Ester - capítulo 7

11/11/16








Un banquete más en esta historia palaciega de reyes, reinas, conspiraciones e intrigas en el que, finalmente, Dios pone orden y el enemigo de Su pueblo es vencido.

Imagina el escenario de este último banquete:

Tenemos a una reina, Ester, que tenía que hablar aun a costa de su propia vida. Recuerda que Asuero era un hombre impredecible como era habitual en los reyes orientales. Ester no tenía la seguridad completa de que el rey quisiera hacer algo y revelar su ascendencia judía era un riesgo.

Tenemos también a un rey, Asuero, intrigado por esa petición que la reina no termina de hacerle. Se siente satisfecho consigo mismo por haber recompensado a Mardoqueo como acto de gratitud tras haberle salvado la vida y contento de tener a su, según él, fiel Amán para compartir durante la cena.

Y, por último, tenemos a un malvado, Amán,…que ni siquiera sabía por dónde le venían los golpes. Había llegado a lo más alto en la corte y su orgullo le daba una sensación de seguridad que le llevaba directo al desastre. Hasta su propia esposa le había advertido de que su ruina vendría como consecuencia de su odio en contra de los judíos.

En ese escenario, el rey Asuero volvió a preguntar a Ester qué era aquello que ella quería pedirle –

Ester 7:2

Y en el segundo día, mientras bebían vino, dijo el rey a Ester: ¿Cuál es tu petición, reina Ester, y te será concedida? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será otorgada.


Por fin llegó el momento. Ester había sido sabia y había esperado el tiempo de Dios, que siempre es perfecto. El rey estaba realmente curioso por lo que Ester iba a decir y estaba ansioso por escuchar aquello por lo que la reina había arriesgado su vida y había celebrado, no uno, sino dos banquetes.

Ester fue realmente sabia y cuidadosa a la hora de exponer a Amán y de revelar su origen y su parentesco con Mardoqueo.

Ester 7:3

Entonces la reina Ester respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda. Porque hemos sido vendidos, yo y mi pueblo, para ser destruidos, para ser muertos y exterminados. Si para siervos y siervas fuéramos vendidos, me callaría; pero nuestra muerte sería para el rey un daño irreparable.


Ester no apunta directamente a Amán y, en última instancia, del propio rey que fue quien firmó el decreto de masacre a los judíos. Evitó incluso mencionar la intervención del rey y puso el factor personal del riesgo sobre su vida como enfoque de su petición: la vida de la reina estaba en peligro y solo el rey podía salvarla.

El rey, entonces, pregunta a Ester quién es ese hombre que se atreve a llevar a cabo esa maldad. Está ofendido realmente de que alguien intente dañar a su reina y a su pueblo…aunque todavía no sepa claramente cuál es ese pueblo.

La Biblia no lo dice y esto es solo una impresión mía… pero me imagino que Amán ya había comenzado a sumar dos y dos. Probablemente la advertencia de su mujer le resonaba en la cabeza (Ester 6:13) y un sudor frío le recorrería la espalda al pensar en la posibilidad de que Ester fuera judía, al igual que Mardoqueo.


Salmo 37:1-15

No te impacientes a causa de los malignos,
Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.

Porque como hierba serán pronto cortados,
Y como la hierba verde se secarán.

Confía en Jehová, y haz el bien;
Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.

Deléitate asimismo en Jehová,
Y él te concederá las peticiones de tu corazón.

Encomienda a Jehová tu camino,
Y confía en él; y él hará.

Exhibirá tu justicia como la luz,
Y tu derecho como el mediodía.

Guarda silencio ante Jehová, y espera en él.
No te alteres con motivo del que prospera en su camino,
Por el hombre que hace maldades.

Deja la ira, y desecha el enojo;
No te excites en manera alguna a hacer lo malo.

Porque los malignos serán destruidos,
Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.

Pues de aquí a poco no existirá el malo;
Observarás su lugar, y no estará allí.

Pero los mansos heredarán la tierra,
Y se recrearán con abundancia de paz.

Maquina el impío contra el justo,
Y cruje contra él sus dientes;

El Señor se reirá de él;
Porque ve que viene su día.

Los impíos desenvainan espada y entesan su arco,
Para derribar al pobre y al menesteroso,
Para matar a los de recto proceder.

Su espada entrará en su mismo corazón,
Y su arco será quebrado.”


