satanás vino para robar, matar y destruir (Juan 10:10), para nada más.


Warren Wiersbe define la tentación como “una oportunidad de llevar a cabo algo bueno en una mala manera, fuera de la voluntad de Dios”.


Uno de los trucos favoritos del enemigo es hacernos creer que nuestro Padre no se preocupa por nosotras ni nos ama. Pero recordar que Dios es Bueno todo el tiempo es la mejor barrera contra la tentación.

La bondad de Dios se erige como baluarte frente a la tentación.

No os equivoquéis, dice Santiago. No erréis. No penséis que algo bueno puede venir de Satanás ni penséis que algo malo puede venir de Dios.

Todo lo bueno viene de Dios.

A veces lo dudamos. Y a veces pensamos que las cosas que llegan a nuestra vida no son del todo “buenas” porque nos olvidamos de que todo lo que viene de Dios debe ser medido con la eternidad en mente. Pero no debemos olvidar que la voluntad de Dios, sea que nosotras la consideremos “buena” o no, es para nuestro bien y Su gloria.

Y olvidamos también que los “atajos” y las cosas aparentemente buenas que llegan a nuestra vida, no vienen, precisamente de Dios.

Algo más que nos ayuda a resistir la tentación es recordar que la bondad de Dios es constante, en Él no hay variación. El es el Padre de las luces, que literalmente se traduce como “el Padre de las luces celestes”, es decir: el sol, la luna y las estrellas, que permanecen en el firmamento de manera constante.

Y ese Dios bueno que no cambia, de su voluntad, nos hizo nacer a una nueva vida espiritual, nos hizo “primicias” de sus criaturas. Podemos ver también en nuestra salvación esa bondad de Dios.

De entre todas las criaturas de Dios, nosotras, Sus hijas, somos las primicias. ¡Compartimos la naturaleza de Dios! Fuimos creadas a Su imagen y semejanza. Tenemos, por tanto, todas las herramientas a nuestra mano para superar la tentación.

No pongamos más excusas, no culpemos a nadie más que a nosotras mismas por ceder a la tentación, aferrémonos a la bondad de Dios y pongámosla como barrera en todo momento para poder vivir una vida lejos del pecado.


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Preguntas de Reflexión:

1. ¿Cuál es la diferencia entre prueba y tentación?
2. ¿Cuáles son las cuatro etapas del proceso del pecado? ¿Puedes pensar en alguna ocasión pasada en las que, sin darte cuenta, hayas pasado por ellas antes de pecar?
3. ¿Qué debemos hacer cuando la tentación nos ataca?
4. ¿De qué manera pensar en la bondad de Dios te ayuda a luchar contra la tentación?
5. ¿En qué forma te afecta ver a creyentes, a veces incluso pastores y líderes conocidos, ceder ante la tentación? ¿Qué estás haciendo tú para evitar caer en ella?
6. ¿Por qué crees que, como creyentes, seguimos luchando contra la tentación aun sabiendo que procede de Satanás y que busca destruirnos?
7. ¿Alguna vez has culpado a Dios por tus tentaciones? ¿Por qué crees que tendemos a echarle la culpa a Él?
8. De entre todas las clases de tentaciones que existen, ¿Cuáles son las que Satanás utiliza específicamente contigo? Si no estás segura, ora durante un tiempo para que el Señor te las muestre. Conocerlas te permitirá luchar contra ellas de manera más efectiva.
9. Recuerda algún momento en el que resististe a la tentación ¿qué te ayudó a hacerlo?
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Al terminar el estudio:

- Revisa tus notas sobre lo que has aprendido en el estudio de hoy. ¿De qué manera puedes aplicarlas a tu vida?
- Escoge un día de la semana y ve anotando los eventos a medida que suceden: qué hiciste, dónde fuiste, qué dijiste… ¿Alguna de las decisiones que hiciste fueron tomadas en base a alguna tentación? ¿Qué pudiste haber hecho de manera diferente?


Contenta en Su servicio,


Edurne


La próxima semana - Hacedores de la palabra – Santiago 1:19-27



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