Ester – capítulo 1

30/9/16






Déjame hacer un resumen telegráfico del capítulo 1 de Ester: 


Tres banquetes. Un rey ostentoso. Una reina rebelde. Un consejo del reino. Un problema matrimonial que se convierte en un problema de estado.


Comencemos situándonos en la historia hablando un poco del rey Asuero y su reino de Persia. Asuero es una figura histórica cuya vida se relata no solo en la Biblia sino también en los libros de historia secular. Es más conocido, sin embargo, por su nombre griego: Jerjes. Fue el quinto Gran Rey del Imperio persa (485-465 a. C.), hijo de Darío I y de Atosa, hija de Ciro II el Grande.


El Imperio aqueménida o Imperio persa, es el nombre dado al primer y más extenso imperio de los persas, el cual se extendió por los territorios de los actuales estados de Irán, Irak, Turkmenistán, Afganistán, Uzbekistán, Turquía, Rusia, Chipre, Siria, Líbano, Israel, Palestina, Grecia y Egipto. Las grandes conquistas hicieron de él el imperio más grande en extensión hasta entonces. Su existencia concluyó en 330 a. C. cuando el último de los reyes aqueménidas, Darío III, fue vencido por Alejandro Magno.


Su capital era Susa, la ciudad en la que transcurre la acción del libro de Ester, y se encuentra en el actual Irán. Susa fue una de las ciudades más importantes del Antiguo Oriente Próximo.


Es ahí, en Susa, donde se enmarca la celebración del banquete con el que arranca el libro de Ester. Asuero decidió hacer un banquete a “todos sus príncipes y cortesanos, teniendo delante de él a los más poderosos de Persia y de Media, gobernadores y príncipes de provincias” (Ester 1:3). El propósito de este banquete era, simplemente, el de “mostrar las riquezas de la gloria de su reino, el brillo y la magnificencia de su poder” (Ester 1:4).


O sea, que durante los ciento ochenta días – sí, ¡180! – que duró el banquete, durante el más de medio año en el que estuvieron celebrando, el único propósito de Asuero era el de que todos pudieran ver sus riquezas y su poder y que todos pudieran admirarle y temerle en partes iguales. Este despliegue de medios era algo habitual entre los reyes antiguos. Servía para mantener a raya a los posibles enemigos tanto internos como externos.


Asuero era un rey muy importante, sí,… pero yo solo veo aquí a un hombre tratando de darse gloria a sí mismo, algo que nunca se consigue del todo. Por mucho que nos empeñemos en mostrar nuestros logros, en darles a los demás nuestra mejor cara y dar publicidad a lo maravillosa que es nuestra vida, siempre hay partes oscuras.


Y esas partes oscuras las podemos esconder hasta cierto punto…pero no siempre. No podemos fingir 24 horas al día 7 días a la semana. Lo que somos, lo que realmente somos, sale a la luz tarde o temprano. Es más, podemos esconder nuestras miserias de los ojos del resto de mortales o incluso de nosotras mismas. Pero no podemos esconderlas de Dios. Él nos ve tal como somos. Sin disfraces, sin máscaras, con el alma, la mente y el corazón desnudos ante Su presencia.


Asuero buscaba su propia gloria. Nosotras, muchas veces, buscamos nuestra propia gloria. Compartimos nuestra “vida maravillosa” en redes sociales y escondemos los momentos de los que no estamos tan orgullosas. Hablamos con nuestras amigas de todas las cosas que hacemos en lugar de contarles aquellas en las que fallamos. Nos falta memoria para recordar nuestras equivocaciones, pero somos rápidas en sacar a la luz nuestros éxitos. 


A todas nos gusta que nos digan lo buenas que somos y lo bien que hacemos las cosas. Pero la búsqueda de la gloria propia, el empeño en compartir nuestros logros por el mero hecho de recibir alabanza, tan solo infla nuestro orgullo y nos aleja de lo que Dios dice que es bueno y justo en Su Palabra. 