A veces nos desanimamos porque vemos a nuestro alrededor a personas que obran mal y les va bien y la vida. Y vemos también a personas que obran bien, que temen a Dios, que viven en obediencia a la Palabra, y a los que les va mal y les pasan cosas malas. Muchas de nosotras nos vemos ahí también: vivimos conforme a la voluntad de Dios y no salimos de un problema o de una prueba para meternos en otro.

Pero esta concepción humana, no se corresponde con lo que Dios dice. Si bien, en apariencia, nos parece que esto es así, sabemos que Dios siempre tiene un propósito con todo lo que nos pasa y que nadie se escapa a Su justicia y a Su juicio.


Gálatas 6:7-10

No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.”


No nos cansemos de hacer el bien. No nos cansemos de vivir bien, de vivir tal y como Dios demanda de nosotras, de hacer aquello que la Biblia nos dice, de ser hacedoras y no oidoras de la Palabra. No nos cansemos a pesar de las pruebas, de los problemas, de las situaciones adversas. Dios es Soberano. Dios sabe. Dios está en control. Y, sobre todas las cosas, Dios te ama y usará todas las cosas, de una manera u otra, para tu bien.

Finalmente, aquello que Ester lleva tanto tiempo queriendo decir, sale de su boca:

El enemigo y adversario es este malvado Amán. – Ester 7:6

Imagina por un segundo la cara de Amán. Quizás estaba, en ese momento, llevándose un bocado de comida a la boca o tomando algo. Imagino que se quedó paralizado, con la boca abierta y los ojos desorbitados, pensando rápidamente en sus posibilidades de escape y, probablemente, con el terror dibujado en su mirada.

Había llegado su hora.

Amán había querido destruir a Mardoqueo y a todo el pueblo judío… pero se había olvidado de que Dios no puede ser burlado. Se había olvidado de que Dios defiende a Su pueblo. Se había olvidado de que ningún humano, por poderoso que sea, puede vencer a Dios.

El rey se levantó de pura rabia y salió de la habitación. ¡Qué momentos más complicados! ¿Estaría enojado con Amán por hacerle caer en un complot para que firmara la destrucción de los judíos o con Ester por haberle ocultado que pertenecía al pueblo que él había decretado exterminar?

Al regresar al banquete, Asuero se encuentra con Amán encaramado al lecho, al reclinatorio en el que Ester estaba (Ester 7:8) y el rey lo acusó de intentar violar a la reina. Ahí se decidió todo. Aunque en su tiempo a solas tal vez Asuero estaba pensando en alguna salida para su segundo al mando, para su hombre de confianza, encontrarlo sobre la reina fue demasiado.

Seguramente, Amán estaba rogando por su vida ante la reina y temiendo la ira del rey. Y, en ese fatídico momento, Asuero entró de nuevo. El único contacto de las mujeres del rey con el sexo opuesto eran él mismo y los eunucos reales. Había incluso una ley en Persia que decía que ningún hombre podría acercarse a menos de siete pasos a las mujeres del harem del rey.

La misma horca que Amán había construido para Mardoqueo, fue la que Asuero usó para colgarlo. Aquél que vive por la espada, muere a espada. Aquello que sembramos, recogemos.

Ester 7 es una lección sobre dos tipos de personas: los que viven de acuerdo a Dios y los que no. Es una lección sobre la providencia divina para el justo y sobre la retribución divina para el malvado. Es sobre la bendición dada al pueblo de Dios y el juicio sobre aquellos en contra de Dios. Al final, el justo prevalecerá. Y, al final, el malvado será destruido.

Como creyentes, debemos esperar en Dios a pesar de que nos encontremos con personas injustas y en medio de situaciones injustas, sabiendo que tenemos un Dios que todo lo ve, que nos ama y que tiene planes de bien para nuestra vida.

¿De qué manera respondes a la injusticia en tu propia vida o en la de las personas a tu alrededor?

Contenta en Su servicio,

Edurne



4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. que linda ensenanza me hizo llorar
    diliana castillo

    ResponderEliminar
  3. Dios no puede ser burlado... Misericordia y gacia para ser hacedoras y no solo por oídoras de su palabra.... Hermoso mensaje... Bendiciones

    ResponderEliminar
  4. Dios no puede ser burlado... Misericordia y gracia para ser hacedoras y no solo por oídoras de su palabra.... Hermoso mensaje... Bendiciones

    ResponderEliminar