Un mal padre

7/9/16







Romanos 15:4
las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron

La Escritura nos da multitud de ejemplos de madres y padres. Algunos buenos, otros no tanto. Tenemos la posibilidad de ver cómo otros vivieron para poder aprender de sus ejemplos y tener claro tanto lo que debemos hacer como lo que debemos evitar.

Hoy quiero compartir contigo la historia de un mal ejemplo de padre: la del sacerdote Elí (1 Samuel 2 – 3)

Elí era el Sumo Sacerdote. Era este un trabajo importante y noble. Era, ni más ni menos, el segundo hombre en autoridad después del rey. Pero Elí vivió en la época en la que aún no había rey en Israel. Por tanto, no era solo el Sumo Sacerdote, sino que también era juez sobre Israel.

Era un hombre de Dios. Su trabajo era compartir la Palabra de Dios con el pueblo y liderarlo. El Sumo Sacerdote servía durante toda su vida y, generalmente, sus hijos eran sus sucesores.

Conocemos a Elí a través de la historia de Ana y su hijo Samuel. Elí fue el encargado de criar y preparar a Samuel para el sacerdocio. Elí hizo un buen trabajo con Samuel…pero no lo hizo así con sus hijos.

1 Samuel 2: 12

Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.

O más bien, los hijos de Elí eran hombres impíos porque no tenían conocimiento de Jehová.

Ese fue el primer fallo de Elí.

Sus hijos se dedicaban a sacar la carne de los sacrificios, extorsionar a las personas que iban al templo “menospreciando las ofrendas de Jehová” (2 Samuel 2:17) y acostarse con las mujeres que servían en el tabernáculo (2 Samuel 2:22).

Eran unas joyas vamos. Tomaban su posición privilegiada para pecar a lo grande y con todo descaro. El original hebreo los llama literalmente “hijos de Belial”, un dios pagano que representaba el comportamiento más retorcido y malvado.

1 Samuel 3:13

Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.

Este fue el segundo error de Elí.

Él sabía el mal que sus hijos estaban haciendo. Él era consciente del pecado de sus hijos y de la magnitud que este tenía. Y, si bien 1 Samuel 2 recoge un leve reproche de Elí hacia la actitud de sus hijos (2:23-25), obviamente no fue suficiente.

Elí les pregunta “¿por qué estáis haciendo esto?”… ¿por qué? ¿Acaso hay alguna razón que justifique el pecado? ¿Acaso esperaba Elí un motivo para su comportamiento que los excusara de las graves consecuencias que este iba a acarrear?

Elí hizo lo peor que un padre puede hacer a la hora de corregir el mal comportamiento de sus hijos: hablar y nada más. Se quejó sobre lo que sus hijos estaban haciendo pero no tomó ninguna acción para corregir el problema. No hubo consecuencias por su desobediencia.

Elí había honrado a sus hijos más que a Dios (1 Samuel 2:29) y eso había nublado su juicio sobre ellos y dinamitado su autoridad como padre.


El juicio de Dios sobre la casa de Elí viene, principalmente, porque sus hijos habían blasfemado a Dios y porque Elí, su padre, no los había estorbado a la hora de hacerlo.

Los hijos de Elí ya eran adultos, ya no estaban bajo la autoridad estricta de Elí como cuando eran más jóvenes. Pero su indulgencia ante su tarea de sacerdotes con toda seguridad surgía de su indulgencia anterior como padre. No había cumplido con la instrucción dada en Proverbios 22:6 –

Instruye al niño en su camino,
Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”

Al no instruir a sus hijos desde niños, Elí provocó que sus hijos se apartaran del camino de Dios al convertirse en adultos.

Dios, que es un Padre amoroso y firme, sí expone con claridad las consecuencias del pecado de Sus hijos: los hijos de Elí morirían el mismo día (2:34) y el sacerdocio sería arrebatado de la casa de Elí (2:35-36).




Elí había fallado en lo principal con respecto a sus hijos:

Efesios 6:4

Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor

Criarlos en la disciplina y la amonestación del Señor.
Criarlos en el conocimiento de Dios.
Criarlos en el temor de Dios.
Criarlos en el amor a Dios.

Los hijos de Elí no conocían a Dios. El conocimiento que Elí tenía del Señor no fue pasado a sus hijos. La experiencia de conocer a Dios es personal, no se hereda. El hecho de que un padre sea cristiano no convierte a sus hijos en cristianos. Cada uno tiene que dar el paso de querer tener una relación personal con Dios.

Pero nosotros los padres tenemos el deber de acercar a nuestros hijos al Señor. De exponerles a la Palabra. De mostrarles una vida de acuerdo a los principios que Dios nos da. 

Es nuestra responsabilidad ser ejemplos espirituales para nuestros hijos, entrenarlos y amonestarlos. Disciplinarlos y criarlos en la Palabra de Dios.