1 Corintios 10:17-18

Mas el que se gloría, gloríese en el Señor; porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.


No contento con el súper banquete para sus gobernantes, una vez que hubo terminado esa celebración, comenzó una nueva fiesta en el patio del huerto del palacio de real, en este caso para el pueblo habitante de Susa (Ester 1:5). Al mismo tiempo, la esposa del rey, la reina Vasti, comenzó otro banquete más en la casa del rey solamente para las mujeres (Ester 1:9).


También en este banquete para el pueblo se nos describe la magnificencia y la opulencia de la corte persa. Se nos habla de oro, plata, mármol, alabastro, lino, púrpura… materiales de primera clase. No se escatimaba en gastos, el vino corría por doquier “de acuerdo con la generosidad del rey” (Ester 1:7)


Era como una campaña política a lo bestia. ¿Te das cuenta de que los políticos siempre prometen de todo durante las elecciones? Besan niños, estrechan manos, van a mercados populares, comen con “el vulgo” y hablan con el ciudadano de a pie. Así hasta la próxima campaña. Aquí en Venezuela hemos visto también ese tipo de “generosidad” del estado. Generosidad que, al final, siempre terminan cobrándote de una forma u otra. 


Asuero quería que no solo sus príncipes, gobernantes y cortesanos vieran su poder, sino también que el pueblo llano lo viera. Que supieran que él, el rey más importante del momento sobre la faz de la tierra, compartía su “generosidad” con la gente corriente. En realidad, eran migajas disfrazadas de brillo y oropel.


Nosotras tenemos, por el contrario, un Rey que no nos da de lo que le sobra, que no disfraza lo poco que nos da con vasos de oro ni cortinas de púrpura, que no nos deja comiendo en el jardín sin darnos acceso al palacio. Tenemos un Rey que nos sienta en Su mesa, que nos da lo mejor, que nos invita a estar en Su presencia de manera continua. ¿No es maravilloso nuestro Rey?


En este momento del relato comienza la acción por así decirlo. Ya han estado celebrando durante 7 días. Una semana completa bebiendo vino, celebrando, festejando. La Biblia es muy clara en la descripción de Asuero cuando manda llamar a la reina Vasti: 


Ester 1:10-11

El séptimo día, estando el corazón del rey alegre del vino, mandó a Mehumán, Bizta, Harbona, Bigta, Abagta, Zetar y Carcas, siete eunucos que servían delante del rey Asuero, que trajesen a la reina Vasti a la presencia del rey con la corona regia, para mostrar a los pueblos y a los príncipes su belleza; porque era hermosa.


Asuero mandó llamar a Vasti porque ella era muy hermosa y quería mostrarla con su corona a todo el mundo. Del mismo modo que había estado durante meses mostrando sus posesiones y sus riquezas, quería exponer también a su mujer al, permítanme la expresión, “baboseo” colectivo de miles de hombres de Susa llenos de vino, que iban a admirar, silbar, desear y fantasear con su mujer la reina como si fuera un pedazo de carne con piernas. ¿Por qué? Porque estaba borracho.


Y la reina Vasti, en contra de todos los pronósticos, se plantó y dijo no (Ester 1:12). Cada vez que leo este pasaje imagino la cara de Asuero cuando el eunuco le dijo: “mmmmmm que la reina dice que no viene”.


Hablemos claro. El rey más poderoso del mundo conocido hasta el moento desafiado por una mujer. Asuero era un rey muy poderoso y orgulloso que llevaba meses desplegando su poderío absoluto y a quien la reina Vasti, una mujer, reta sin pensar mucho en las consecuencias.


El rey Asuero “se enojó mucho y se encendió en ira” y, lo único que se le ocurrió en ese momento, fue consultar a sus sabios. Que, en el fondo, era una de las pocas cosas que podía y sabía hacer porque no conocía al Dios verdadero. 


