El problema de la lengua – Santiago (6)

1/4/16






Antes de comenzar…

      -         Puedes descargar estas hojas con los versículos de hoy, las preguntas de reflexión y espacio para tus notas.  
     -         Ora para que el Espíritu Santo hable verdad y sabiduría a tu corazón a través de los versículos que vamos a estar estudiando
     -         Lee Santiago 3:1-12 varias veces. Anota aquellas palabras, ideas o versículos que más llamen tu atención y escoge al menos un versículo para memorizar durante la semana.
     -         Repasa los estudios anteriores y asegúrate de que has comprendido e interiorizado todos los versículos antes de seguir adelante.

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Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.

Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana;

pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.



Santiago nos ha explicado hasta el momento dos características del cristiano maduro:

-         Es paciente ante los problemas (Santiago 1)
-         Practica la verdad (Santiago 2)

En esta porción, comparte la tercera característica esencial del creyente maduro: Tiene poder sobre la lengua.

Santiago 3:2

Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.”

Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto (= maduro), es capaz también de controlar todo el cuerpo.

La mano que mece la cuna. Si somos capaces de controlar nuestra lengua, entonces, somos capaces de controlar toooooooodo lo demás. ¿Te das cuenta del gran poder de la lengua?


Los creyentes a los que Santiago estaba escribiendo parece que tenían problemas serios con su lengua. Ya les había advertido de que debían ser “pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:19). ¡El creyente que no sabe contener su lengua tiene un problema mayor de lo que piensa!


Debemos hablar y actuar pensando en todo momento que un día enfrentaremos el juicio de Cristo (Santiago 2:12).


El poder de las cosas que hablamos es uno de los más grandes que Dios nos ha dado. Con la lengua, el hombre puede alabar a Dios, orar, predicar la Palabra y llevar a los perdidos a Cristo. ¡Qué privilegio! Pero, con esa misma lengua, puede decir mentiras, tirar por el suelo la reputación de otra persona o romper un corazón. La capacidad de hablar nos da la capacidad de influenciar en la vida de otros… para bien o para mal.


Según Warren Wiersbe en su libro Be Mature sobre Santiago, la lengua tiene tres poderes:


1. El poder de dirigir: el freno y el timón (3:1-4)

Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros (3:1)


Aparentemente, muchos querían ser líderes y maestros, quizás impresionados con la autoridad y el prestigio del oficio. Pero olvidaban la enorme responsabilidad que conlleva. Aquellos que enseñan la Palabra deben usar su lengua para compartir la verdad de Dios, dejando a un lado los pecados de la lengua. Además, los maestros deben practicar lo que enseñan. De otra forma, su enseñanza es pura hipocresía.


Como decíamos antes, quien controla la lengua, controla todo el cuerpo. Y eso va para todos los creyentes, no solo para los maestros. Debemos aprender a disciplinar nuestra lengua.


Al comparar la lengua con la brida, el freno del caballo, y el timón del barco, Santiago presenta dos objetos pequeños pero que ejercen un gran poder de control. Una pequeña brida nos permite dirigir un caballo. Un pequeño timón nos permite dirigir un gran barco. De igual modo, la lengua, aun siendo pequeña, tiene gran poder sobre el cuerpo. Y el creyente maduro controlará la lengua, en lugar de dejar que la lengua lo controle y lo dirija a él.


Proverbios 18:21

La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.”


El poder de dirigir afecta a otras personas además de a nosotros. De la misma manera, nuestras palabras (lo que decimos y cómo lo decimos), afectan a la vida de otros.


2. El poder de destruir: el fuego y el animal (3:5-8)

Un fuego puede comenzar con una chispa minúscula, pero puede crecer hasta destruir una ciudad. Del mismo modo, nuestra lengua puede comenzar fuegos intensos que consumen y destruyen todo a su paso.

Salmo 39:1, 3

Yo dije: Atenderé a mis caminos,
Para no pecar con mi lengua;
Guardaré mi boca con freno,
En tanto que el impío esté delante de mí.

Se enardeció mi corazón dentro de mí;
En mi meditación se encendió fuego,
Y así proferí con mi lengua:”


¿Alguna vez has experimentado algo así? Yo sí. Una cabeza y un corazón “calientes” nos hacen decir palabras incendiarias que, con seguridad, lamentaremos después. David tenía carácter y necesitaba de la ayuda de Dios para mantenerlo bajo control.