La palabra “disciplina” se define como instrucción que desarrolla control personal, eficiencia, orden, obediencia, conducta ordenada y corrección. La idea de disciplinar viene del concepto de discipular. Disciplinar a los hijos implica un proceso de verdadero discipulado. Es ayudar al niño a desarrollar las cualidades, conocimientos y actitudes que lo llevarán a ser una persona autónoma, con dominio de sí.

Disciplinar y discipular son conceptos que están íntimamente relacionados. Pero, generalmente, los separamos.

Cuando pensamos en “disciplinar” pensamos en castigos, reprimendas, consecuencias, autoridad.

Cuando pensamos en “discipular” pensamos en enseñar, instruir, mostrar la verdad de Dios, ayudar a otros a conocer la Palabra, dar herramientas espirituales.

Pero nos olvidamos de que nuestros primeros discípulos son nuestros hijos. De que la disciplina sin instrucción no sirve de nada.

Deuteronomio 6:4-9 nos da un cuadro de la familia gobernada totalmente por principios y preceptos bíblicos en el que a los padres se les exhorta a enseñar la palabra de Dios a los hijos:

Y las repetirás a tus hijos, y hablará de ellas estando en tu casa, y al acostarte y cuando te levantes”.

También nos dice el pasaje que toda la instrucción que demos a los hijos, toda guía y dirección, toda amonestación que se les dé, deben tener el objetivo de que puedan amar al Señor.

El propósito de la disciplina y de la instrucción es llevar a los hijos a una relación de obediencia y sumisión a la autoridad de Dios mismo.

La disciplina tiene el propósito de edificar y ayudar y no de destruir. Los padres no han de crear en sus hijos sentimientos de ira o contrariedad debido a una excesiva severidad; o de injusticia en la aplicación de la disciplina. Recordemos que la base para toda disciplina es el amor.

Hebreos 12:6

“Porque el Señor al que ama, disciplina,
Y azota a todo el que recibe por hijo.”

No cometamos los mismos errores que Elí. Seamos ejemplos piadosos para nuestros hijos, tengamos tolerancia cero con respecto al pecado de nuestros hijos e introduzcamos mucho “discipulado” en nuestra disciplina.

¿De qué manera te habla la historia de Elí y sus hijos hoy? Si quieres compartir sobre el tema que estamos tratando, deja tu comentario aquí o en la página de Facebook.

Contenta en Su servicio,

Edurne

6 comentarios:

  1. Querida Edurne siempre es una bendición leerte, siempre! Soy mamá de 2 adultos y una adolescente, he sido "intensa" en su crianza y en decirles siempre que representan mi bendición así que no permitiría que se pierdan sus almas, eso no evitó que la mayor se embarazara a los 20. Fue un golpe durísimo a mi fe y lo que yo creía había hecho con ella, el proceso para aceptar y perdonar a mi hija fue rápido... Dios me dijo tengo un plan para esto, me hablo mucho sobre María la madre de Jesús y su embarazo fuera del matrimonio. Mis hijos nacieron y criaron en un hogar cristocentrico y siempre en la Iglesia. Este era el contexto de la boda de mi hija. así que difícil de entender como había sucedido todo. Mi esposo y yo debimos sanar rápido para poder restaurarla a ella. Hoy seguimos sirviendo al Señor en nuestra Iglesia y ayudandola a criar a nuestro precioso regalo. Ella esta por iniciar un Ministerio de ayuda a jovencitas que atraviesan la misma situación. Te cuento mi testimonio pues como padres nunca estaremos excentos de sufrir con los errores de nuestros hijos y este post me recordó que somos un testimonio de restauración para la gloria de Dios! Bendiciones y un abrazo virtual!

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    1. Ah mil gracias por compartir tu testimonio!! Eso es así. Nosotras podemos hacer todo lo que está en nuestra mano...pero hay muchas cosas que se nos escapan. Al fin y al cabo, nuestros hijos toman sus propias decisiones también una vez que son adultos. Y a pesar de que los hayamos criado en la Palabra, tienen libre albedrío y cometen errores. Nuestra tarea es darles las herramientas para que eso no suceda o suceda lo menos posible... pero al final ellos deciden por sí mismos también aunque hayamos hecho todo según el libro.
      Saludos y bendiciones!!

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  2. Jejeje cuando dice "boda" quise escribir "vida"

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  3. Gracias hermana, Dios siga llenándote de sabiduría y revelación, no soy madre, espero en el Señor esa bendición, pero soy tía y hermana, y siempre instruyo a mis hermanas y sobrinos en el temor a Dios, también soy maestra infantil en mi congregación. Gracias hermana Dios te bendiga más!!

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    1. Qué importante es ejercer esa labor con todos los niños en nuestra vida Maziel! Bendiciones :)

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  4. Igualmente tengo dos hijos adultos, a pesar de que los críe en el evangelio el mayor esta apartado. Eso lastima mucho mi corazón, espero que en el tiempo de Dios mi hijo se acerque a su presencia.

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