Pero nosotras sí. Y sabemos que la sabiduría de los hombres no puede compararse con la sabiduría de Dios.
                 

Job 12:13

Con Dios está la sabiduría y el poder; suyo es el consejo y la inteligencia


Y sabemos que en la multitud de consejeros está la sabiduría (Proverbios 11:14), sí, pero también sabemos que no hay quién alcance el entendimiento de Dios (Isaías 40:28). Cuando las cosas no salen como esperamos, cuando Dios cambia nuestros planes de manera imprevista, cuando la vida, simplemente, pasa, y nos encontramos perdidas, tendemos a buscar consejo en personas, en libros, en experiencias pasadas… 


Olvidando que la fuente de toda sabiduría es Dios. Que Él nos ha dejado en Su Palabra toda la información que necesitamos para cada aspecto de nuestra vida. 


Santiago 1:5

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.


Los consejeros del rey Asuero tomaron la ofensa como algo personal también, aduciendo que, si la reina Vasti se había atrevido a desafiar al rey, entonces todas las demás mujeres en el reino iban a seguir su ejemplo y harían lo mismo con sus maridos. Así que decidieron hacer un decreto real por medio del cual las mujeres debían respetar a sus maridos (Ester 1:16-22).


El propósito del trato rudo hacia Vasti fue para que no se estableciera un mal ejemplo para las otras mujeres en Persia. Asuero quería reforzar la idea del liderazgo del hombre en su casa.


¿Respeto por decreto? No, las cosas no funcionan así, ¿cierto? 


La Biblia nos manda, como esposas, a respetar a nuestros maridos (Efesios 5:33). Sin embargo, un decreto o la imposición, no es la manera de ganar el respeto de alguien. Un hombre no puede demandar ni obligar a su esposa a que lo respete. Si el respeto no se otorga con libertad, entonces no tiene valor. Y el miedo no es lo mismo que el respeto. Hay mujeres que temen a sus maridos, pero no los respetan. 


Tampoco podemos, por otro lado, obligar en cierto modo a nuestro esposo a “ganarse” nuestro respeto con demandas o expectativas imposibles de cumplir. Respetar a nuestro marido es un mandato de Dios para las esposas, del mismo modo que amar a sus mujeres es un mandato de Dios para los esposos. 


¿Qué sucede entonces con Vasti? ¿Fue una decisión acertada o no la de desafiar a Asuero negándose a asistir a la celebración con el pueblo? 


O, aplicándonos nosotras esa misma pregunta, ¿hasta qué punto debemos respetar, honrar y someternos a nuestro esposo? ¿Es bíblico hacerlo en cualquier cosa que se le ocurra aunque sea una locura como la de Asuero de exponer a su esposa al escarnio público? 


No, no lo es. 


La Biblia dice que las esposas tienen una responsabilidad especial de someterse a sus maridos (Efesios 5:22). Pero eso no significa que una esposa debe obedecer a su marido si este le insta a pecar. Cada mandato bíblico de sumisión a nivel humano está condicionado por la obligación mayor de someterse a Dios antes que a los hombres. Si quieres aprender más sobre la sumisión bíblica puedes leer este artículo – Sumisión, mi misión. 


Pero fuera de que pensemos si Vasti hizo bien o hizo mal o que Asuero tomó una decisión acertada o equivocada a la hora de desechar a Vasti como su esposa y como reina, no podemos dejar de ver aquí la mano de Dios, Su providencia. 




El propósito de la providencia divina es llevar a cabo la voluntad de Dios. Para asegurar que Sus propósitos sean cumplidos, Dios gobierna los asuntos del hombre y obra a través del orden natural de las cosas. La Providencia es el medio por y a través del cual Dios gobierna todas las cosas en el universo.