También se compara la lengua con un animal peligroso que acecha a su presa hasta que la mata. De la misma manera que hay animales venenosos, hay lenguas que se dedican a esparcir veneno también. El veneno actúa de manera lenta y, muchas veces, ni nos damos cuenta, pero, al final, mata. ¿Cuántas veces personas maliciosas dejan caer un poquito de veneno, casi imperceptible, en una conversación, esperando que se extienda hasta llegar a la persona que quiere herir?


Es importante que nuestro discurso esté siempre “sazonado con sal” (Colosenses 4:6) y que nuestro corazón sea llenado de las cosas correctas (Mateo 12:34).



3. El poder de bendecir: la fuente y el árbol (3:9-12)


La fuente provee el agua fresca que el hombre necesita para vivir. Necesitamos agua para beber, para cocinar, para lavarnos, cosechar y un montón más de actividades necesarias para la vida.


Proverbios 18:4

 Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre;
Y arroyo que rebosa, la fuente de la sabiduría.”


Proverbios 10:11

Manantial de vida es la boca del justo;
Pero violencia cubrirá la boca de los impíos.”


El agua da vida y nuestras palabras pueden dar vida también. Pero si el agua no se controla, puede traer muerte y destrucción: inundaciones, lluvias torrenciales, tsunamis...


La lengua también es de bendición porque es como un árbol. Los árboles dan riqueza al suelo, proporcionan sombra y dan fruto. Nuestras palabras pueden dar ánimo y alimentar el alma hambrienta de otra persona (Proverbios 10:21).


Para tener una lengua que pueda bendecir a otros, debemos tener un encuentro diario con Dios y aprender de Él. Debemos tener nuestras “raíces espirituales” bien profundas en Su Palabra. Debemos orar y meditar y permitir que el Espíritu de Dios llene nuestro corazón con el amor y la verdad de Dios.


Finalmente, Santiago nos deja una advertencia: el agua no puede ser al mismo tiempo salada y dulce; el mismo árbol no puede dar higos y olivas. Una lengua que habla “bendición y maldición” al mismo tiempo, es síntoma de un corazón con muchos problemas. La lengua que alaba al Padre y después maldice al hombre, necesita reparación con urgencia.


¿Qué debemos cuidar entonces para tener una lengua sana? De nuevo, la misma respuesta que antes: el corazón.


Mateo 15:18

Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.”

Proverbios 4:23

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;
Porque de él mana la vida.”


La lengua puede ser pequeña pero tiene gran poder. Dios puede usar nuestras lenguas para bendecir, edificar, animar y ayudar a otros… o para todo lo contrario. Debemos decidir qué queremos hacer con nuestra lengua y esforzarnos por conseguirlo con la ayuda de Dios.

Dale al Señor tu lengua y tu corazón cada día y pídele que te ayude a ser de bendición para otros.


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Preguntas de Reflexión:

1. ¿Alguna vez te han herido las palabras de otra persona? ¿Alguna vez te han ayudado las palabras de otra persona? ¿Qué efecto tienen las palabras de otros en ti?
2. ¿Cuáles son los tres poderes de la lengua?
3. ¿De qué manera se conecta la lengua con el cuerpo entero?
4. ¿De qué manera la lengua se asemeja al freno de un caballo y a un timón?
5. ¿De qué manera la lengua se asemeja a un fuego y un animal?
6. ¿De qué manera las palabras tienen poder de destrucción?
7. ¿De qué manera la lengua se asemeja con un árbol?
8. Analizando tu propia forma de hablar y de dirigirte a otros, ¿cuál es el poder dominante en tu lengua? ¿Qué puedes hacer para mejorar eso?

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Al terminar el estudio:

- Revisa tus notas sobre lo que has aprendido en el estudio de hoy. ¿De qué manera puedes aplicarlas a tu vida?
- Haz un plan de acción para utilizar tu lengua esta semana de manera que sea de bendición y de edificación a otros.



Contenta en Su servicio,


Edurne


La próxima semana - Encontrando sabiduría – Santiago 3:13-18



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