La  providencia afirma que Dios está en control absoluto de todas las cosas. Esto incluye al universo en su totalidad (Salmo 103:19), el mundo físico (Mateo 5:45), los asuntos de las naciones (Salmo 6:7), el nacimiento del ser humano y su destino (Gálatas 1:15), los éxitos y los fracasos humanos (Lucas 1:52), y la protección de Su pueblo (Salmo 4:8). Esta doctrina se levanta en oposición directa a la idea de que el universo sea gobernado por la casualidad o el destino.



No estamos en manos del azar, sino en manos del Dios Creador del Universo.


Él estaba obrando para que Su pueblo fuera salvado del exterminio al que iba a estar expuesto. ¿Te das cuenta de cómo obra Dios? 


El pueblo judío aún no estaba en peligro de ser exterminado.
Ester aún no estaba en el mapa.
Mardoqueo y Amán aún no tenían un papel determinado en la historia. 


Y, sin embargo, aunque sus protagonistas ni siquiera lo supieran todavía, Dios ya estaba obrando. Dios ya estaba preparando el camino para la liberación. Dios ya estaba colocando las piezas en el tablero.


Muchas veces pasa así en nuestra vida también: Dios obra aunque no lo veamos. Aunque no nos demos cuenta y pensemos que Él no está pendiente, sí lo está. Y está colocando las piezas de nuestra vida en el tablero. Él prepara de antemano nuestros caminos y cuida de cada detalle. Nunca pienses que estás atravesando una situación que a Dios le toma por sorpresa, porque no es así. Dios sabe y Dios está en control.




¿Qué es lo que más te llama la atención del capítulo 1 de Ester? ¿De qué manera está hablando Dios a tu vida? ¡Comparte!



Contenta en Su servicio,


Edurne











7 comentarios:

  1. BUEN Y BENDECIDO DÍA HNA, ESTOY EN PUERTO ORDAZ, EDO BOLÍVAR, NO HACE MUCHO EN LA VOLUNTAD DE DIOS, BUSCANDO INFORMACIÓN PARA EL INICIO EN MI CONGREGACIÓN DEL MINISTERIO DE DAMAS, ME ENCONTRÉ CON TU BLOG, Y LA GLORIA SEA PARA DIOS, HA SIDO DE EDIFICACIÓN Y BENDICIÓN DIOS CONTINÚE USANDO TU VIDA A TRAVÉS DE ESTE MEDIO, EXCELENTE ESTUDIO CAP.1 DE ESTER... EN MIS ORACIONES TU Y TU FLIA...SALUDOS...SEGUIRÉ TU TRABAJO Y POR AQUÍ A LA ORDEN..BENDICIONES

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  2. PRECIOSO LIBRO QUE HABLA DE ESE ESPECIAL CUIDADO DE DIOS PARA SU PUEBLO,
    NO ESTAMOS SOLOS

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  3. francys reyes30/9/16 11:05

    desde que empece los caminos del señor, a sido un aprendizaje maravilloso, los planes de Dios son perfectos en si y el amen y ver como el hace todo para cumplir su propósito en cada una de nosotros es hermoso,aunque al principio no lo vemos así,pero cunado lo buscamos con un corazón humilde teniendo sed y hambre de el,es cuando empieza su obra maravillosa en nosotras, y este libro me encanta mucho pq ver como Dios no se olvida de pueblo es hermoso , solo el sabe como librar a su pueblo cautivo, soy venezolana y confió en mi padre que esto va a pasar pronto pq su pueblo no puede estar cautivo preso en manos opresora y seremos
    libre en el poderoso nombre de jesus

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  4. Es increíble saber que Dios esta al control de nuestras vidas, que El es el que allana el camino para nosotros y que nos llama a confiar plenamente en El que sus planes siempre son de bien, gracias hermana por su labor es de muchas bendiciones para mi vida.

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  5. A mi vida habla de la Sabiduria que debemos pedir a Dios antes de tomar cualquier decision. De la sumision y Del control que Dios ya tiene para mi vida.

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  6. Qué lindo es Dios,a mi me habló en lo hermoso y como Dios pone todo en orden.

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